-No entiendo a mis paisanos- mastica el Boinas, engullendo con una sopina de ajo, el resultado de las últimas elecciones castellano-leonesas, donde, sorpresivamente, el PP de Mañueco ha superado la -prueba de fuego- en la provincia de León. La gran mayoría de los municipios incendiados, que se manifestaron por las calles en su contra por la pésima gestión de la Junta, de este presidente y de su equipo, han votado la continuidad de este descarado vendehumos. Impresionante el ejercicio que ha llevado desde la desolación a las urnas a estos votantes de calcinadas neuronas, regalando su futuro a una calentita chamusquina de libro. Seguro que esas distraídas neuronas, aniñadas parvulitas, les han bailado a los lugareños las vocales del vencedor, regalándoles la imagen de un BarbiKent —«muñeco» modo bombero incendiario—. Hay paradojas y “parajodas”. Esta respuesta en urnas se corresponde con la segunda opción a considerar. Los bomberos y brigadistas, que negaron el saludo a ese presidente descarado que fue a León para sacar réditos, por la cara, del esfuerzo titánico de esos empleados públicos, no dan crédito a esta fuerte patada en sus reivindicaciones por parte de los afectados por las llamas que sofocaron con riesgo de vida y pago miserable. A finales de 2025, la situación se churrascó a lo bruto tras el rechazo en las peperivoxissssimas Cortes Autonómicas de un decreto-ley que buscaba mejorar las condiciones de unos 2.200 puestos de trabajo, que ya venían descojonciadas por el CSIF de Castilla y León. (Una de las comunidades que más trabajadores ha tumbado, alcanzando el despido o no contratación del 30% del operativo en algunos puntos). El Boinas, agudamente, señaló al cambio de tapa caliente por unos boquerones: «No serían necesarios esos recursos humanos porque no se puede incendiar lo ya quemado. 110000 hectáreas daban de comer a más de mil bocas de las de manguera en mano”. La ironía cazurra, a veces, es así de hiriente y burraca, aunque el consejero de Medio Ambiente, Juan Carlos Suárez-Quiñones la pueda creer muy bien traída a cuento desde su desvergonzada poltrona. El asunto no es baladí. 10 de los 19 municipios devorados por las llamas se han entregado a la causa de estos retratados impresentables. El Boinas, que anda con prisas porque dice que va a un recado urgente, se despide con esta prolija frase: » A mí leonesismo militante le ha cancerizado este detallazo de incoherencia, y me fuerza a felicitar entre vómitos a ese absurdo sujeto victorioso que se legítima en la estadía pepervoxera con los votos de esta palurda manada de zombis ignífugos leoneses. ¡Por derecho de rescoldo y sin bochorno! Adiós». La hoguera de los recuerdos de esta provincia, rumio, se alimenta de este tipo de sucesos extravagantes que conviene olvidar para seguir sintiéndonos orgullosamente cazurros. Mientras pago, para largarme cabreado echando chispas, recuerdo el Whatsap de un amigo que decía:” La cucaracha, por odio a la hormiga, votó al insecticida. Murieron todos, incluso el grillo que votó nulo y la mosca que no fue a votar”. Ya en la puerta de la tasca, inmerso en el ruido del tráfico, se me ocurrió nombrar a estos votantes que hoy ocupan el articulo como “saltamontes amnésicos”, pero ya había gastado mi cupo de posibles insultos y porque sigo respetando el derecho a equivocarse de cualquiera.












