Son tremendos. Su pedagogía del odio es venenosa e impresentable. No ven más allá de su ceguera social elevada a la enésima potencia de lo despreciable. Y lo peor es que lo celebran orgullosos, acompañados de una multitud que cada día es menos respetable. Son, por decirlo suave, la contradicción incomprensible de este buen país que los acuna cada vez con menos desgana en su seno. Unos sujetos que siempre han votado en contra de la subida del salario mínimo son, al menos, sospechosos de ser o enfermizamente ricos o simplemente pésimos conciudadanos con ansia y capacidad para pedir a ultranza la bajada de impuestos a las rentas altas. Mientras tanto y tonto, clavan alfileres en las diferencias culturales, lingüísticas y tradicionales de “esta España nuestra”, aprietan los cataplines de quienes -en las autonomías que detestan- consiguen por las urnas el poder, llevándoles, resignados de rodillas, a un discurso xenófobo y supremacista. Pretenden hacerles sin anestesia una lobotomía radical en la deshilachada aberración de su intento de derogar, a su modo capador, la ley de violencia de género y de paso TODO LO QUE LES CABE DENTRO DE UN POCO ,que es tanto como pueda dar de sí el cerebro chicloso de la retrógrada mente de estos sujetos que empujando en modo ultraderecha, cainita de la derecha eviscerada-: castigo a lo que cante a LGTBI, euroescepticismo, polarización como estrategia, oscurantismo metodológico, bulerío masivo de garrafón, negacionismo de altavoz desafinado,…… Por desgracia y sin razón, el cutre relato lo hacen valer impositivamente -a capón intransigente-. Sin llegar a argumentarlo y ni siquiera a debatirlo. Eso, cae por su peso en las licuadas mentes ingrávidas poco acostumbradas a la democracia y sin sanar del franquismo para empapar como el chirimiri, como el orbayu, como el chover menudiño, como el chipichipi, como la albaina,” como la garua y como el calabobos. Recordemos a Friedman: «es mejor ponerse bikini cuando el sol brilla que impermeable cuando está lloviendo. Pero ese no es un argumento válido en contra de utilizar el paraguas». Necesitamos un paraguas con urgencia por si llueven a mares la ira y la mala baba incontenible a raudales. ¡A chorro gordo! -Es preferible compartir el paraguas a compartir la lluvia-. Lo dice siempre El “Boinas” que de tonto nunca tuvo ni un pelo y su elegantemente profusa calva resplandece, relumbra, refulge y fulgura, como los dientes de un anuncio de dentífricos cuando nos trae a cuento los miedos de esta nueva forma de gobierno que nos acecha pisándonos los talones. Son tremendos y algo mucho peor… ¡incorregibles! Por eso, cuando nos digan que todos los políticos de este pais son iguales habrá que decirles que no. Que son diferentes. Recordarles a Tolstoi: «Todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz lo es a su manera”














