La encíclica Magnifica Humanitas que se acaba de publicar nos ofrece una reflexión en profundidad acerca de nuevos desafíos planteados como amenazas por la plutocracia existente. Así la IA o la robotización con las consecuencias que puede llegar a tener sobre la condición humana y la civilización, cuando en vez de ponerse al servicio de la humanidad se considera resultado de la filosofía positivista o materialista por la que el hombre es un mono evolucionado y el ámbito espiritual un reflejo o producto de nuestra imaginación o ilusiones, en el que no cabría la ciudad de Dios agustiniana. Una creencia más o menos supersticiosa en el progreso indefinido de la humanidad que en su dimensión material choca con la naturaleza finita de los recursos disponibles. Un optimismo que está siendo arrumbado por la actual plutocracia que muestra zanahorias falsas pero promueve el palo del miedo como estrategia de dominación y ahora pretende que “su” ciudad sea para unos pocos a su servicio.
Una plutocracia monopolista como la que en cierto modo profetizaba Marx debido a que el capital se concentra eliminando la competencia y con ella la libertades sociales, favoreciendo el despotismo y la tiranía. La lectura de textos como el reciente Manifiesto de Palantir pone los pelos de punta pero sirve para comparar la idea del hombre que subyace en unos y u otros planteamientos. Sin olvidar a otros como Musk o corifeos tales como Hariri o Schawb Rothschild.
Palantir entiende que los plutócratas tecnológicos no deberían ser criticados por sus delirios de grandeza, sino aplaudidos. También que los multimillonarios tienen derecho a imponer su visión del mundo porque, total, ellos construyen cosas. Es el argumento del tecnócrata autoritario: “nosotros sabemos lo que hay que hacer, ustedes solo estorban con sus derechos y sus controles democráticos”. Y mientras tanto, estas buenas y filantrópicas gentes se enriquecen con contratos militares, diseñando robots para matar o avasallar, con sistemas de vigilancia masiva, con bases de datos que además de competir por la energía disponible almacenan la vida entera de ciudadanos que no han dado su consentimiento.
Pero mientras la emergente plutocracia tecnológica ataca y trata de imponer su ley durante la era Trump, la fe en la Ciencia y en la Técnica se ha deteriorado en los últimos tiempos. Por razones epistemológicas las viejas certezas del espacio y del tiempo o del mecánica newtoniana se ha visto comprometidas por la teoría cuántica, el principio de incertidumbre de Heisenberg, o la teoría de la relatividad. De un modo más inmediato y comprensible para todos los horrores de las guerras han hecho comprender que el progreso técnico no es bueno por sí mismo sino según los fines a que se aplique, ya que tanto puede servir al bien de la humanidad como a su aniquilamiento. El empleo de la IA en aplicaciones bélicas resulta especialmente terrorífico.
Creo que tal serían las preocupaciones del papa en esta encíclica. En efecto, al igual que su antecesor León XIII con la importantísima encíclica Rerum Novarum y la Doctrina Social de la Iglesia basada en las tradiciones cristianas de conciliación natural de las clases sociales, en respuesta al auge del materialismo histórico, el anarquismo, el marxismo y de la socialdemocracia fabiana, León XIV aborda otro problema crucial de extraordinaria importancia y actualidad. El de la IA.
Como buen agustino León XIV parece haber querido rendir homenaje al gran San Agustín obispo de Hipona tanto por su analogía con la idea de las dos ciudades desarrollada en La ciudad de Dios cono por otra obra algo menos famosa de su ingente labor teológica y filosófica, el Tratado sobre la Trinidad. En su Libro XIII:
“se hizo el diablo, por el vicio de su perversidad, amador del poder y desertor e impugnador de la justicia, e imitan los hombres su ejemplo al depreciar y odiar la justicia en su afán de poder, se alegran con su posesión e inflaman su deseo….no es que el poder se haya de evitar como un mal pero es necesario guardar el orden, y el primer puesto lo ocupa la justicia ¿cuál puede ser en efecto el poder de los mortales? Observan los mortales la justicia, y al devenir inmortales les será dado el poder. Comparado con éste el poder de los hombres llamados en tierra poderosos, por encumbrado que sea, es ridícula debilidad; se cava el pecador la fosa allí donde los malos dan sensación de poder,,, el poder apoyado en la justicia, o la justicia hermanada con el poder, constituye la potestad judiciaria.”
Lo de la IA, tal como está siendo planteado por una plutocracia que se siente y pretende absolutamente poderosa más allá del orden moral, es un instrumento de dominación de servidumbre humana y en alguna de sus peores versiones de auténtico satanismo sin alma. De la ciudad del diablo contra la ciudad de Dios.
De modo que la Magnifica Humanitas es de gran oportunidad e importancia y parece inspirada en la tradición agustiniana. Trata de la dignidad humana y de los desafíos éticos y sociales en la era de la inteligencia artificial (IA) y la transformación digital, desde una perspectiva cristiana y humanista. El documento se estructura inspirado en la Doctrina Social de la Iglesia, aplicando sus principios de bien común, destino universal de los bienes, subsidariedad, solidaridad o justicia social.
El texto merece una lectura y análisis detallados, parece estar también en la línea paulina tradicional, relegada o arrumbada en la lamentable etapa bergogliana, de la Iglesia como katechon u obstáculo contra el desarrollo del mal. Este término fue acuñado por San Pablo en su Segunda Epístola a los Tesalonicenses (2:6-7). Se relaciona con el misterio de iniquidad que aunque ya opera en el mundo, es contenido y frenado temporalmente por una fuerza, institución o personaje (el katechon). Cuando esta fuerza sea apartada o eliminada, se manifestará plenamente el Anticristo, dando inicio al fin de los tiempos antes de la segunda venida de Cristo. Si esto fuese así cobraría nuevo sentido, de carácter escatológico, la reciente pugna que algunos creen impostada entre León XIV y el presidente Trump.
Surge una inquietante especulación: ¿acaso será la ciudad del Anticristo, la ciudad del mal, la de la IA?















