El concebido no nacido y la madre que puede parirlo se convierten en un galimatías rocambolesco que comienza con la primera maniobra erótica en forma de caricia en una pareja, y termina en un bombo al aire del veranote calentorro, bajo un top de colorines que seguramente escandalizará a ese Argüello (célibe ¿…?) que fuleramente cita a San Agustín, confundiendo justicia con ética, tal como este presentó el asunto en “La ciudad de Dios”. El de Hipona afirmaba y relataba en esa maravilla del género teológico, filosófico y apologético -que en los maristas nos hicieron frecuentar a algunos, de refilón-, que -un Estado sin justicia es solo una «banda de ladrones»-. Nada se le ocurrió al Santo para incorporar la ética al discurso, y se colocó el tal Argüello (con mala transcripción) a la arzobispal sombra de cara de -cemento puzolánico- en el vacilón de la Pucela de la pucelle Juana de Arco, donde los grandes imagineros del dolor: Juan de Juni y Gregorio Fernández sentaron reconocida cátedra. Muy por encima de ese artístico padecimiento sin analgésicos, como presidente de la Conferencia Episcopal Española, se dio un innecesario lujo verbal que le retrató como impertinente y fatuo más allá de su anillo episcopal. Sangre y aflicción a raudales en madera policromada como discurso estético de muñeco triste a tamaño humano, para intentar movernos a la piedad sin tino, por miedo al púlpito y su iconografía que tendría que alejarse de la política de una puñetera vez. ¡Ya es hora! La iglesia española repleta de pedófilos hasta el desborde no está muy cualificada para dar lecciones de ética a nadie, y su oscura justicia paralela es, la razón en el tiempo detenido y escandalizado así lo muestra, más laxa y blanda que el agua de la pila benditera de cualquiera de sus edificios inmatriculados, dedicados sobre el papel a la oración y a la fe. Seguir con la idiotización inducida y torticeramente politizada por estos sujetos de faldón azabache con alzacuellos es de una miseria moral repugnante, sobre todo si el dinero público estatal, desde 1979 vinculado al Concordato, aportó el año pasado a la multinacional del crucifijo una cifra superior a los 11.000 millones de euros. Mucho antes, Franco, ese enano culón asesino, en el 53, ya les había dado un propinazo (propinazi), y una brazada por todo lo alto de privilegios, a cambio de tener la facultad de nombrar obispos de su cuerda ideológica que lo pasearan bajo palio. ¡Bien jugado por el dictador! – ¡Caro, pero eficaz! Me dijo un día un amigo fachoso y muy cristiano practicante que cree tanto en la Santísima Trinidad como en la divinamente confusa y reprobable -Prioridad Nacional-. Es momento de recordar a estos casquivanos sujetos trapaceros su condición de usurpadores de más de 30.000 bienes, ajenos al amparo de la truculenta Ley Hipotecaria de 1998, que dió angelicales alas a su avaricia en un inexplicable estado aconfesional, escondido tras las puertas de las derechas, que les regaló ademas de la financiación pública unas oportunísimas exenciones fiscales. Por eso, cuando las corrupciones brutales del PP unos pocos años atrás , condenado ese partido como partícipe a título lucrativo por la justicia en varias tramas gurteleras, se escondieron como cucarachas en las sacristías, y su silencio atronador llenó de vacío sus sermones, y nunca trataron, ni por asomo, de deslegitimizarlos, como intentan hacer ahora con este Gobierno cobarde que no les cierra el grifo concordatero como respuesta a las andanadas que procuran, escandalizándonos cada vez que se les ocurre estornudar o pisar fuera de su tiesto. Pero como en el pecado está la penitencia, a estos pajarracos negros no los querrán ni en el infierno, porque en la estupidez desagradecida duerme la estadística que les canta a grito pelado que experimentan una bajada a la muy baja, donde un 52% de los españoles se declaran católicos, pero solo un 17 % de estos (fieles ¿…?) son practicantes de comuniones bodas y bautizos. ¡Y bajando!












