Fanacitar a la parroquia es la última moda política, una vez que San Dimas, el ladrón patrono de los arrepentimientos, bendijo a ese Aldama sus tropelías y sus mentiras para que disfrute como un cochino en el barro democrático las libertades que le regalaron el juez Arrieta y sus cuatro animacólitos. Ha dado de sí esta controversia para que nuestros representantes en las tribunas nos lo cacareen en tecnicolor surround y con vaselina del todo a cien. Partidarios y detractores de lo social ,como fórmula de carniceria para todos los publicos, envuelven esto con todo lo demás como fórmula -totus revolutum- , picado a máquina en rimbombantes discursos favorables a las tesis de sus siglas, y lo embadurnan, sobre la marcha choricera, con pegajosas proclamas con cuarto y mitad de confusiones en su argumentación abductiva de mondongo en tripa, con el farfulleo de tasca y con la saña a flor de piel. Ya todo se irradia y despacha en modo calentamiento de pobre cocido para la campaña con la que nos indigestarán las meninges estomacales, sin piedad alguna por nuestra salud política de ciudadanos colaboradores ojiplaticos en salsa de asombros. La fuerza de la razón ha perdido su gas y su picante por no mantener el recipiente bien tapado, y se han disipado las esencias que alimentaban el escaso conocimiento de las pretensiones a las que uniriamos la decisión de conformar una sociedad mejor desde nuestro culinario punto de vista a la hora de utilizar la papeleta educadamente como servilleta final del festín. Una papeleta blanca bordada de sueños plateados nada inocente, que cada cuatro años da la posibilidad de ,acertada o equivocadamente , decidir nuestros destinos con la legitimidad de las urnas. Ya estamos exhaustos de aguantar peroratas eructadas que nos incumben muy poco en sus gaseamientos de esófago, y que dejan lejos y atónitos los intereses reales del país a los que no dan chance ,absortos en sus rejodidas consignas y en su hipocondria de facundias embarulladoras. Todo les vale, menos lo que realmente nos vale. Estamos por una parte acojonados por la posibilidad de aguantar una legislatura de derechas, lobotomizadada peligrosamente por lo ultra ,o resistir la incapacidad de respuesta acerada en esta izquierda blanda con cara de «yo no fui», que se antoja insuficiente para resolver nuestros verdaderos problemas pese a su innegablemente entusiasta ‘buena voluntad». En este charco caldosote chapoteamos urgidos por la necesidad de un aire fresco que dé oxígeno y dignifique nuestro ambiente de convivencia sin chaparrones ni terremotos aliviados con bicarbonatos y con infusiones laxantes. Es la hora ya de que se limpien la rocosa cera de sus orejas y escuchándonos den camino a un mejor futuro que el que nos pintan de gris color ceniciento. Releamos al sabio Platón hasta convencernos de que «el precio de desentenderse de la política es ser gobernado por los peores hombres». Y que «ser conscientes de lo que realmente ocurre produce dolor» Lo de Aldama Aldimas y sus casi custro millones de euros perdonados en -la caverna- de esa regalada libertad ,una vez más sin remedio …al pudridero del abultado bolsillo del olvido. «¡Ni Platón ni leches en vinagre!» me grita mi amigo el Boinas, que dice que -estos ejercicios «didacticodivulgativos» no sirven para nada-, y que -han de solucionarse los encuentros y los choques de ideas «a puras hostias dialécticas»-. Le respondí que ya no tenía fuerzas para seguir luchando, y lo más cariñoso que me llamó fue «zarrapastroso» . Ahora lo buscaré en el diccionario por si me encuentro bien descrito.El término, por lo visto, proviene de la antigua palabra «zarrapastra» (haciendo referencia al barro que se pega a la ropa al caminar entre charcos) .













