“Tengo bastante contacto con los jóvenes de nuestra generación. Quienes están desesperados. Ven todo el armamentismo y a, al fondo de todo la bomba atómica. Quieren sacar algo de la vida. Si es que aún hay una oportunidad de interrumpir la subida y la caída de los Estados Unidos, dependerá de nuestra juventud y depende de ustedes el apoyar a esa juventud. Para lograr esto hay únicamente una manera: el llegar ser verdadero, aprender a tomar una posición, definirse, desarrollar el centro de uno mismo, entendiendo la base del existencialismo: una rosa es una rosa”
Parece un manifiesto de la Rosa Cruz a añadir a otros clásicos ya famosos en el sentido de intentar centrar los problemas humanos en el alma, la “rosa”, “el hombre es un alma viviente”, pero no, no lo es ni tampoco el texto proviene de Umberto Eco. Se trata de una declaración de Frederick Perls, una de las principales figuras del la terapia gelstática.
Igual que otra palabra sugestiva clave para interpretar la realidad como el Dasein o “ser ahí” heideggeriano, Gestalt tiene una traducción difícil. Forma, figura, silueta. Se relaciona con la interpretación de la totalidad no solo con sus partes por separado. También con la interacción entre la figura y el fondo, que se encuentran en diferentes planos.
Casi sesenta años después de las palabras del doctor Perls seguimos en las mismas y quizás los hechos desmienten su relativo optimismo en cuanto a la capacidad social para mejorar las cosas. Incluso la situación actual resulta más peligrosa que cuando la pesadilla imperialista de Vietnam.
Hoy la humanidad se encuentra a merced de unas élites desalmadas, sin “rosa”, y en posiciones de creciente riesgo. Las guerras provocadas por la plutocracia no marchan de acuerdo con lo que tenían previsto ni en Europa ni en Oriente medio, de modo que ante ese fracaso mediante las armas convencionales ya no hay empacho en declarar la posibilidad de perpetrar ataques atómicos contra las naciones que se resisten.
Veamos un ejemplo, importante en cuanto a lo simbólico o alegórico y también por las consecuencias que pudiera llegar a tener.
Las noticias bélicas deben tomarse con cierta reserva tanto por la propaganda como a la falta de transparencia propias de estos casos. Sin embargo, en fuentes no occidentales se afirma que el enorme portaviones Abraham Lincoln se retira de la zona de Ormuz con grandes problemas a bordo tanto por daños en el buque como por una tripulación en pésimas condiciones psicológicas y sanitarias.
De ser así como se ha indicado, la retirada forzada, que otros califican de huida, del portaviones Abraham Lincoln de la zona del golfo se une a anteriores contundentes humillaciones del Imperio en Vietnam o Afganistán, de la que de esta última se cumple ahora un lustro. Tras ser forzados a permanecer muchos meses en alta mar se venían comentando los desperfectos sufridos por el enorme buque por los ataques iraníes así como la desmoralización de su tripulación, unos cinco mil hombres con diferentes cometidos, condenados a sobrevivir en condiciones higiénicas tan malas como las peores de la Ceuta invadida. Rodeados de fecales, sin agua caliente, ni aire acondicionado, y con una dieta adelgazante de media taza de arroz al día. Las bases logísticas de suministro desde tierra arruinadas en alguno de los ataques iraníes de represalia no parecen en condiciones de aliviar lo suficiente su lamentable situación. Fuentes familiares afirman que buena parte de la tripulación “habría tomado su posición”, se habría “definido” en forma de amenaza de motín, o bien algunos mediante intentos de suicidio. De ser esto medianamente cierto no dejaría de ser alegórico del secuestro actual de la propia humanidad encerrada en un barco siniestro de periplo y destino inciertos. Tan incierto futuro como advertía el doctor Perls para evitar la caída de los EEUU,
Sin embargo, para cubrir la “huida” del Lincoln ha de ser retirado desde Japón otro de los tres portaviones que mantiene operativos, lo que deja desguarnecido el punto geoestratégico clave para EEUU del mar de China, y se abren nuevas “oportunidades” bélicas para generalizar los conflictos.
De modo que este fracaso americano con su inesperada relativa impotencia militar talasocrática muestra una situación de extrema peligrosidad para la paz mundial. Se teme incluso que el desquiciado emperador o el no menos peligroso dirigente judío se atrevan a arrojar bombas atómicas contra Irán. Y la situación en Europa a merced de élites corruptas, desalmadas y desquiciadas no es mucho mejor. Más que la tripulación del Lincoln necesitarían una buena terapia Gestalt, si bien existen otras mucho más rápidas y contundentes














