La tríada némesis de Trump nos visita y lo recibirá España como al jefe de estado teocrático del Vaticano* desde las trincheras más a la retaguardia del catolicismo. Aquí según los últimos datos, en este país el 51% es cristiano, pero de este género religioso solo el 10% son practicantes de los mandatos de la Santa Sede. Los demás, la otra mitad, son ateos, agnósticos o indiferentes de marcado perfil. Aquí el aborto, la eutanasia o los anticonceptivos, por poner ejemplos relativos a ese universo creyente, los entienden más o menos como les viene en real gana y ocasión, incluidos los que marcan la casilla del 0,7 para la Iglesia en su declaración de la renta. Somos así de veleidosos respecto a la docilidad fiscal para con los mandamientos de púlpito. El viaje pastoral a nuestros pagos alcanzará Madrid, Barcelona y Canarias. El Estado todo, que suelta una «leña concordataria» que financia a los curas pagando su sueldo y su Seguridad Social, está de acuerdo en recibir la visita pese al gasto que nos suponga. El año pasado nos estallamos 13.000 millones de euros al año de las arcas públicas, que rellenamos entre todos, para mantener esa corporación católica. Sin contar con la pastaza gansa derivada de las inmatriculaciones hechas desde 1947 que el PSOE les perdonará en gran medida inexplicablemente. Un cojonar de dineros para la multinacional del crucifijo por «la tonsurada gerol». Pues además de esos dispendios para la fe -que nunca movió ni moverá montañas-, 11.000 policías nacionales, más de 2.200 guardias civiles, efectivos de los Mossos y miles de agentes de las policías locales tendrán que dar servicio de Seguridad al sonriente Robert Prevost y sus séquitos con faldas purpuradas. (Ese despliegue, tirando por lo baratito, da para vacunar medio país de otro tontovirus que pueda acaecernos). Dicen que en Cibeles la rave del León congregará a un millón o más de entusiastas y, la verdad , que superen a las manifestaciones futboleras los grandes lobbies católicos, en ese emblemático lugar, supone un hito irrepetible a la sombra del tumultuoso monumento surtidor de las celebraciones. Los dos leones que tiran del carro de la frigia «MAGNA MATER” se verán reconfortados por este otro grandísimo León que ha conseguido sin mover un “padrenuestro”, en este “totum revolutum” de pasiones desatadas y polarizadas, que todo el espectro político esté de acuerdo, aunque solo sea el tiempo de una letanía. (Por lo visto también se soltará una homilía en el Congreso). Muchos se ahorrarán este rosario de trasnocheos y reivindicarán el viejo eslogan de creyentes en el Estado laico que reza la Constitución: ¡“De mis impuestos al Papa … cero!
*Recordemos, sin acritud, que el Estado Vaticano, fue un estado de tan solo 44 hectáreas que se sacó de la bragueta Benito Mussolini en los Pactos de Letrán sin admitir explícitamente el simbolismo del TRIREGNUM, esa tiara papal que alardea, con metales preciosos y filigranas, aquello del triple poder del Sumo Pontífice: la soberanía temporal, la autoridad espiritual sobre los príncipes y la guía espiritual sobre el mundo.













