Dentro del vertedero o albañal en el que se está convirtiendo la monarquía WOKE filipina, antes católica, cierta envalentonada escoria intelectual y moral, no solo ceñida al mundo del lumpen, chiringuitos zurdos y demás patulea, se permite intentar ridiculizar la Tradición española de las procesiones de Semana santa, con efectos contrarios me parece. Pretenden «liberarnos» de nuestra genuina condición humana, todo por nuestro bien, asimilándonos a meros vehículos de inteligencia artificialmente domesticada. Y lo perpetran iconoclastas cuyos logros estéticos son nulos o negativos.
Las tradiciones seculares que, con mayor o menor acierto artístico, en la medida que permiten una visión de lo numinoso constituyen un test del estado de salud mental y moral del acosado súbdito neo borbónico. Como en un espejo ven reflejado el abismo de las propias carencias así como el analfabetismo simbólico en el que malgastan su amorfa vida de bípedos desalados. Uno de los calificativos que emplean estas fuerzas ignaras para intentar ridiculizar o menospreciarlos es referirse a los pasos procesionales como “muñecos de madera”.
Muñeco de madera era el Pinocho de Collodi antes de que le fuera insuflada el alma, pero algunos de estas buenas gentes parecen disfrutar con una castrada vida animal y amoral a la que les condena la satánica Agenda 2030 y demás conquistas del globalismo embrutecedor y liberticida.
La cuestión del lenguaje simbólico o de los rituales que constituyen símbolos dinámicos es fundamental para comprender la vida y el funcionamiento de nuestra psique. El profesor Jung, antiguo discípulo de Freud, en su obra de especial interés actual Psicología y Religión, sostiene que, sea cual sea su realidad metafísica, el arquetipo de Dios está en la conciencia y afirma que “Dios no tiene éxito en una Humanidad psíquicamente desnutrida”, lo que explicaría muchos de los males del abominable proceso WOKE de deshumanización que nos quieren imponer. También nos previene en consecuencia contra las pestes psíquicas que asolan el mundo y nos ofrece un antídoto o fundamental arma espiritual de defensa, lo que llama “proceso de individuación” o de realización humana, que además de hacer plena su vida evita al hombre ser víctima arrastrada de la barbarie. El lenguaje simbólico nutre y posibilita tal proceso de individuación.
La obra de Jung aumenta su interés ahora cuando se habla de la guerra cognitiva. En realidad una forma muy avanzada de manipulación, permitiendo influir en el comportamiento de un individuo o un grupo de individuos con el fin de obtener una ventaja táctica o estratégica. En este campo de acción, cuando se mantiene una concepción meramente materialista, de acción, reacción, tipo Pavlov el cerebro humano se convierte en el escenario algorítmico de operaciones, en la idea de asimilarse a la IA, no ya la psique junguiana, que, a diferencia de lo mental, engloba tanto lo consciente como lo inconsciente .
El objetivo de la guerra cognitiva es influir no solo en lo que piensan los individuos objeto, sino también en cómo piensan y, en última instancia, en cómo actúan. Se asocia con otras formas y áreas de acción para alcanzar el cerebro objetivo, como la ciberguerra, la guerra de la información e incluso la embrionaria neurociencia cognitiva, Al facilitar la comprensión de los mecanismos del cerebro y la forma en que integra y procesa diferentes categorías de información, la neurociencia permitirá optimizar el uso de otras guerras, en particular la guerra de la información. Es una forma de la conquista del relato que ambicionan políticos y próceres sin escrúpulos. Los ataques de guerra cognitiva se especifican, estructuran y organizan para transformar o distorsionar el pensamiento de quienes toman las decisiones, como personal operativo, miembros de una categoría profesional o social, personal militar de un ejército o, de forma más amplia, los súbditos de una región, un país o un grupo de países. El cerebro y la máquina con procesos compartidos para dar cuenta del universo y tomar decisiones en función de una acción deseada. Se expresan en pensamientos y programas, como una especie de inteligencia híbrida. Pero me parece que aquí existiría una notable confusión entre hardware y software si el lector me permite el uso de estas palabras bárbaras pero comúnmente establecidas. Una especie de amputación de una parte sustancial de la psique humana y estaría muy bien que supiésemos a qué atenernos.
El presente debate entre inteligencia natural y artificial esconde la idea junguiana expresada en su Libro rojo del «espíritu de la profundidad» que contrasta con el común espíritu de este tiempo. Ambos interactúan como pensamiento racional dominante de una época histórica versus las atemporales fuerzas simbólicas del inconsciente colectivo.
“He aprendido que, además del espíritu de este tiempo, aun está en obra otro espíritu, a saber, aquel que domina la profundidad de todo lo presente, el espíritu de ese tiempo sólo quiere oír acerca de la utilidad y el valor. También yo pensaba así. Sin embargo, aquel otro espíritu me obliga a hablar más allá de la justificación, la utilidad y el sentido. Lleno de orgullo humano y encandilado por el desmedido espíritu de este tiempo, intenté largamente alejar de mí a aquel otro. Pero no reparé en que el espíritu de la profundidad posee, desde antaño y en todo el futuro, más poder que el espíritu de este tiempo que cambia con las generaciones. El espíritu de la profundidad ha sometido todo el orgullo y toda la altanería del juicio. Me quitó la fe en la ciencia, me robó la alegría del explicar y el clasificar, y dejó que se extinguiera en mí la entrega a los ideales de este tiempo. Me forzó a bajar hacia las cosas últimas y más simples. El espíritu de la profundidad tomó mi entendimiento y todos mis conocimientos, y los puso al servicio de lo inexplicable y de contrario al sentido. Me robó el habla y la escritura para todo lo que no estuviera al servicio de esto, es decir, de la fusión mutua de sentido y contrasentido, que da por resultado el suprasentido.”
La Tradición basada en ese espíritu de profundidad que ha superado la erosión del simple tiempo contingente fenomenal nos ayuda en nuestro difícil proceso de búsqueda y elevación espiritual que da sentido último a la vida humana en el Tiempo.














