JuanFra Martí abandonó la industria farmacéutica y ahora, junto con su mujer, la también farmacéutica Vanesa Barchero, aplica ozono a gente muy enferma, él dice que con éxito.
“Un protocolo y un fármaco inmunosupresor, el tocilizumab, que ha matado a mucha gente, me llevaron a la UCI. Bastaron dos dosis para aterrizar allí. Luego te das cuenta que te han dado un fármaco que está indicado para la artritis reumatoide y no parta la COVID 19. No se podía poner si tenías infección, la COVID, y lo hicieron, causándome neumonía”.
Hay quien le ha aconsejado que denuncie al hospital de Villarreal, pero él ha preferido disfrutar de la vida y tratar de olvidar. Estuvo a punto de morir, los médicos del hospital le dieron de hecho por muerto. 9,5 sobre 10, le dijeron a Vanesa, quien, lejos de arredrase, se puso las pilas hasta conseguir que Juanfra saliera de aquel infierno.
Mientras él se encaminaba a la muerte, en el hospital de Villarreal, muchos lo recordarán, se hizo un llamamiento hasta con megáfonos para que se manifestaran incluso los celadores y la prensa recogiera las imágenes, y todo porque la ozonoterapia no tenía evidencia científica para la COVID, como no la tenía el tocilizumab.
“A mi mujer siempre le deberé la vida”, dice, agradecido, como a la jueza que permitió que le administraran ozono. La justicia, sin embargo, luego sentenció en su contra, impidiéndole e impidiéndonos hacer con nuestro cuerpo lo que creamos conveniente. Lo que nos lleva a destacar que a JuanFra Martí, que estaba al borde la muerte, no se le autorizó a aplicarse ozonoterapia, estando como estaba al borde la muerte, y a Noelia Castillo, una joven que pedía la eutanasia por estar harta de sufrir, se le concediera. Hoy Juanfra está vivo y Noelia no.
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