La derrota de Trump y nosotros.
En un alarde de cinismo semejante a las que aquí nos tiene acostumbradas el falsario,
Trump ha tratado de desmarcarse del revolcón republicano sufrido el martes. Con su
estupefaciente desparpajo lenguaraz ha llegado a decir que “Si yo hubiera estado en la
papeleta, habríamos ganado”. Cosa que evidentemente no es cierta porque ni siquiera
los candidatos más directamente apoyados por él se han librado del desastre.
Sin embargo, la pérdida del control del Congreso además del Senado a partir de enero
no significa necesariamente un bloqueo político absoluto para Trump. Pudiera ser que al
contrario la soberbia le hiciera más peligroso e impulsará a una mayor agresividad y a
perpetrar más barbaridades además de explotar todas las posibilidades legales de
oponerse al Legislativo o de control de los Tribunales. Y le quedan un par de meses de
maniobra antes de que sea efectiva. A partir de ese momento, de no llegar a acuerdos las
políticas de Trump puede que no reciban financiación, o el presidente vete los proyectos
de ley aprobados por el Congreso, lo que podría provocar una grave crisis política.
Incluso un impeachment. El propio partido republicano acaso le pueda sacrificar si
quiere tener alguna posibilidad cara a las siguientes presidenciales. Es de suponer que
tanto el vicepresidente Vance como Rubio, considerados los candidatos naturales a ser
sus posibles sucesores, estén más que preocupados y traten de maniobrar en
consecuencia. 
Entre las causas de la derrota de Trump se encuentra su traición al movimiento
patriótico MAGA, en especial la crisis económica existente por la deslocalización
globalista o el auge de China agravada por la criminal guerra contra Irán al servicio más
del sionismo que de EEUU en una evidente violación de su promesa de no generar más
guerras. Pero en la “democracia” que disfrutamos el castigo a Trump y su partido lleva
aparejado el auge del otro, no menos detestable, sin poder salir de este círculo vicioso
infernal.
Por si había dudas, AIPAC no se esconde y felicitó a sus patrocinados con este texto
esclarecedor: “AIPAC felicita a los cientos de demócratas y republicanos candidatos
pro – Israel que ganaron sus elecciones anoche. Más de 234 candidatos respaldados
por miembros de AIPAC ya han ganado, con muchas carreras adicionales aún
demasiado reñidas para llamar…los miembros de AIPAC están decididos a expandir su
activismo político en los ciclos venideros. Nuestra comunidad aumentará su apoyo a
demócratas y republicanos que reconocen que una sólida asociación con Israel ayuda a
mantener seguros a ambos países, avanza la paz y la estabilidad, promueve los valores
democráticos y crece nuestra economía a través del comercio y la innovación.”. Como
la banca en los casinos, sea con demócratas o con republicanos la AIPAC siempre gana.
Por desgracia, el flagrante fracaso político de Trump dejará el camino abierto al regreso
del globalismo más WOKE o lo que ahora exija el guion renovado de la farsa. Lo suyo
fue una esperanza fallida de que se pudiera volver al ámbito del respeto a las soberanías
siquiera relativa de las naciones y que la globalización mejorara el comercio
internacional con los beneficios económicos y sociales que tal proceso acarrearía, pero
nunca la servidumbre liberticida a una plutocracia sionista más descarnada. O incluso la
creciente penuria derivada de la radical alteración de las principales líneas de tráfico del
comercio internacional, en especial la de la energía imprescindible para el
funcionamiento de la sociedad.
Ahora quizás más que nunca resulta fundamental intentar comprender que es lo que está
pasando. Desde luego que en este fracaso existe un componente personal, el análisis ad
hominem. Trump ha demostrado ser un desahogado deslenguado sin honor, palabra, ni
principios, ni tampoco muchos conocimientos de geopolítica o de cultura general. Un
osado mascarón de proa de los oligarcas de la IA y presa fácil del sionismo por
conveniencia, falta de criterio moral e intelectual o por ser objeto de chantaje por el
canallesco caso Epstein.
Pero caben otras reflexiones más amargas y abstractas como es la valoración de las
limitaciones en las posibilidades reales de la “democracia” como instrumento de control
del poder por parte de la ciudadanía. Con la globalización actual el sistema político real
de Occidente resulta en la práctica una plutocracia sionista más o menos disimulada por
la sustitución de títeres o señuelos ideológicos cuando les conviene. Desde tal punto de
vista lo de Trump pudiera haber sido un error pasajero en la matrix o una disidencia
controlada para volver a la posición anterior con mayor fuerza de avasallamiento.
De modo que esta reflexión no sólo valdría para la metrópoli imperial sino también para
sus colonias. Dada la falta de soberanía real y la evidenciada incapacidad del pueblo
español para dirigir sus propios destinos lo que pueda pasar el 29 N dependerá,
pucherazo u oportuno cisne negro o no mediante, de lo que más le convenga a esa
plutocracia internacional: si consideran al falsario y su banda demasiado quemados por
lo que conviene cambiar de títere o primer actor unos meses permitirán la victoria de la
negligente oposición. Feijoo ha demostrado ser un chico obediente de la comisionista
von der Leyen y Abascal lo sería de Israel. La gente está muy quemada y para la
continuidad del régimen habría que ofrecerles algo de ilusión con un respiro transitorio.
Que duraría poco, el imprescindible para que el nuevo gobierno se queme en unas
coyunturas nacional e internacional que se prevén terribles y sin demasiadas
posibilidades de ejercer un poder real debido a la naturaleza chapucera de nuestro
ordenamiento constitucional. La deuda, las invasiones, la crisis financiera y política de
la UE, Ceuta, son amenazas unidas al envenenamiento mental y corrupción imperantes
en buena parte de la sociedad. Pero siempre quedará un rey que ha renegado
repetidamente en público del patriotismo nacional para garantizar la continuidad de los
intereses globales.
No nos engañemos. El resultado de EEUU era recibido con desigual resultado por las
bolsas. Las acciones de los llamados siete magníficos (Meta, Tesla, Apple, Nvidia,
Amazon, Google y Microsoft) acusan el resultado con pérdidas de unos 2300 millones
de dólares en el mercado de valores de 2300 millones. Sabemos que aquí la política
“comunista” del falsario favorece al IBEX 35 y tras algunas dudas después de la
catástrofe de Urda al recibir la noticia subía un 3%. Es posible que la razón principal sea
técnica y tenga que ver con los intereses de la deuda. Hasta ahora se venía dando la
incoherencia de que subiesen a la vez, tipos de interés y beneficios empresariales
declarados y, en consecuencia, sus cotizaciones bursátiles, pero la oligarquía no puede
ocultar su simpatía por la política de protección del gran capital promovida por Sánchez
a costa de la clase media y trabajadora. España es uno de los polos de inversión
favoritos de BlackRock y otros fondos calificados de “buitre” para mejor despistar al
propio electorado.
Ojalá no sea así pero el futuro no deja de mostrase peligroso y difícil en cualquiera de
los escenarios más previsibles.














