En el mundo anglosajón ilustrado se ha planteado varias ves la pregunta de si la fundación de Estados Unidos fue de algún modo inspirada por la obra de sir Francis Bacon La nueva Atlántida. Bacon fue un importante aristócrata inglés emparentado con la Casa real. Filósofo del método inductivo, escritor tanto de obra ortónima como heterónima, algunos autores serios especulan incluso con su autoría de ciertas obras de Shakespeare. También fue la cabeza de la Orden Rosacruz de su tiempo en Inglaterra y tenía un profundo conocimiento de la Tradición esotérica universal.
La gran mayoría de los fundadores de EEUU participaban, en una u otra organización y de uno u otro modo de dicha Tradición. Franklin también era rosacruz así como masón. Washington, Adams, Jefferson, Lafayette, por citar los más conocidos, la mayoría de los fundadores pertenecían a la Masonería. Sea como fuere, la idea del EEUU original era la de crear una nueva nación, lejos de las miserias y privilegios de casta europeos, concebida en libertad y capaz de hacer valer el principio de que todos los hombres son iguales al nacer. Probablemente la Masonería de la época en cuanto a ideales fuera muy diferente de la actual. Sea como sea, y según su propio lenguaje atendiendo a la literatura oficial publicada, para construir un templo (sociedad) es preciso primero que cada pieza (ciudadano) se asimile a una piedra cúbica (virtuoso). Así lo planteaba también entre nosotros Lulio o Juan de Herrera para El Escorial con su famoso Discurso sobre la figura cúbica. La realidad humana es más bien la de una piedra bruta que es preciso ir tallando mediante la voluntad, la educación y el ejercicio de las virtudes. Y los planos del edificio no sirven por muy hermosos, santos o majestuosos que fueren cuando los materiales de construcción resultan defectuosos. Para el Cristianismo en la naturaleza humana está viciada por la lacra del pecado original por lo que necesita la gracia, para otros autores como Plauto o Hobbes “el hombre es un lobo para el hombre”.
Pero una cosa son los principios y otra muy diferente sino a veces opuesta son los finales ¿Qué ha pasado para que durante los últimos tiempos la política exterior de EEUU se haya transformado en un intento de dominación mundial en el que se han olvidado sino conculcado los nobles principios filantrópicos originales? Aristóteles establecía una tipología básica de sistemas políticos atendiendo a dos variables fundamentales. El fin del ejercicio del Poder y los agentes del mismo. Podría ir dirigido al Bien común o al interés particular o sectario de la clase dominante. Y ser ejercido por uno, varios, o muchos agentes: Monarquía o Tiranía, Aristocracia Oligarquía y Democracia o Demagogia. En el caso de que la oligarquía o gobierno de los pocos se aglutinara en función del poder económico financiero se calificaría de Plutocracia, y si del poder comercial, Timocracia.
Nos encontraríamos ahora con la constatación de un gran fracaso histórico liberal y democrático, en el final de una etapa para la Humanidad. La antigua aristocracia del mérito y dirigida al bien común de la Ilustración y de los orígenes del proyecto de gran nación americana ha sido pervertida hacia una plutocracia que acapara casi toda la riqueza, una escondida oligarquía feroz, sectaria, implacable, que trata de imponerse en el mundo a cualquier costa, incluidos los derechos civiles e instituciones republicanas. Y que ha puesto a servicio de sus propios intereses y no del pueblo el aparato del Estado americano. Esta oligarquía insaciable y despiadada parece que estaría intentando superar las barreras constitucionales de EEUU para crear un despótico Nuevo Orden Mundial a su imagen y semejanza y no la de los nobles fundadores. Este es el marco de la celebración del semiquincentenario de la declaración de independencia de los EEUU, en la que España, tuviese una participación decisiva aunque no reconocida, al menos en toda su importancia. Y que ingratamente fuera pagada con el 98 y el ataque a la Hispanidad.
La celebración del 4 de julio de este año en EEUU se enmarca en la creciente sospecha que en realidad el demagogo e imprudente emperador cabalga un tigre incontrolado que puede dar al traste en cualquier momento con su mandato presidencial. Trump había vuelto a la Casa Blanca prometiendo el oro y el moro. Pero sobre todo poner fin a las guerras en curso sin iniciar otras nuevas y lograr sacar a los EEUU de la barrena económico social con consecuencias sobre la hegemonía militar y del dólar en la que estaban cayendo por su dañina dependencia del deep state y la plutocracia, incluso la que posee curiosos tintes mesiánicos. Trump parecía dispuesto a «arrojar nuevamente el cargamento de té a las aguas de Boston» en desafío al poder pero parece que más bien habría capitulado ¡A ver qué ilustre prócer no está en la lista de Epstein! Aún es difícil sacar una conclusión definitiva pero hoy sus promesas han sido traicionadas, la cosa no va nada bien y aún pinta peor para el futuro. En política internacional la situación parece cada vez más incontrolada con un violento caos inducido y generalizado. La sensación dominante es que EEUU no es un aliado fiable ni capaz de cumplir sus acuerdos.
Si la promesa electoral trumpista y el movimiento MAGA se han defraudado, desde un punto de vista histórico la reflexión resulta más bien amarga. Los ideales fundacionales de EEUU han sido arrumbados. El deseo inicial de buen gobierno dirigido al bien común y evitar el despotismo ha sucumbido a los intereses plutocráticos. Mucha piedra bruta pero menos cúbicas. En cambio, conmueven, y nos duelen por el fracaso actual, las solemnes famosas palabras de Lincoln en el cementerio de Gettysburg sobre el gobierno del pueblo. El propio Lincoln sería asesinado poco más tarde víctima de un complot institucional, como también un siglo después otro esperanzador hito presidencial: JFK.
Para algunos estudiosos la “democracia” no dejaría de ser una especie de religión laica en la que habría que creer a base de fe. Pero su invocación más o menos demagógica como mantra falsario sirve al Poder para legitimar su dominación social. Se une a otras creencias de carácter religioso como las que hoy parecen tener una enorme influencia en la política estadounidense actual. Una de ellas es lo que se conoce como sionismo cristiano, relacionado con el «dispensacionalismo» y la “teoría del rapto” que junto a la poderosa AIPAC controla a la casta política y su peligrosa política internacional. El sionismo cristiano estadounidense recibe muchos nombres, algunos los llaman “partidarios del Armagedón” otros se refieren a ellos como el “AIPAC cristiano”. Hace unas semanas sin declaración constitucional de guerra previa agredió a traición a otra nación y hemos estado al borde de un Armagedón de consecuencias imprevisibles. Cuestión principal es la influencia real del sionismo en la política norteamericana actual. Sin embargo, más allá de los aspectos político económicos, hay judíos que se oponen al sionismo como algo contrario al verdadero judaísmo tradicional.
El fanatismo no se ha erradicado y domina junto a la ambición, la codicia y la hipocresía














