Que Trump además de ignorante es un botarate prepotente que carece del más mínimo
sentido de la diplomacia y del ridículo está ya fuera de toda duda razonable. Una de sus
últimas patochadas es una impertinente gracieta en Japón ante su primera ministra:
“¿Quién sabe más de sorpresas que Japón?” Seguido de un no menos impertinente
“¿Por qué no me avisasteis de Pearl Harbour?”
Cuando sus hazañas en la isla de Epstein o la preparación del alevoso asesinato de
colegialas le dejasen algo de tiempo libre el emperador haría bien en leer un poco de la
propia historia de EEUU para no dejar en evidencia su ignorancia. Así, por ejemplo me
permito recomendarle la obra de investigación realizada por un contralmirante
norteamericano, Robert Theobald. A su tiempo le dediqué un texto algunos de cuyos
párrafos me permito espigar. Decía así:
“No suelo participar de las visiones de la Historia como conspiración, tan abundantes
hoy, sobre todo en internet. Normalmente la explicación de muchos de lo desaguisados,
desafueros, fechorías o calamidades suele estar en la incompetencia, la ambición, la
codicia, el fanatismo o la estulticia de las gentes y en especial de la clase dirigente de
los países. Pero muchas veces los conspiranoicos tienen razón o sus razones.
Se ha especulado mucho sobre el origen y las circunstancias del devastador ataque
japonés a la base naval norteamericana de Pearl Harbor situada en el Sur de la isla de
Oahu, en el archipiélago de las Hawai, realizado el 7 de diciembre de 1941 (8 de
diciembre, hora de Japón) y que supuso la entrada en guerra de EEUU. En un principio
se achacó la principal responsabilidad del desastre ocasionado en la flota a la falta de
previsión o incompetencia de los mandos locales de la Navy y del Ejército, almirante
Kimmel y general Short, respectivamente. En diciembre de 1941, antes del ataque, los
buques capitales de la flota del Pacífico eran doce, 9 acorazados y 3 portaviones. En el
momento del ataque sólo estaban fondeados en Pearl Harbor, 8 de los acorazados. El
acorazado Colorado se había trasladado a otro puerto cerca de Seattle, para
reparaciones, el portaviones Enterprise formaba parte de una Fuerza de tarea que
regresaba de la isla de Wake, el Lexington de otra que había trasladado aviones a la isla
de Midway y el Saratoga estaba en la costa occidental de EEUU, también por revisión.
El resultado del ataque fue la destrucción completa de los acorazados Arizona y
Oklahoma, otros dos fueron también hundidos aunque pudieron ser reflotados más
tarde, el resto pudo ser reparado. Las bajas militares fueron 3077 muertos y 876 heridos
de la Navy y 226 muertos y 396 heridos del Ejército. Por el contrario, los japoneses
perdieron 48 aviones y 3 pequeños submarinos.
Pero algunos altos oficiales, compañeros de los afectados, no estaban de acuerdo con las
investigaciones internas realizadas por las autoridades militares ni menos con los
resultados. Así, el contralmirante Robert A. Theobald escribió un muy documentado y
minucioso informe publicado en español con el nombre de El secreto final de Pearl
Harbor, la contribución de Washington al ataque japonés, con muy interesantes
resultados, en los que mostraba el conocimiento que el presidente Roosevelt tenía del
ataque gracias a haber descifrado los códigos ultra secretos de los japoneses y haber
utilizado a la flota de Pearl Harbor como cebo para una agresión provocada y poder
vencer la oposición de la opinión pública americana para intervenir en la segunda guerra
mundial.
Entre las conclusiones de la investigación se muestra como el ataque estaba de acuerdo
con los planes del Presidente demócrata:
Roosevelt y sus asesores militares y navales estaban bien enterados que Japón iniciaba
invariablemente sus guerras con un ataque por sorpresa, sincronizado con la entrega de
su declaración de guerra.
En octubre de 1940 ya el presidente manifestó que si la guerra estallaba en el Pacífico,
Japón cometería el acto abierto que llevaría a EEUU a la guerra
No obstante la opinión naval contraria, la flota del Pacífico fue retenida en Hawai por
orden del presidente.
La flota no era lo suficientemente poderosa ni se hallaba en posición estratégica para
influir las resoluciones diplomáticas de Japón
Antes de que la flota pudiera operar a cualquier distancia de Pearl Harbor, debería
aumentarse el efectivo de buques auxiliares de logística
En marzo de 1941 Roosevelt dio prueba inequívoca de que no estaba interesado en los
efectos que la flota del Pacífico pudiera ejercer sobre las resoluciones diplomáticas de
Japón al autorizar su debilitamiento al destinar 3 buques de batalla, 1 portaviones, 4
cruceros livianos y 18 destructores a prestar servicios al Atlántico.
El aminoramiento exitoso de la flota del Pacífico era la única operación sorpresiva que
prometía a la Marina japonesa resultados amplios que justificaran los riesgos de fuertes
pérdidas por ataques aéreos norteamericanos efectuados desde bases terrestres si la
sorpresa fracasaba
Una operación contra la flota en Hawai ofrecía más posibilidades de éxito que contra
otro lugaren los puertos occidentales de EEUU.
El mantenimiento de la flota en Hawai después de su debilitamiento sólo podría servir a
un único propósito, el de una invitación a un ataque sorpresivo japonés.
La ocultación a los Comandantes en Jefe de Hawai del conocimiento sobre los códigos
secretos japoneses (descifrados por EEUU bajo la clave Magia) era vital para el plan de
inducir al Japón a lanzar un ataque por sorpresa contra la flota en Pearl Harbor, porque
aun tan tarde como el 6 de diciembre, el almirante Kimmel pudo haber motivado que
dicho ataque fuese cancelado si llevaba su flota al mar y la hacía desaparecer fuera del
alcance de la vista humana basada en tierra.
Es decir, no habría habido “Pearl Harbor” si el código Magia no hubiera sido ocultado a
los comandantes de Hawai.
Entre los hechos y las conclusiones anteriores patrocinadas por diversas instituciones
políticas y militares se produjeron varias comisiones de investigación, más o menos
distorsionadas o obstaculizadas por las tácticas de ocultación del gobierno.
Sin embargo, un grupo de altos oficiales compañeros de los mandos encausados trataron
siempre de encontrar la verdad. Y fruto de esas investigaciones es el Informe resumido
en estas líneas.”
Hasta aquí lo de Pearl Harbour, desde luego es terrible comprobar en manos de quienes
estamos. El emperador asesina heroicamente a traición niñas colegialas o a las
autoridades de un estado soberano sin previa declaración de guerra. Sin olvidar el
hundimiento también a traición del buque escuela desarmado sin siquiera socorrer a los
supervivientes.













