Estoy en mi butaca en el pase de prensa de la nueva película “Couture” de Alice Winocour protagonizada por Angelina Jolie, que se estrena el 8 de mayo en todos los cines de España. La luz de la sala se desvanece y, en la penumbra, la pantalla se rinde ante la presencia etérea de Angelina Jolie como Maxine Walker creando un interés inconsciente sobre ella. Angelina como Maxine despliega una autoridad escénica que trasciende lo físico; sobrepasa la piel, posee esa capacidad casi mística de inundar el espacio con una emoción contenida, en donde el espectador comprende que, tras la economía de sus gestos, nace un universo en constante ebullición y con ella nos escapamos desde nuestra butaca al mundo de Maxine en un viaje lleno de poesía y vulnerabilidad, pero también resiliencia, esa que toda heroína moderna tiene hoy en día.

Estamos ante una Angelina en el cénit de su madurez interpretativa. Siguiendo la estela de vulnerabilidad y riqueza emocional iniciada en “Maria”, en 2024, “María Callas”, película dirigida por Pablo Larraín. Su transición hacia Maxine consolida una etapa en donde aborda la complejidad de la mujer contemporánea con una maestría que sobrecoge. No somos meros testigos de su curva emocional; somos invitados a habitar en su piel y a viajar con ella por la vida de una mujer que se reconstruye una y otra vez con valentía y fortaleza.

A través de la mirada de Maxine, nos adentramos en un ecosistema humano compuesto mayoritariamente por mujeres, en donde cada interpretación se erige como un testimonio de la dirección exquisita y sensible de Alice Winocour. La cineasta nos obsequia con un mosaico de trayectorias vitales, permitiendo que cada actriz brille con una luz propia y diferenciada. Destaca con especial magnetismo la figura de la modelo sudanesa, Ada, interpretada por Anyier Anei. En su actuación, asistimos a una dualidad fascinante: una fragilidad aparente que esconde una dureza inquebrantable. Anei transita el desamparo de quien se siente perdida para acabar hallándose a sí misma, logrando una naturalidad tan sobrecogedora que el espectador experimenta la sensación de ser un observador furtivo, un testigo privilegiado de una vida que se despliega sin artificios ante sus ojos y eso ocurre con casi todos los personajes de “Couture”.
Resulta igualmente imperativo destacar la labor de Ella Rumpf, quien da vida a una maquilladora, Angèle, cuya mirada se convierte en el refugio de las debilidades compartidas. Maquillar es como matizar y esconder lo incompleto, sobre todo, dentro del mundo de la moda. La necesidad de perfección en una vida que nos quiere romper en cada momento. Su personaje actúa como el eje gravitacional cuando los planes se desmoronan y la realidad se manifiesta de forma opuesta a lo esperado, dejando a los protagonistas suspendidos en un limbo de emociones indómitas y sentimientos que emergen sin permiso. Rumpf ejecuta una arquitectura de la empatía impecable, conectando de forma orgánica con el espectador desde la butaca. En medio del caos emocional de la trama, su presencia se transforma en nuestro consuelo; ella encarna esa fuerza protectora que, como audiencia, desearíamos proyectar sobre los personajes.
Vicent Lindon, Louis Garrel, Aurore Clément y Garance Marillier, todos muy bien llevados para arropar a los demás, están armonizados y coreografiados por la maravillosa Alice Winocour que se destaca como una de las grandes directoras con propuestas ricas y llenas de matices en un mundo tan complicado como es ver un cine de autor que transmite un sentido profundo del ser humano y sus circunstancias.
Maxine, desnuda su interior femenino
Con motivo de tal magnánimo estreno de la película “Couture”, escrita y dirigida por Alice Winocour e interpretada y producida por Angelina Jolie, haremos un diagnóstico preciso de su estado. “Couture” establece un pulso entre los desfiles de glamour y la realidad que no se ve pero que se solapa entre pases, reportajes fotográficos y una película independiente de terror. Nadie puede pasar inadvertido ante Maxine, el personaje principal, una directora de cine que se agarra a la vida aunque no cree en ella misma. Muestra un estado nihilista que no se cura con la evasión y obsesión por su trabajo sino en la creencia de que se puede seguir viviendo aunque tenga que batallar contra los demonios de un diagnóstico. No destripamos a Maxine porque ella ya muestra sus heridas del alma que calma con la pasión por lo que hace. Aquí, el amor luce por su ausencia ya que hay mucha falta de cariño entre todos los personajes. Mujeres que se relacionan entre sí pero que son manejadas por la directora a la perfección para que cada una aprenda a salir de su propio laberinto. La luz es protagonista de la película porque se utiliza un tono cromático en el que abunda el azul y el sepia. También, hace un guiño al cine de terror con reminiscencias vampíricas en el video que rueda la protagonista. La sombra de la muerte que camina por ese bosque en el plató de la vida. Según palabras de Maxine, “¿Somos responsables de lo que nos pasa?”. La respuesta está en cada humano que quiera ver su verdad interna.
Angelina, grandeza en la ficción y en la realidad
Éste es su papel más personal y desgarrador que no dejará indiferente a quién se encuentre al otro lado de la pantalla. En ella, todas son expresiones que reflejan su rostro. Interpretación digna del Actor’s Studio y «El Método», ya que la historia y las escenas parecen estar sacadas de su propia vida. Esto nos recuerda a los grandes de la “Época Dorada de Hollywood” aunque con una mezcla europea de madurez. Ella es elegante pero sobria, auténtica pero histriónica. Es un ejemplo de alguien que se tiene que enfrentar ante la decisión de su vida para seguir aunque dude de si sentir es correcto o no. La cinta muestra como la pasión también la pueden disfrutar aquellas mujeres que están en proceso de shock traumático.
Ada, interpretada por Anyier Anei, una jovencísima estudiante de farmacia de Sudán del Sur, no sabe lo que es valorarse como modelo porque es responsable de su otro yo así como la modelo ucraniana que sufre las consecuencias de una guerra cruenta en su país. Sólo la maquilladora, Angèle, la actriz Ella Rumpf, es el mástil que mantiene el barco a flote capitaneado por una directora como, Alice Winocour, que orquesta a sus personajes femeninos en un baile conjunto en el que hay que saber distinguir entre realidad y ficción, a veces nos saca fuera de ella. «Couture» no es una película indie como otra sino que es un fiel reflejo de este círculo femenino que no se acaba cerrando ni aún cuando intervienen los toques que la directora deja marcados en cada una de ellas. Calidez y ternura de Anne, la actriz Aurore Clément, que le da un sorbo de aire en la sala de espera a la propia protagonista sumida en sus miedos e inseguridades. Los personajes masculinos son blandos y bailan al lado de todas las actrices. Anton, el director de fotografía de Maxine, interpretado por Louis Garrel; el Doctor Laurent Hensen, interpretado por el actor veterano Vincent Lindon y el actor Finnegan Oldfield que es quien recibe a Maxine al principio del filme.
Es la primera vez que se muestran los ateliers de La Maison Chanel que tiene costuras por las que se escapan los miedos. Mientras que se siente ese miedo estamos cerca de la realidad pero si dejamos que el miedo nos invada nos paraliza movimientos, acciones, proyectos y la vida. «Couture», la Alta Costura que está marcada por los pespuntes del corazón de las protagonistas. El arte sobrevive al desplante de los medios y de las estrellas. La pantalla proyecta la gran verdad de la vida. Con esta película, la actriz Angelina Jolie, cierra su círculo más íntimo.












