El PP, con todo su morrazo, más grande que el de un elefante con paperas, apoya que se rebaje la pena al manguirulo Aldama porque, sin de momento prueba alguna, colabora con la justicia en el caso contra los getas manguirulos del PSOE. Es relevante para el PP esta rebaja, acostumbrados desde su fundación a este tipo de choricerías corruptas integradas en su ADN, y se pipirrenean en la lógica axiomática de que no existen corruptos sin corruptores. Que un tipejo, comisionista farfullero, principal encausado de la “trama de hidrocarburos” con juicio pendiente por embolsarse -por la puta cara en un fraude millonario- entre 200 y 300 millones de euros de la venta chunga de combustibles, les merezca tanto respeto es …simplemente repugnante. Esto sucede judicialmente en una semana de incongruencias en la que la magistrada Beatriz Suárez absuelve a la agitadora ultraderechista Pilar Baselga que se da el chincharabiante lujo de llamar a la esposa del presidente: Begoño, y farfullar que nació macho en una televisión, añadiendo además que está salpicada en un bulo que incluye delitos inventados de narcotráfico. ¡Muy aleccionador! Por si acaso nadie se había enterado convenientemente del pampaneo sospechosamente derechoso de la justicia con el Fiscal General del Estado. Estamos los ciudadanos mosqueados con los cuatro tipos de justicia: distributiva, procesal, retributiva y restaurativa y con sus veleidosas velocidades según a quien corresponda su proceso ejecutor. Es verdaderamente apelotante su planteamiento de claro lawfare para los que somos legos, pero no ciegos. No hemos aprendido ni prosperado mucho desde los juicios sumarísimos del franquismo que, bajo la justicia militar, sentenciaron a muerte torticeramente a miles de patriotas rojeras por todo el ámbito nacional. Son los mismos y sus hijos quienes tienen la vara de medir y la aplican al dictado de sus mandamases. La ideología pesa tanto en sus decisiones y sus dictados que hacen buena aquella frase perraca: “Ningún vencido tiene justicia si lo ha de juzgar su vencedor” Es de Francisco de Quevedo que ya se olía en su época lo que sufriremos ahora. El bando de los vencedores es quien nos juzga. Aquí la guerra civil del 36 no termina de acabarse porque a ellos, los hijos vencedores, no les sale de los mismísimos cojones. Algunos, airados y encabronaditos, nos ciscamos con rabia en su entraña y sus formas, pero son inmunes incluso a la crítica, y se arropan en desvergonzadas sentencias que ponen de manifiesto “quien coños manda aquí”, haciéndonos parecer más tontos de lo que realmente somos al humillarnos con su poder malvado y jodilón que no nos priva de recordar con saña maloliente a su santa madre. Mientras, leemos en la RAE que la justicia es “el principio moral que lleva a determinar que todos deben vivir honestamente”.















