El concepto nuevo, próxima moda en mi inventario particular es: -la MERDAD por sistema-. Se trata de potenciar en redes una manera de «tontolar» por la vida al ritmo de cualquier influencer cuya indigencia cultural sea sobradamente seguida por bobos sujetos afines o débiles. La MERDAD es a la VERDAD lo que la prostitución es al amor, y estos tergiversadores de corto aliento exponen orgullosos su falta de escrúpulos para mostrar su miseria cultural siempre adornada de ridículos postureos verbales y físicos, que caminan sin remedio a los abismos de la cutre sociedad cada vez más mansa y aborregada. YouTube, Instagram, LinkedIn, TikTok, Facebook … templos de barro donde la moda de la «inspiración» se ha colado en los mensajes que pueblan, colonizando los teléfonos para que los ingenuamente maleables se miren en otros espejos y acomoden o coreografíen sus gestos con los que trantranean otros. Es una imitación la sugerencia, torticera siempre, que por lo absurdo tendría que incomodar, aunque vistas las cifras de seguidores * de algunos y algunas de estos tenderos y tratantes de ideas sin ton ni son, el universo está tristemente plagado de idiotas. “Bienaventurados nuestros imitadores porque de ellos serán nuestros defectos» decía sabiamente el gran Benavente, ese Premio Nobel español que dejó en su exitoso camino “Los intereses creados» para que aprendiéramos a distinguir entre lo original, la copia y sus muchos peligrosos contrarios. Dejarse arrollar por la originalidad de estos bocachanclas chisgarabises es igual de peligroso que ejercitar la imitación-replica de sus postulados, y ambas situaciones, por lo resbaladizas, son motivo de nebulosas atribuciones políticas, tormentosas engañifas religiosas y mendrugas opciones sociales. Mi abuela, que era sabia, siempre que se refería a los predicadores de cualquier cuestión decía: «Un tonto engaña a ciento si le dan lugar y tiempo». Ahora el lugar es muy barato y el tiempo es un detalle perdido entre telediario y Noticiario, donde los asombros se suceden saltando del conocido al famoso y de este al popular. Las perlas de telediario y las perlas de estos prescriptores turuteros tienen en común la distorsionada falsedad de su propósito de discurso, porque entre la Verdad y la Merdad hay ocho letras de diferencia y hay que contarlas hacia atrás. La razón y la vida no poseen de fábrica ni una reversa sencilla ni una reculada disculpable. Aquellos (todos) que sufrimos la -MERDAD por sistema- no somos ni mejores ni peores que los gansos a los que se ceba con embudo para conseguir el gastronómicamente rico foie gras (hígado graso). Solo somos sufridores que, a ellos, los repugnantes, les sirven de coartada para prosperar ridículamente en su estulticia a los cuatro vientos.
*El 85,5% de los internautas españoles entre 16 y 65 años utiliza redes sociales. 25 millones de usuarios. El 80% de la población nacional.













