"Gran pagano,
Se hizo hermano
De una santa cofradía;
El Jueves Santo salía,
Llevando un cirio en la mano
-¡Aquel trueno!-,
Vestido de nazareno."
Los actos programados de la visita de León XIV a España convertidos en todo un
espectáculo de masas, publicidad, luz y sonido, debieran llamar a algún tipo de reflexión
sobre el estado actual de nuestra civilización. Viene a la mente el famoso poema
machadiano sobre la hipocresía religiosa. Esta vez no vestidos de nazarenos los famosos
que “adoraban” a su manera al sucesor del Niño Dios nacido en un humilde establo. Un
personaje que como los calamares tiene la prodigiosa virtud de cambiar de color de
acuerdo con el ambiente. En efecto, los hermeneutas vaticanólogos no terminan de
aclararse acerca de la naturaleza de este gris pontificado, que sin embargo dispone de
una buena ocasión para despejar dudas con motivo del extraño deseo de León XIV de
discursear en el devaluado parlamento español. Un acto de carácter político más que
pastoral a celebrar en un ambiente enrarecido preñado de graves acontecimientos que
puede suponer un antes y un después en la comprensión del personaje.
El que esté fuera de programa la que parece obligada defensa del Valle de los Caídos ya
resulta sospechoso de haberse rendido en este importante asunto. Y lo de la Sagrada
Familia parece una inoportuna concesión al supremacismo catalán,
Mientras tanto queda observar el espectáculo de masas. Cuando se manifiestan gentes
de tan equívoca apariencia, extrema disimulación, que se aprovechan de tales
espectáculos, acaso demasiado superficiales y perecederos de religiosidad pret a porter,
resulta muy aleccionador revisar la profunda novela profética de Jardiel Poncela en la
que describe estos tipos de saraos de masas, que sería prohibida unos años más tarde:
La Tournée de Dios. Novela casi divina.
En ella imagina una visita de Dios al mundo, y en concreto a España, al Cerro de los
Ángeles y a Madrid. Todo un antecedente ¡en 1932! como espectáculo público de los
saraos populistas puestos de moda por el papa polaco. La visita divina se saldaría con
varias hecatombes mortales provocadas por estampidas de las masas y la represión de
las fuerzas de orden público. En la novela se ofrece una visión descarnada de la España
eterna, impermeable a ideas y sistemas políticos. Del clero autóctono y vaticano, de las
autoridades, pero sobre todo de la psicología popular española. Con bromas como la de
la reunión en el antiguo ABC de Luca de Tena para decidir quién es elegido para
hacerle una interview a Dios.
Y también una indicación de las opiniones divinas que indignan a la vez a derechas e
izquierdas. Así, según el autor, dice Dios: “Constituís dos bandos, los blancos y los
negros. Unos formáis vuestro programa posponiendo a todo las ideas de Patria,
Historia, Ejército, Orden social, Familia, Iglesia, Dios y creéis estar en posesión de la
verdad…Los otros habláis de Igualdad, de Libertad, de Unión Universal, de
Solidaridad, de Democracia, de Socialismo…pues bien Yo no os doy la razón a
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ninguno. Yo no estoy ni con los blancos ni con los negros…(tumultuosa decepción entre
los asistentes al mitin)…”
Y Jardiel continúa con una visión muy descarnada. Pero el maligno acecha entre las
muchedumbres enfervorizadas que se agolpen para asistir a las celebraciones. Las
inflamadas gentes en jeremiada aparatosa jalean al santo protector de invasores, del
rojerío woke y mercaderes varios del cambio del clima climático.
Según el parecer del padre jesuita, Salvador Freixedo, expresado en su libro ¿Por qué
agoniza el Cristianismo? demonios se alimentan con las pulsiones vibratorias y
emociones de tales concentraciones de multitudes. Misteriosa paradoja es que en el
reino de España víctima de la descristinización programada engorden amén de bolsillos
profanos a los demonios del aire como los llamaba San Pablo.
La Iglesia Católica se ha venido comportando con carácter general, no sin notables
contradicciones, como un katehjon paulino, un freno a las peores pasiones de los
poderosos, al imperio omnímodo del mal. Por eso se trata de un enemigo a batir para la
plutocracia perpetradora del NOM. Y en eso están desde el Vaticano II con grandes
logros en esa demolición durante la etapa bergogliana. Ya Pablo VI explicaba que la
intención conciliar era: “hacer al cristianismo aceptable y amable, indulgente y abierto,
libre del rigorismo medieval y e una visión pesimista del hombre y de sus costumbres”.
Lo que a su vez estaba en contradicción con otras palabras anteriores de Pío XII: ”Es
preciso condenar cualquier cosa que parezca animada por el espíritu malsano de la
novelería, que sugiera nuevas orientaciones de la vida cristiana, cualquier cosa que
sugiera a la Iglesia nuevas direcciones a seguir, o nuevas esperanzas y aspiraciones
que sean más apropiadas para las almas de los católicos de los tiempos
modernos”. Una descalificación como puede apreciarse de los novedosos
planteamientos políticos materialistas y ecologistas y de la religión sincrética
materialista del NOM.
Ahora al nuevo Poder le estorba la Iglesia, y la somete o la persigue o abandona o la
convierte en fugaz espectáculo de entretenimiento. Para ello, mediante la Agenda 2030,
la IA y la robotización híbrida del nuevo transhumanismo desalmado, o con la
parafernalia que sea menester, resulta preciso “convencer a fondo al hombre de la
insignificancia de su alma y de la psicología misma; hay que dejarlo claro desde
cualquier púlpito de autoridad que toda salvación viene de fuera y que el sentido de su
existencia está en la “comunidad popular…. El animal de presa se ha adueñado de él y
no tarda en hacerle olvidar que es un hombre.”
Jung también nos avisa también de la extrema gravedad de las pestes psíquicas de las
que apenas somos capaces de defendernos. Unas élites profundamente malvadas hacen
todo lo posible para difundir y materializar tales pestes para conseguir sus efectos de
devastación y sacrilegio de la condición sagrada del hombre: “Cuanto más se pierde la
ilimitada autoridad de la visión cristiana del mundo, tanto más se revuelve en su
prisión subterránea la bestia rubia y nos amenaza con un ataque de consecuencias
imprevisibles. Este fenómeno se produce en el individuo como una revolución
psicológica, pudiéndose presentarse también en la forma de un fenómeno
social….desde que las estrellas han caído del cielo y nuestros símbolos más elevados
han perdido su color, domina en el inconsciente una vida secreta… Pues los símbolos
proceden de un espíritu superior, de un espíritu que permanece en lo más alto”.
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Permanece en lo más alto desde donde se puede contemplar el espectáculo perecedero
de unas muchedumbres en busca de autor pero incapaces de mirar en el santuario
sagrado de su conciencia.












