"… De los que amor y vida te consagran.
Escucha, España, la canción guerrera
canción que brota de almas que son tuyas
de labios que han besado tu Bandera.
De pechos que esperaron anhelantes
besar la cruz aquella
que forma con la enseña de la Patria
el arma con que habrán de defenderla.
Nuestro anhelo es tu grandeza
que seas noble y fuerte…"
La caída de la bandera de España durante el patriótico desfile de las FFAA en Vigo es el
mejor símbolo de la actual realidad del reino con la nación por los suelos. Y es que con
desfile o sin desfile todo se viene abajo mientras Su Católica Majestad preside el sarao.
Es preciso reconocer en honor a la verdad que los méritos de la señorita Margarita como
ministro del ramo no se pueden disimular más: cuando no falla un paracaídas
estrellando en tierra un costosísimo vehículo de combate, a la Armada le afanan en un
descuido tres barcos en el Estrecho. "Me los robaron, anoche mientras dormía, dónde
estará mi barco, dónde estará mi barco…"
Y ahora con motivo tan solemne la bandera humillada, el ridículo sigue asegurado con
este gobierno dedicado a "sus labores".
Entretanto el Jefe del Estado y de las Fuerzas Armadas muy acicalado, impasible el
ademán y cubierto de medallas autoconcedidas hace como si la cosa no fuese con él.
El lector dirá bueno, no dejan de ser anécdotas, lamentables y significativas pero
inocuas. Lo peor es que tenemos desparramadas nuestras fuerzas en lugares lejanos en
guerras bajo mando ajeno que ni nos van ni nos vienen mientras descuidamos atender
nuestras verdaderas amenazas que vienen de Marruecos y sus aliados EEUU e Israel.
Que no se acuerdan de la decisiva ayuda de España a la independencia americana con la
intervención de Bernardo de Gálvez, Virrey de Méjico. Ni tampoco que España con
héroes como Ángel Sanz Briz salvase a miles de judíos de una muerte segura en
Centroeuropa, o en el Norte de África. Ni la intervención española a favor de los judíos
cuando la crisis marroquí les obligó en masa a salir del país. O cuando durante la guerra
de los Seis Días medió a favor de los judíos que vivían en Egipto para que gracias a
nuestra protección pudieran abandonarlo sin sufrir arrestos ni brutalidades. En fin cada
nación vela por sus intereses menos, al parecer, nosotros.
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Vista la incapacidad que demuestra el gobierno socialista para controlar el creciente
tráfico de drogas en el Estrecho causa notable preocupación lo que pudiera suceder en
caso de conflicto armado.
Parece que se hace tabla rasa de cualquier idea geoestratégica propia e independiente. El
dominio de las rutas marítimas presenta la posibilidad de utilizar en exclusiva un
espacio marítimo en calidad de “mare clausum” junto al el económico y estratégico
derivado de controlar las líneas de navegación en los pasillos que forman los estrechos,
cuestión extraordinariamente importante como ahora estamos comprobando en Ormuz.
El valor geopolítico de un estrecho depende la densidad de tráfico que soporta, la
naturaleza de lo transportado y su exclusividad o no como medio de acceso entre partes.
Entre los más importantes están Gibraltar en el Mediterráneo, Bósforo y Dardanelos en
el Mar Negro, los Belt del Báltico, junto al de Ormuz y Bab el Mandeb.
Israel ya está tomando posiciones en su satelizado Marruecos para controlar el de
Gibraltar. En el supuesto futuro de un Gran Israel vigente Melilla pero sobre todo Ceuta
en razón de su posición geoestratégica ya habrán caído en manos enemigas para el
control del Estrecho de Gibraltar, puerta occidental de un revalorizado Mediterráneo.
Por desgracia el reino de España no parece comprender la gravedad de lo que pasa o si
acaso lo entiende el régimen se ve imposibilitado para impedirlo. Las monarquías
aliadas de EEUU en el Golfo ya están comprobando las indudables “ventajas “de acoger
bases norteamericanas o su teórica alianza de defensa, revelada de carácter asimétrico.
Trump demuestra carecer de honor o de palabra. Llega a otro acuerdo de paz con Irán y
a las pocas horas prosigue con los bombardeos. Como para fiarse del tipo ni de EEUU.
Visto lo visto, no vendría mal revisar y en su caso cambiar nuestras alianzas, porque
cuando las barbas de los corruptos jeques veas pelar pon las tuyas a remojar.
Y mientras tanto, mejor sujetar bien nuestra bandera para evitarnos el penoso
espectáculo de la humillación de verla tirada por los suelos. Amén















