violencia de las llamas pero sin que ninguno de nuestros próceres causantes o cómplices
en este desastre habitual haga como la valquiria Brunilda y se arroje a la pira flamígera.
Anteayer mismo como quien dice, mientras el fuego implacable devoraba riquezas
nuestro guapo oficial, el señorito “Antonio” había ido a tierras gringas para chupar
cámara y adornarse con méritos ajenos. Igual que don Felipe y familia. En la variación
está el gusto y aquí en el achicharrado reino filipino lo mismo se inaugura un incendio
que se apaga un tren de alta peligrosidad. O al revés. Tras Almería o Zaragoza ahora
toca Guadalajara en un área de importante patrimonio natural.
Los socialistas de la Agenda 2030, hace unos días en ocasión semejante el jefe andaluz
Bonilla y ahora el de la taifa manchega, coinciden en su falsario sermón: la culpa de los
devastadores incendios que llevan arrasadas varias decenas de miles de hectáreas es del
cambio del clima climático climatizable. Si el bachiller Page hubiera preguntado a los
cabreros de don Quijote pronto le hubieran aguado su impostado y falaz discurso sobre
la futura edad de oro con la agenda 2030. Jerga socialista y ecologista de distracción de
incautos mientras se consuma el trinque y la erosión.
Me reprochan que haga bromas con cosas tan tremendas. No les falta razón, pero no
son bromas sino formas de denuncias. La verdad es que estamos asistiendo al sabotaje
de nuestra sociedad, de nuestros campos, de nuestra cultura, de nuestra lengua, de
nuestra economía, de nuestra dignidad, de todo lo valioso, por mercenarios que no
merecen el más mínimo respeto sino la actuación de la Justicia si fuese digna de tal
nombre. Gentes ineptas o depravadas que ocupan el poder y que nos están destrozando
sin que casi exista reacción.
Pero aparte de la mano que porta la tea destructora, encendida por poderes ocultos
criminales, hay que denunciar, y yo así lo hago no solo como simple ciudadano sino
como ingeniero agrónomo, los errores del falso ecologismo de ignorantes, vendepatrias
y facinerosos que estorba o impide el desenvolvimiento del mundo rural con necios
prejuicios, pero al servicio de plutócratas e intereses bastardos o criminales. En efecto,
en Criminología para comprender quién es “el malo” se resalta la importancia de
averiguar quién se beneficia del delito y porqué.
Y no. La culpa de los incendios no la tiene ni el supuesto cambio climático como
declaran los ignorantes o demagogos ni menos Putin, el socorrido sospechoso oficial
causante de todos nuestros males. La historia de las crisis agrarias con su potencial
subversivo nos muestra que el fenómeno de las sequías continuadas con su lamentable
potencial de hambrunas cuando no puede combatirse con una política agraria e
hidráulica adecuadas es de carácter periódico.
Lo que viene ocurriendo en un horizonte temporal dilatado es la oscilación climática.
Con periodos de glaciación y de interglaciación. Según Estrabón en la España romana
había “densos bosques y corpulentos árboles”, de carácter mesófilo más que
mediterráneo. En el cambio de especies vegetales conviene recordar, a diferencia de la
orografía americana con cordilleras en el sentido de los meridianos, las dificultades de
adaptación a la aridez por las barrederas orográficas según los paralelos que impiden el
“traslado” de las masas boscosas hacia el Norte.















