Vivimos tiempos de enfrentamiento político en los que parece que todo se reduce a una pregunta: «¿A quién ponemos si quitamos al que está?»
Pero quizá esa no sea la pregunta correcta.
Porque cambiar a un presidente por otro, manteniendo las mismas reglas, los mismos mecanismos y la misma forma de ejercer el poder, puede significar simplemente cambiar de conductor sin cambiar el rumbo.
Y si queremos llegar a otro destino, tendremos que cambiar de dirección.
El problema no es solamente Pedro Sánchez. Ni fue solamente Rajoy. Ni Zapatero. Ni Aznar.
El problema que debemos plantearnos es si el sistema que construimos en 1978 sigue dando a los ciudadanos todo el poder y las herramientas que deberían corresponderles en una democracia moderna.
Necesitamos abrir un debate serio sobre una reforma del sistema:
Que los ciudadanos puedan elegir y controlar más directamente a las personas que les representan.
Personas con nombre y apellidos, con una trayectoria que podamos conocer y valorar, y que tengan que responder ante sus electores.
Necesitamos instituciones con controles eficaces, mayor transparencia e independencia y mecanismos que impidan que los poderes políticos, económicos o mediáticos acumulen una influencia excesiva.
Pero hay algo todavía más importante:
LA CIUDADANÍA TAMBIÉN TIENE UNA RESPONSABILIDAD.
No podemos esperar que los políticos nos arreglen la vida mientras nosotros permanecemos como espectadores.
La democracia no consiste únicamente en votar cada cuatro años y después dejar que otros decidan por nosotros.
La ciudadanía tiene que participar, informarse, exigir responsabilidades y asumir que el futuro también depende de ella.
Porque no podemos querer llegar a Cádiz y seguir cogiendo el camino de Valencia.
Si queremos cambiar de lugar, tenemos que cambiar de dirección.
Y cambiar de dirección significa cambiar también nuestra manera de entender la política, el poder y nuestra propia responsabilidad como ciudadanos.
Por eso, cuando alguien dice:
«Hay que quitar a este presidente».
Mi pregunta es:
¿Y qué queremos poner después?
Porque cambiar una persona por otra puede cambiar al conductor.
Pero si queremos llegar a un destino diferente, tenemos que cambiar el camino.
No se trata solamente de cambiar de presidente. Se trata de cambiar las reglas para que la ciudadanía vuelva a tener el control.
Y eso no lo hará ningún político por nosotros.
Lo tendremos que hacer nosotros.













