A estas elecciones llegaremos extenuados entre el vértigo perro y la náusea culona. Me lo dice el Boinas, que es tipo bragado y sabiondo.Hace tiempo que no le veía, pero sigue con su mismo afán impertinente. Hoy le ha dado por gruñir y maldecir a la derecha que insulta. Ha comenzado por ese disparatado Milei que dice disfrutar dando patadas en el culo de los zurdos, con su voz de motosierra, y le ha mandado a tomar por donde amargan los pepinos , en plan fino . Ha seguido , tras varias vinos,por hacer escarnio de MAR, el hombre que susurra las orejas de la frutera Ayuso, con una variación de los sonetos de Quevedo a Góngora: Érase un borracho a un insulto pegado. Érase un tramposo superlativo
Érase un pedorretas mal olido. Érase un tiburón desorientado. Y luego, tras las tapas de chorizo a la sidra, ya más picante, arremetió contra
Feijoo y sus confusiones de guión, mal aprendido,que invitan al odio vivo, a la comparación con el rebuzno, y a la falsa solución de cualquier tema. Para terminar quiso ciscarse a culo lleno en esa patulea linajuda de colegio de pago, pero se enredó en aquella frase que Schopenhauer dejó clara en -El Arte de tener razón- ,aconsejando la última de las estratagemas para la discusión: «Cuando se advierte que el adversario es superior y que uno no conseguirá llevar razón, personalícese, séase ofensivo, grosero». A mí me había dado por el vermut y le dejé discurrir la charla, intentando recordar qué habíamos inventado los rojos para molestar a los gobernantes, y ,a bote pronto, surgía de la bruma y de la broma un «Paca la culona» con Franco , un «tahúr del Misisipi» con Suarez, un José María Rebuznar refiriéndose al Faraón . Rajoy bastó con el M punto Rajoy que catearon los jueces . Para Feijoo lo de Frijolito Mopongo se quedó corto, y para Abascal lo de Sanvago se quedó largo, y muchos se enrocaron en el Fachascal. Todos, motes y adjetivos menos tabernarios y más civilizadamente ocurrentes que los que manejan estas tramontanas derechas que, ineducadamente, hoy día, vocean contra los líderes legítimos, y que a muchos ciudadanos nos avergüenzan. El Boinas y su dialectica de tasca honrada me han abochornado la mañana de relajo. Ahora, que ya sé a quien votaré ,me olvidaré de las botas de un impresentable que nos acaba de visitar y que sorprendentemente está legitimado en su país por las papeletas. El vértigo perro les asusta incluso sin el guau y sin mover la cola. Dice una canción cubana con ritmo vacilón: «Cuidao con el perro que muerde callao». ¡Pues eso!.















