“La política debería ser la profesión a tiempo parcial de todo ciudadano”. Eisenhower
El excremencial magma que disfruta el totus revolutum pepero no es muy diferente al que ya nos gozamos en tiempos pasados. Todavía aquellos ecos del “Váyase usted señor González” sobreviven en el poso de nuestra memoria. Los batracios del PP y del PSOE, siendo igual de repugnantes en aquel entonces y en este ahora convulso, mantienen el tablero solo con las torres y los caballos peleando. Los peones no se mueven por desidia y desafección, pese a que los alfiles alimentan la batalla cargados de razones y de empujones dialécticos. Los peones se mueven cojitrancos y aturdidos. Reaccionan demasiado poco, y poco urgidos se consuelan en esa resignación que alimenta cuatro años de sopor ojiplático, de sobresaltos y de abolladuras. Esto de legitimar en las urnas a los candidatos, cada vez se nos hace más cuesta arriba. La verdad contada por las reinas, mezcla el blanco y negro del tablero en una gama de grises inclasificable, y como “no hay más cera que la que arde”, el brillo brilla por su ausencia. Barrionuevo fue el primero de la lista de ministros enchironados, y cumplió entre sus dos estancias un año de prisión. Por la misma época Roldan se enchufó a una década de Pensión Reja. Rubio, el puto amo del Banco de España, que firmaba los billetes en curso, cascó de probablemente vergüenza aguda antes de ser encerrado. Más de una docena de ministros de Aznar fueron juzgados por corrupción. Rato se zumbó un ratito de tres años preso, y Zaplana un parto dulce de solo 9 meses a la sombra. Jaime Matas se zampó con patatas tan solo dos añitos y medio. Los demás, con más gloria que pena, gracias a unos jueces muy patriotas, no pisaron el trullo. En los arrimados a la trama de ese tal M Punto Rajoy, todos se pringaron, según dice la sentencia del Supremo que presentaba al PP como «asociación constituida para delinquir». (Las ranas de Aguirre merecerían un capítulo más largo que una telenovela turca). Mientras estas caras picardías se trabajaban a cascoporro mediático los ERE del PSOE que tenían tambien tela marinera que cortar. Ahora esperamos sentencia poco ligera para el ministro Fernández, la policía patriótica, el caso Kitchen y otras zarandajas graves de escandaloso contenido como la que se avecina con Montoro. Al Ábalos entalegado, no sabemos si le darán mucha o poca posada antes de la libertad para que siga de puteríos, pero, vistos los anteriores casos de manguriruleo y de torticería en el desarrollo en tiempos para altos cargos, seguro nunca serán lo suficientemente ejemplarizantes. A la perversa atracción sexual, romántica y posturera que despiertan estas élites de peso gordo con estatus alto, autoridad rentable, fama mediática y buen sueldo, estos impresentables suman una muy preocupante creencia en su sólida impunidad, que es aplaudida siempre por sus compañeros de bancada. Ninguno es capaz de reconocerse chorizo por afición o por avara enfermedad cuando el destino, bien trabajado en las trapacerías del medrar, pone en sus manos la posibilidad de rapiñar nuestros dineros ciudadanos para estallarlos en sus caprichos, en sus elucubraciones o en sus oscuras aficiones. Las largas listas de casos que patean los tribunales judicializando la política nacional llenarían muchas bochornosas páginas. ¿Tan “rinconetes y cortadillos” somos los españolitos, o nuestra alma de españolistos se eleva en función del mérito oficializado? ¿Padecemos un brote maligno de kakistocracia -kakistos (el peor) y kratos (poder)- en los partidos que, por lo vivido, seleccionan sujetos de confianza entre los peores ciudadanos o los menos aptos y preparados, o con los de la ética más sucia y la moral más cochambre? ¿Somos tan idiotas y tan ingenuos que los votamos y además les pagamos? ¿Por qué, a veces se hace bola la democracia? Cómo combatir el desencanto social, la apatía y la papanatía política, la distancia entre los partidos políticos y los problemas reales, la desafección a raudales , el pasotismo de bandera… Las élites parasitarias y su excremencial magma nos quieren alejar de la política, que no es otra cosa que una imprescindible acción ciudadana, encaminada a la toma de inteligentes decisiones en grupo y la sana actuación del poder, para democráticamente organizar la vida en sociedad, gestionando lo público con honradez. No es ninguna utopía y no hemos de caer en las redes dialécticas de quienes, amparados por estos escandalosos casos, pretenden auparse sobre una dialéctica bárbaramente interesada, donde esa mentira del “todos son iguales” prima como consigna. No son todos iguales. Y todos sabemos quiénes son los que de verdad tratan con mayor o menor fortuna satisfacer las necesidades ciudadanas, y quiénes están en contra de ello por sistema. La política es la actividad humana orientada a la toma de decisiones en grupo, la gestión de los asuntos públicos y el ejercicio del poder para organizar la vida en sociedad. Algunos, -sabemos quiénes-, defienden los servicios públicos, los derechos laborales, los impuestos justos, el medio ambiente … otros, -sabemos quiénes- empeñan sus esfuerzos en las privatizaciones, en las rebajas fiscales a las grandes fortunas y las grandes empresas, en la desregulación, en la flexibilidad laboral … El descredito institucional que han provocado la frecuencia de tantos infames casos es el machacón instrumento eficaz para desmovilizar a los peones que vagan de a poquitos por el tablero, saltando de mierda en mierda, mientras reyes y reinas se enrocan es sus falacias, los alfiles, que valen por tres peones, funcionan solo en diagonal, y los caballos abusadores siguen con la discutible capacidad de saltar por encima de “las cualquieras otras piezas”, ya sean de su propio equipo o del rival. Así están las cosas, miradas con la presbicia gerolescente de este escribiente con mucho más pasado que futuro. Asi de turbias en la corriente del pasar la asfixia incendiaria de este Agosto constante que ocupa el año entero …de una putísima vez. Ya estamos con el agotamiento más quemados que el palo del churrero esperando un chaparrón..













