Dentro de programa anual de catástrofes y calamidades aunque deslucida por la ausencia de Su Majestad ha quedado inaugurada la temporada de incendios.
Esta vez en el pavoroso de Almería hay que lamentar terribles desgracias personales y no solo daños en nuestro patrimonio natural, residencial e infraestructuras. Todos los años nos vemos obligados a repetir la misma cantinela. Además de las condiciones climáticas habituales en la Península Ibérica con su déficit hídrico estival con la que siempre hay que contar, gran parte de los incendios se deben a la acción antrópica por terrorismo, especulación con terrenos, imprudencias, venganzas o al pirómano sospechoso de turno. Agravada por una infames políticas “ecologistas” cínicamente calificadas de sostenibles que influyen de modo catastrófico en la gestión de los montes, la ganadería y la agricultura. Se ha explicado ya tantas veces que no merece la pena insistir aquí.
Aparte de la incompetencia y corrupción política con su trastoque de prioridades o de mantener bloqueados cientos de millones de euros, una de las causas antrópicas más comunes de los incendios es la especulación con los terrenos para construcción, minería o ahora también para la instalación de cachivaches eléctricos para lo que no se perdona ni la expropiación para perpetrar la tala de olivares centenarios, uno de los cultivos tradicionales sociales emblemáticos de nuestra cultura que contribuyen a la conservación del patrimonio natural y la lucha contra la erosión.
Una forma de que los invasores se ganaran la paguita que disfrutan a costa de los trabajadores españoles es que participasen de modo obligatorio en la extinción. No obstante, entre partido y partido de balompié el incendio es televisado en directo como un “reality” para que no se diga que no hay interés en entretener al distinguido público. La lamentable izquierda en vez de intentar hacer algo bueno quizás tenga la oportunidad de otro «Mazón».
Para colmo apenas se disponen de aviones para la extinción. Si el demostrado celo de nuestras heroicas autoridades en crear chiringuitos, cloacas y arrebañar presupuestos se dirigiera al buen gobierno otro gallo, o gallina nos cantaría. En efecto, se ha publicado que actualmente no quedaría ningún helicóptero de fabricación rusa operativo en España para la extinción de incendios. La flota de eficaces helicópteros Kamov (modelo Ka-32) que operaba habitualmente se encuentra inmovilizada en tierra. Esta inmovilización se debe a las sanciones impuestas a Rusia por la diabólica comisionista Von Trinken con la consecuencia de impedir tanto el desplazamiento de técnicos rusos para realizar las revisiones de seguridad como la adquisición de piezas de recambio para su mantenimiento.
Y hablando de aviadores y aparatos de aviación es justo reconocer que don Felipe está ocupado en cuestiones mucho más importantes que estas minucias del populacho. Así la concesión a su hija mayor, la señorita Leonor, de la Gran Cruz al Mérito Aeronáutico. Nada más y nada menos, algo de extraordinaria justicia borbónica, nadie con más mérito, ni Juan De la Cierva, ni Ramón Franco, ni García Morato, ni…
Desde luego es preciso reconocer que la señorita Leonor lleva una carrera militar meteórica, en verdad asombrosa con dominio prodigioso de todas las modalidades bélicas lo que le avala como futura capitana general de nuestros ejércitos desplegados por esos mundos de Dios, urbi et orbi. Ni Alejandro Magno, ni Hernán Cortés, ni Napoleón, ni el mismo caudillo sin ir más lejos acaso pudieran igualar su singular trayectoria militar. Hace poco, ayer como quien dice, era caballero cadete en Zaragoza, luego voluntariosa grumete en el Juan Sebastián Elcano y ahora audaz alférez aviadora capaz de volar en solitario y sin estrellarse sobre las apacibles aguas del Mar Menor en Murcia.
Pero, como a ciertos generales de la extinta URSS, a doña Leonor no le van a caber en su noble pechera tanta condecoración. Dentro de su vasta colección de condecoraciones civiles y militares cabe citar, entre otras:
Gran Cruz del Mérito Aeronáutico con distintivo blanco (2026): Concedida en la Academia General del Aire de San Javier.
Gran Cruz del Mérito Naval con distintivo blanco (2025): Otorgada por su paso por la Escuela Naval Militar de Marín.
Gran Cruz del Mérito Militar con distintivo blanco (2024): Recibida al finalizar su año de formación en la Academia General Militar de Zaragoza.
Insignia de la Orden del Toisón de Oro (2018): La condecoración más alta de la Corona española, entregada por su padre, don Felipe VI.
Collar de la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III (2023): Otorgada por el singular logro de alcanzar la mayoría de edad.
Medalla de Oro del Congreso de los Diputados (2023): Concedida durante el acto de jura de la Constitución.
Sin olvidar las concedidas por las onerosas taifas que desean lisonjear a la Real Casa.
Medalla de Aragón, Medalla de las Cortes de Aragón y el título de Hija Adoptiva de Zaragoza.
Medalla de Oro de la Región de Murcia, Medalla de Oro de la Asamblea Regional y nombrada Hija Adoptiva de San Javier.
De modo que aunque tengamos la parte más eficaz de la flota de lucha contraincendios inoperante por razones políticas o cientos de millones inutilizados por el caos institucional, los buenos súbditos no podemos menos que congratularnos porque la heredera nos haya salido tan lista y digna continuadora de la dinastía.














