En esta pereza moderna en modo summertime de wallapop agostado que nos apremia desde las portadas de los periódicos, destacan tres momentazos : el fuego nunca del todo extinto, el salto migratorio de Ceuta y el ático de IDA. Todo lo demás es relleno. Incluso la opinión más repensada sobre esos tres hitos periodísticos de actualidad. La fragilidad de nuestras meninges ante la frivolidad de los reiterativos mensajes, y la fría respuesta que supone para nuestros intereses ciudadanos, es asombrosa. La realidad como espectáculo polarizador nos ha vencido. Somos simples consumidores de relatos, sin capacidad para retorcer los meñiques de la actualidad que digerimos con una parsimonia extrema que, a veces, nos canibaliza y otras nos repatea lo ojiplático, sin piedad. El común de estos abusos informativos, amén del deseo torticero de quien paga la tinta, es la frescura sumada a la técnica inmediatez y sobre todo el entretenimiento, aunque sea servido templado en bandejas de sólida indignación. Andamos torpemente cabreados con las noticias que nos muestran la miseria y la falsedad con la que fustigan nuestros ya maltrechos despojos de humanidad. Poquito, poquito de Gaza. Una pizca de Ucrania. Una salsita de Ormuz. Un chascarrillo demoledor de política nacional, sorprendida de que un políglota gallego con apellidos frijolísticos pretenda hacer valer su amor a esa -España de solo los suyos-, que añora presidir desde su abismo, poniendo a parir -la España de todos- en veinte foros internacionales, que se ponen de perfil para recibir su bestial y cateta propuesta de vergonzoso «despliegue masivo» contra un Marruecos consentidor. No sabremos, porque no nos lo cuentan, si lo hace esta vez travestido de internacional Gusiluz, de global Kalipo, de arrastrado Frigopie o de mundial Lays con sabor a grelos con lacón de cerdo graso. Sí sabemos que a Sánchez le animan, con tirones de oreja desde Europa, a disfrazarse de Frozen y cumplir la profecía de esa condena al reino paralelo de Arendelle (léase nuestro país) para vivir en un invierno eterno. ¡Con la que está cayendo! Qué gélido hechizo de cuentacuentos nos toca soportar a los ciudadanos con estas patuleas incongruentes, y qué poco futuro tiene la verdad en las rotativas principales, en las macroeditoriales, en las televisiones que hacen su espejo más cóncavo o convexo según que vientos catódicos corran, y en las radios que cada vez acusan más su bien pagada afonía estival. La cita más famosa del aburrimiento la clavó el filósofo Friedrich Nietzsche: «¿Acaso la vida no es mil veces demasiado corta como para aburrirnos?”. Después, seguro, se tomó un tinto de verano bien cargado y se entregó a la desidia, la dejadez y la galvana de pensar en lo humano que no tiene cabida en las escaletas de los noticiarios brilli-brilli que monean los medios. A mí, no sé si a ustedes, me reconforta pensar en las negras portadas del eclipse que tampoco será para todos un -motivo ecuménico del observar- esa absurda anormalidad que nos invitará a mirar al cielo durante seis minutos de cosmológica oscuridad.












