“SURREALISMO: Automatismo psíquico puro por cuyo medio se intenta expresar verbalmente, por escrito o de cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento. Es un dictado del pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o moral.”
La visita de Prebost nada más empezar y si perjuicio de lo que suceda después, ya está ofreciendo momentos surrealistas y de sano cotilleo no exento de jolgorio que pone una necesaria nota de humor aunque sea negro a la calamitosa situación del reino otrora católico. Y hoy degradado a necesitada tierra de misiones tras medio siglo de pertinaz Monarquía que ha arrasado la antigua fe tanto como la superstición democrática. Una distopía ajena a toda estética o moral.
En efecto, de negro como agorera ala de cuervo “nevermore” iban don Felipe y sus retoños tanto la sufrida menor, al que algunos llaman “la Malquerida”, como la heroica paracaidista. No en cambio su señora que osaba audazmente vestir de blanco como si fuese una auténtica reina católica. Una familia muy unida y ejemplar. Sin embargo, se echa en falta la allí a la que sin duda ha venido demostrando más espiritualidad afín al Cristianismo, doña Sofía, la reina emérita, El quinteto con Prebost formaba una imagen surrealista. Bien es sabido que la consorte hace gala, y así se ha publicado reiteradamente, de ser atea, casada infiel, de moral distraída como se decía antes.
Pero hay algo que llama la atención entre los que creemos no haber perdido, al menos del todo, nuestra capacidad de comprensión lectora. Me refiero al Código de Derecho Canónico que en su canon 1397. 2 establece que «quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae». Blanco sobre negro, para el que no lo sepa, tal latinajo significa: de modo automático o sin necesidad de declaración expresa. Que quede claro que yo no juzgo el caso, simplemente me limito a exponerlo, porque me parecen mal los privilegios. Si la Iglesia no se atreve a hacer cumplir sus propias normas a los poderosos mejor es suprimirlas para todos. Pero mientras lo súbditos no se rebelen el Poder se manifiesta imperturbable a lo que dijeren leyes. Hace lo que le que en cada momento le parece que para
eso es el Poder y al que no le guste que se aguante. Don Quijote en vez de para el buen Sancho gobernador acaso debiera haber guardado mejor sus sabios consejos para el señor cura en relación a las leyes: “si las hicieres procura que sean buenas, y sobre todo que se guarden y cumplan, que las pragmáticas que no se guardan lo mismo es que si no lo fuesen, antes dan a entender que el príncipe que tuvo discreción y autoridad para hacerlas no tuvo valor para hacer que se guardasen…”
Otro ateo declarado, burlador de la constitución, cínico promotor de conspiraciones contra las instituciones del reino e iconoclasta perseguidor de símbolos cristianos, hizo alarde de mañas y maniobras para hacerse la foto con Preboste que requerirían de todo el ingenio valleinclanesco para describirlas.
Prebost ha venido a soltar sus sermones que esperemos no sean émulos de los de Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes, rescatados para la prosperidad por el Padre Isla. Ni que tampoco pretendan doblegar la voluntad nacional en lo que se refiere a mantener su dasein o identitaria forma de ser histórica española incitando al suicidio con el arma mortal de una barra libre para inmigrantes sin control.
Consejos vendo que para mí no tengo. El Estado Vaticano ejerce un control férreo de sus fronteras para que allí no se cuele una mosca, incluso han aumentado las multas y hasta penas de cárcel para quienes entren ilegalmente. La CEE no lo sabe pero en España existen más de ocho mil casas parroquiales e innumerables palacios episcopales u otros inmuebles y dependencias que pudieran acoger caritativamente como se predica a invasores menesterosos. Pero una cosa es pedir y otra dar trigo.
Ahora bien, para mejor comprender esta visita entre tanta hipocresía también nos podemos ayudar del famoso Manifiesto Surrealista de André Bretón:
“El surrealismo poético, al que consagro el presente estudio, se ha ocupado, hasta el actual momento, de restablecer en su verdad absoluta el diálogo, al liberar a los dos interlocutores de las obligaciones impuestas por la buena crianza. Cada uno de ellos se dedica sencillamente a proseguir su soliloquio, sin intentar derivar de ello un placer dialéctico determinado, ni imponerse en modo alguno a su prójimo. Las frases intercambiadas no tienen la finalidad, contrariamente a lo usual, del desarrollo de una tesis por muy insustancial que sea, y carecen de todo compromiso, en la medida de lo posible. En cuanto a la respuesta que solicitan debemos decir que, en principio, es totalmente indiferente en cuanto respecta al amor propio del que habla. Las palabras y las imágenes se ofrecen únicamente a modo de trampolín al servido del espíritu del que escucha”.
Una especie de diálogo para sordos. Todos a soltar su rollo y aquí no ha pasado nada.
“Después de haber instruido proceso a la actitud materialista, es imperativo instruir proceso a la actitud realista. Aquélla, más poética que ésta, desde luego, presupone en el hombre un orgullo monstruoso, pero no comporta una nueva y más completa frustración. Es conveniente ver ante todo en dicha escuela bienhechora reacción contra ciertas risibles tendencias del espiritualismo.
Y, por fin, la actitud materialista no es incompatible con cierta elevación intelectual. Contrariamente, la actitud realista, inspirada en el positivismo, desde Santo Tomás a Anatole France, me parece hostil a todo género de elevación intelectual y moral. Le tengo horror por considerarla resultado de la mediocridad, del odio, y de vacíos sentimientos de suficiencia. Esta actitud es la que ha engendrado en nuestros días esos libros ridículos y esas obras teatrales insultantes. Se alimenta incesantemente de las noticias periodísticas, y traiciona a la ciencia y al arte, al buscar halagar al público en sus gustos más rastreros; su claridad roza la estulticia, y está a altura perruna. Esta actitud llega a perjudicar la actividad de las mejores inteligencias, ya que la ley del mínimo esfuerzo termina por imponerse a éstas, al igual que a las demás.”
Si la cosa siguiese así me temo que la estancia del jefe de Estado Vaticano se olvidará como nube de verano pese a alguna mojadura que otra, truenos y centellas incluidos. Una hipócrita ostentación del Poder. Los materialistas y los realistas en su embrollado turnismo liberticida volverán a lo suyo que, con visita o sin ella, es lo contrario de lo nuestro, y ajeno a toda preocupación estética o moral.













