Las cifras no tienen corazón y la elemental aritmética esta enrocada en simples operaciones que no necesitan ni tienen discusión. A quienes podrían plantar cara a una políticamente mediocre y retrógrada derecha nacional, el grano en el culo de Podemos se les ha enquistado por esa incongruente lucha de egos tan vergonzosa como ineficaz en estas tan ajustadas y controvertidas elecciones. Tener un sólido frente amplio se ha diluido en esa pretensión fracasada de una -única papeleta-, que habría de ser esperanzadora y combativa. La estúpida y abismal querencia del control de un relato final ha eviscerado la posibilidad real de sobrepasar las penurias de todo tipo que nos acechan. La vuelta al pasado más gris e injusto está al caer porque unos “señoritos y señoritas del pan pringao” se revuelven en la posición de atornillarse en sus sillones y cuajarse en sus nóminas generosas. Lo vendan como lo vendan los morados, es una decisión errónea y nada constructiva que desarma la posibilidad de soñar, porque esta división produce insomnio y apretaduras anales en grado de urgencia clínica. La histórica desunión de las izquierdas de esta España cainita y con faltas graves de rodadura democrática, una vez más, ha quedado en bragas peladas y sucias ante la opinión mundial que nos veía mucho más inteligentes y preparados para alcanzar un grado homologable de lo que vendría a llamarse cordura social aplicable. En estos vergonzantes juegos de tronos pacotilleros, quien ha salido ganando es la estulticia, que siempre es desmovilizadora, y la vergüenza poco torera de la desunión. Las propuestas para mejorar las vidas de los ciudadanos en este guirigay de siglas, incapaces de pactar un acuerdo intachable, quedan en un limbo que los de a pie consideran resbaladizo o falto de solidez estructural a la vista de las decisiones de sus posibles legítimos líderes. La coherencia se está echando una siestecita en brazos de los díscolos, y la inquietud recorre las pobladas avenidas de los humildes bajo una lluvia de incertidumbres. La remolona -izquierda de la izquierda- ha tenido un bochornoso comportamiento que, casi con seguridad, enfriará las urnas. Con la fortaleza electoral de una papeleta única se han limpiado “estos” “aquellas” sus partes y, bien sucias, algunos esperamos-deseamos que no sirva además para limpiarse infectando las sangrantes heridas de la batalla. “La gran decepción” sería un buen título para un film bodrio protagonizado por esa patulea de -egos egoístas-, a quienes más allá de sus estrategias personales colocan ojipláticos a todo un pais, casi resuelto por principios a ser ejemplar en lo progresista, en lo humanista y en lo histórico. Tras la danza del entusiasmo suele bailar el desengaño, y tras este, el corro de danzantes, con las manos unidas, se dejan golpear por las olas de la misma playa que unas veces ahoga a los que no saben nadar y otras a los que no aprendieron bien a respirar.
















