La gran indigencia moral de esa parte de la derecha que ha tratado de ningunear, tergiversar y enfangar el fenómeno Maricarmen, construyendo variopintos relatos de dudosa veracidad torticera, con mordaz aplicación en su contra, dan para reflexionar largo rato. Nos acosa un problema de falta de empatía convertida en odio furibundo con el que bombardean nuestras meninges, desacreditando la lucha por un justo derecho a la vivienda, desde sus medios, y es casi imposible defenderse aún cargados de razones preñadas de bondad, de corduras irrefutables, de leyes protectoras y de escudos sociales. ¿Cómo en la España generosa y solidaria se han propagado estos tumores? ¿Cómo se ha logrado insensibilizar a tanta gente frente a los desahucios y frente al estado de imposibilidad de los jóvenes para construirse un futuro bajo techo? ¿La infame radicalidad de un podrido argumentario falaz nos ha trastornado? ¿El deseo de asesinar un símbolo les da carta blanca para desparramar apreciaciones, gestos impropios de humanos y consignas envueltas en animadversiones? ¿En qué caldo social chapoteamos hacia un posible futuro donde puedan ser sanas las ideas colectivas en beneficio de todos sin excepción? La psicopatía más enfermiza está intentando guiar los pasos de esta sociedad a la mierda del barranco donde todo vale. Se pregunta el relator especial de la ONU para vivienda, sobre Maricarmen: «¿Cuánta rentabilidad compensa tanta crueldad?» Y la respuesta cada cual puede empaquetarla como mejor o peor desee, pero, ¿no sería recomendable hacerlo con la conciencia limpia de humano lejano al bestia mono que todavía nos habita como especie en evolución? La materia de la historia es la evolución, y si está tomando la dirección equivocada ¿no hemos de rebelarnos y situarnos en su lado correcto situado cartográficamente dentro del espacio donde todos podamos vivir sin empujarnos? El peor error de la historia es que se repite y tenemos muy cercanas las experiencias de opresión y miserias que han conformado el mundo de corazón herido que nos ha tocado vivir. La oportunidad de hacerlo mejor está en nuestras manos, y el odio no las sirve como herramienta de construcción, porque mientras alguien sea capaz de odiar contemplará pesadamente sobre los dedos la absurda facilidad para cavar su propia tumba, allá donde la desdicha pueda acomodarse a codazos. El refugio en el patriotismo ya es un modus operandi activo de estos perros haters profesionales, que han alcanzado primera fila entre los políticos más arrimados a la batalla por un relato envenenado. Sus amos, los filibusteros de la explotación desalmada, están encantados con esos ladridos que intentan amedrentarnos. El pienso para alimentarlos es un producto muy barato, compuesto de cobardías, que dicen fomenta lo gregario y les inmuniza contra el desprecio. Me dijo un amigo paseando el otoño casi como en secreto: -¿La absoluta banalidad del mal será motivo suficiente para que su Dios se lo pague? Su esposa que estaba de zancada lenta en la conversacion añadió: -Seguro que no tendrá humor suficiente para perdonarles los pecados a estas ruinas humanas. Nos despedimos cordialmente posando blandas hojas ocres y pensé mientras me alejaba que en esta semana repleta de barbaridades vendría a cuento el final de un frio poema de la flamante canadiense nueva Premio Nobel Anne Carson:
¿Qué cuchillo desolló
esa hora?
Hundió las boyas.
Sopla sobre lo que fue nuestra casa.
Nada que hacer solo rema.















