¿Charlarían ustedes frente a una copa de vino con Feijoo o con Abascal durante más de tres minutos sobre la inteligencia artificial; sobre la música actual; sobre las nuevas tendencias en literatura y en la plástica; sobre la economía global; sobre la nueva geopolítica mundial; sobre la historia de Europa o la de España; sobre las últimas producciones de cine en nuestro territorio o sobre el sexo que ahora está poniéndose de moda? ¿Serian ustedes capaces de asombrarse de la inutilidad de sus argumentos aleccionados y soltados de vaga memorieta, dictados por unos asesores con una indigencia cultural, social y moral de profunda dudosa solvencia, a la vista miope de sus discursos? Feijooo es un soso impostado en chulángano nacido para clavo con ínfulas de martillo, y Abascal es un pecho tordo vacío de imaginación que no se sustente en el gasolinazo del odio y la coz. Ambos son incapaces de articular un discurso empático y socialmente aleccionador, más allá de los exigidos asentimientos bovinos para su parroquia, que no se inmuta por la falta de rigor ni por el nadismo ni el nonismo de sus argumentos, que surcan un oscuro espacio de interrogaciones torticeras y parvedades sin fundamento de solución para ninguno de los grandes y preocupantes temas de nuestro pais. En la falta de proyecto que acusan desvergonzadamente, cuando visitan lo público o cuando se explayan en lo privado que se hace público, han encontrado su nicho electoralista entre fulerías y exabruptos, ayudando, sin querer, a ese PSOE que suponen herido de muerte. Por eso ese Perro Xanchez, tan vituperado, les arrolla en el -tú a tú- sin ser un figurín político, ni un intelectual de peso, ni un Casanova de amplio capote, ni tampoco un golosón cantamañanero. Les atropella, sin despeinarse, con más facilidad que la tabla del uno, desde una guapa impostada -inocencia molesta-, abonada a lo “para todos los públicos”, que a muchos nos desagrada con o sin razón. Es un superviviente nato con el que se podría chatear un par de horas entretenidas, en esa resiliencia automática a prueba de bobos, que le dan la contra por sistema, y que lucen las cicatrices de desastrosos alegatos ineducados contra su persona y familia como medallas de honor fabricadas con chapas de refresco barato en chiringuito playero un día de tormenta arenosa con ventarrón húmedo. Lo pegajoso es su peor defecto entre la patulea del coro gañán tan inflado de odios. Resulta que, incluso para echarse un trago con alguien, se necesita tener unos mínimos conocimientos, de los que estos sujetos dan constante prueba de ausencia, y así le regalan una ventaja dialéctica incuestionable al que es tan altamente considerado en todo el planeta con suficientes motivos. Son ellos, gentes de vinos caros, que no resisten la juventud de los vinos de poca añada, porque dicen que van malmaridados con las carnes de vaca vieja y madurada. Esa carne-chicha dulzona, rica en proteínas de alta calidad y aminoácidos esenciales-, que las grandes mayorías sustituyen por el pollo, el cerdo blanco y por el pescado congelado del Ahorramás, donde habitan dignos vinos sorpresa de menos de seis euros. Y así, en bodega de currante se pueden leer con regocijo, en pdf, los grandes ilustradores de la ciencia, los grandes literatos, los grandes filósofos y las noticias, mientras en los exclusivos Lagares Premium lo rancio y mohoso encuadernado se pudre en rincones con anaqueles sobados y entelarañados por el abandono a los clásicos, que, en su temprana educación, seguro tuvieron como obligatorios y han hecho todo lo posible por olvidar. Si alguien tiene la oportunidad de toparse, copa en mano, con estos sujetos engañabobos o con cualquiera de su parroquia de mantenedores paniaguados háganse el favor de solo hablar de deportes, para poder mantener un coloquio que discurra exclusivamente en defensa de la camiseta que uno, por vaya usted a saber por qué motivo, tiene adoptada. “El deporte tiene el poder de transformar el mundo. Tiene el poder de inspirar, de unir a la gente como pocas otras cosas”. Lo dijo el Mandela que se fumó tres décadas en prisión. -Hablando se entiende la gente- es un mal refrán. Cuando habla la gente es cuando más posibilidades tiene de confundirse, pero si es de por ejemplo futbol, confundirse no tiene ningún tipo de repercusión social y sirve para “pasar el rato”. Lo importante es no aburrirse con el verbo y, sobre todo, no rebuznar ni dejarse rebuznar en la conversa. Otra cosa fundamental para el buen socializarse es no hablar de tragedias de trenes, de barcos, de aviones o de catástrofes naturales. Sacar a relucir los 65 militares muertos de mala manera en el Yak y asociarlos a Trillo ; los hilillos del Prestige y los 80 cadáveres ferroviarios de Angrois en época M punto Rajoy ; las casas desaparecidas del volcán con Sanchez, las arrasadas por los incendios con Aznar, con Zapatero, con Rajoy y con Sanchez; los más de siete mil ancianos arrojados a la fosa en la pandemia por I.D.Ayuso; o los más de 200 ahogados en la Dana de Valencia, que gestionó de risa en risa Mazón desde un bareto de toqueteos, bien acompañado. Está considerado de pésima educación. El asunto de los responsables tiene unas cortantes aristas afiladísimas, que harían sangrar a chorro cualquier charleta. Y el carroñero deporte de buscar culpables no figura entre los que Mandela relató como indispensables en el pasado siglo. No son temas simples y banales o de filosofía doméstica que fomenten “la buena armonía en el debate” que, por lo visto y sufrido, ha perdido irremediablemente su momento de moda. Sócrates, que convirtió el diálogo y la plática cara a cara, «face to face» (como adverbio o como adjetivo),en su mejor herramienta de enseñanza y búsqueda de la verdad, no tendría ni siquiera un mísero blog de libre acceso en este momentazo de acémilas y desmanes hiperventilados al por mayor.













