Capítulo 1. Dióxido de cloro: ¿Ángel o demonio? ¿Estafa o descubrimiento médico?

Que conste en acta que ni estoy en contra ni a favor del uso del CDS o dióxido de cloro frente al Covid-19. Pero lo que no puedo permitirme como periodista es mirar hacia otro lado cuando profesionales de la medicina con años de experiencia dicen o declaran que ellos lo utilizan en sus pacientes y que, teniendo el coronavirus, en pocos días están bien. Y eso es lo que está pasando, que las autoridades sanitarias españolas, europeas y americanas utilizan el desdén a la hora de valorar la labor de estos profesionales. Y claro, yo me pregunto por qué. Dicen que es tóxico, que daña diferentes órganos, pero no se conoce un solo caso que invite a pensar que sea así.

Hasta ahora, ¿qué hemos conseguido para parar el coronavirus con toda la maquinaria farmacéutica a nuestra disposición? Hay una competencia feroz entre páises y empresas farmacéuticas, tener los hospitales a rebosar durante los ataques más furibundos del Covid-19, y un medicamento, el Remdesivir, que al parecer reduce en 3 días el tiempo de estancia de los pacientes en los hospitales. Muchos no lo sabrán, pero el Remdesivir cuesta en España la friolera de 2.079 euros y los hospitales lo utilizan en pacientes graves. Lo que sí se sabe, se anunció a bombo y platillo, es que, hasta la fecha, la Comisión Europea ha comprado 30.000 unidades de este producto, lo que nos ha costado a los europeos la friolera de más de 60 millones de euros. Todos ellos para beneficio de la farmacéutica ubicada en California Gilead Sciences.

Bruselas concedió a Gilead en julio un permiso condicional para la venta de Veklury, nombre comercial del Remdesivir, en la UE. “Este tipo de autorizaciones son concedidas a medicamentos con beneficios derivados de su uso que compensan el riesgo que supone que haya menos datos de los que normalmente se exigen para las licencias completas”, leemos en www.elconfidencial.com. O sea, que dado lo que estaba lloviendo, el virus se extendía como una maldita plaga por toda Europa, Bruselas tragó con un medicamento del que no se conocen o no están contrastadas sus últimas consecuencias. “El acuerdo es otro paso importante en nuestra lucha para superar esta enfermedad”, anunció la Comisaria de Salud europea Stella Kyriakides, y la EMA le ponía a Gilead de plazo hasta diciembre para demostrar todas las cualidades de Remdesivir. Conclusión: pagamos 63 millones de euros por un producto del que desconocemos todos sus perjuicios, y al dióxido de cloro lo tiramos al camión de la basura basándonos en argumentos cuanto menos cuestionables porque en Bolivia, único país en el mundo que lo ha autorizado, lo están aplicando con éxito.

Otros datos importantes los aporta el director de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, quien aseguró en rueda de prensa que habría que gastar 100.000 millones de dólares para fabricar y distribuir las vacunas del coronavirus por todo el mundo. A los que hay que añadir, además, a estas alturas, que “los países del G20 – matizó Adhanom-, llevan gastados en estímulos fiscales durante la pandemia 10 billones de dólares”. Un bonito eufemismo el de estímulos fiscales para evitar hablar de ruina. Las economías europeas y latinoamericanas con la pandemia se ha desmoronado.

Con lo que cuesta una sola unidad de Remdesivir trato yo a 1000 pacientes con dióxido de cloro”, advierte por su parte el médico mejicano Manuel Aparicio. Y a los pocos días, además, a esos pacientes el mejicano los pone en la calle, o los cura en su propio domicilio, por lo que tampoco tienen, la mayoría, gastos de estancia en los hospitales, gastos que paga la Administración y que son muy elevados, por cierto. Este doctor asegura tener documentados más de un millar de casos de pacientes recuperados con CDS, Chloride Dioxide Solution, en su clínica de México DF. ¿Ha ido por allí a ver qué hay de real la FDA, la OMS, la EMA, nuestra flamante Comisaria de Salud, la chipriota Stella Kyriakides? Por supuesto que no, pero el pasado mes de julio, como hemos visto, la Agencia Europea del Medicamento (EMA) corría para autorizar en Europa el Remdesivir, fármaco que podría tener algunos efectos secundarios indeseables en los riñones.

La doctora Teresa Forcades

¿Tiene efectos secundarios el CDS? “Ninguno. Al contrario – dice tajante el también doctor mejicano Pedro Chávez a la revista digital www.madridmarket.es -. Hay que distinguir entre lo que es un efecto secundario y una crisis curativa. Si toman un antiinflamatorio, un analgésico, porque tienen un dolor crónico en el hombro, y van a tener una gastritis medicamentosa, ese es un efecto secundario. Si toman muchas sales de hidróxido de aluminio porque tienen gastritis, a la larga les va a provocar cuadros de litiasis renal, cálculos en los riñones, es un efecto secundario. El dióxido de cloro tiene una toxicidad en microorganismos, se llama biotoxicidad, de cerca de 200 tipos de bacterias, virus y hongos, porque no solo se ha mostrado su toxicidad en el coronavirus sino en diferentes tipos de virus, bacterias y hongos. Muchas personas llevan años viviendo con esos microorganismos y se acostumbraron a vivir con ellos. Viven cansados, de mal humor, no duermen, son exagerados en el consumo de harinas, azúcares y lácteos, tienen un cuerpo tóxico. Pero cuando empiezan a tomar el dióxido esas colonias de bacterias, virus y hongos empiezan a morir. La parte sólida del microorganismo, por ejemplo cuando está en el tubo digestivo, se elimina por el excremento, pero la parte líquida del microorganismo pasa al torrente sanguíneo y tiene que ser eliminado por la vías naturales de excreción: el sudor, la orina, secreciones corporales. Esas sustancias de deshecho de los microorganismos muertos, llamémosle así, cuando pasan al torrente sanguíneo provocan un efecto que se llama crisis curativa, que una vez que se eliminan esas toxinas dejan de tener esa sintomatología en el cuerpo. Eso es lo que hemos visto, y llevo 10 años usando el dióxido de cloro. A estas crisis se las llama reacciones Herx Heimer y fueron descritas por primera vez por un dermatólogo alemán”.

La médico española formada en Barcelona, New York y Harvard, Teresa Forcades, dijo en la Universidad de Murcia, su conferencia está en Youtube y pudieron verla más de 60.000 personas, que la seguridad de este producto es muy elevada, por no decir total, y lo demostró con datos. Puesta a trabajar, Forcades no da pie a la especulación ni a la opinión, lo suyo son los datos. Para empezar, dice que la literatura médica le da hasta 6 nombres y siglas diferentes al producto del que nos ocupamos: MMS (Mineral Master solution), CDS (Chloride dioxide solution), ASC (Acidified Sodium Chlorite), NP001 (Clorito de sodio para administración endovenosa) y WF-10 ó TCDO (Tetracloro decaoxido). Pues bien, uno de ellos, el ASC, se utiliza para purificar el agua y para que los alimentos para consumo humano no puedan transmitir infección. Es decir, su uso nos beneficia a todos; por lo que hay que presumir, añade la médico, que “sus estudios deben ser de máximo nivel” y demostrarían que “sí conocemos cómo interactúa esta sustancia con el organismo humano” ¿Saben de quién es el informe que presentó Forcades en aquella ocasión? De la FAO y de la OMS, y es de 2007. La OMS siempre se ha manifestado contraria al dióxido de cloro del que dice es tóxico y que no hay evidencias científicas de sus efectos. Sin embargo, Forcades habla de otra sustancia, esta llamada NP001 o clorito de sodio endovenoso sin acidificar del que hay un estudio a doble ciego. El NP001 recibió en 2013 la aprobación de la EMA como medicamento huérfano para la Esclerosis Lateral Amiotrófica, ELA. En el estudio clínico que se hizo con este producto intervinieron la Clinica Mayo, el Massachussets General Hospital, la Universidad de Columbia…, y aunque no tuvo éxito sí demostró que no tenía efectos secundarios.

Hay pocos estudios, pero los hay, y la doctora aún quiso detenerse en otro que opera con las siglas TCDO o Tetracloro Decaóxido con el que se creó un medicamento llamado Immunokine, comercializado en Tailandia, en cuya universidad se han realizado estudios durante 30 años. “Se aplica a la cistitis hemorrágica hemorrágica post-radiación y en úlceras de pie diabético. También se aplicó en pacientes con SIDA en California, y con cáncer”, concluye Forcades.

Pero el establishment asegura que el CDS tiene fallos renales y hepáticos, entre otros. Cuando no dicen que no sirve para nada. O que es lejía, poniendo quien lo dice en entredicho sus conocimientos químicos o participando de un descrédito sencillo de orquestar, con la inestimable ayuda de algunos medios ávidos de llamativos titulares: “El curandero que cura con lejía”. ¿Quién se perdería un espectáculo así? La televisión le ha sacado partido a este asunto, y otros. La última, la Agencia EFE y El Independiente. Pero claro, debieron pensar los periodistas, si la OMC te envía un informe poniendo a caldo al dióxido de cloro en su tratamiento frente al coronavirus, y si lo firma, además, el doctor Pedro Hidalgo, presidente de los médicos de Badajoz… Resultado en titulares: “Los médicos contra la lejía milagrosa” que “cura” la Covid-19. “Es un desinfectante de superficies” (El Independiente).

La lejía, NaClo, señores y señoras, es el hipoclorito de sodio y no tiene nada que ver con ninguno de los componentes químicos del CDS y demás nombres con los que es mencionado en la literatura médica.

¿Quién tiene pues razón: los que dicen que el dióxido de cloro es una sustancia tóxica o sin utilidad o los que llevan años utilizándolo y aducen su fiabilidad, sobre todo y últimamente, en el caso del coronavirus? ¿Ángel o demonio? ¿Estafa o descubrimiento médico?

 

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3 Comentarios

  • Donde puedo conseguir cds en Madrid por favor.

  • Usando el Dióxido de cloro hemos ayudado a seguir con vida a más 80 pacientes en la Clínica Naturopatica, y en tres ciudades o provincias hemos ayudado a salvar vidas en conjunto con tres colegas a más, o menos a 1200 personas con covid o preparadas para ir a la otra vida, pero con el Dióxido de cloro hemos entregado nueva oportunidad de vida y felicidad a sus familias.

  • Con mi esposa, que es médico. hemos sacado adelante a más de 150 personas (19 graves) de neumonía atípica bilateral, 37 con prueba confirmada de anticuerpos vs SAR-Cov2.

    TODAS CON ClO2. Los casos graves también requirieron H2O2.

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