Las feministas de género consideran que la sexualidad infantil debe empezar a dirigirse desde la cuna

La Lay Trans se veía venir, pero estábamos demasiado dormidos para verlo

La Ley Trans de la ministra Montero no es más que el resultado de años de disparate, uno tras otro, que hemos ido dejando pasar, bien por comodidad o bien por estar demasiado distraídos con nuestras cosas, sin reparar que esto también era cosa nuestra. Antes de hacer una crítica a esta ley, que constituye el mayor ataque a la humanidad en toda su historia y que en breve será tramitada en el Parlamento, me tomo la libertad de reproducir parte de un capítulo de mi libro Déjame nacer[i], publicado en 2009. Desgraciadamente, en ese tiempo dibujé una realidad que se estaba gestando y que ahora aparece en forma de monstruo destructor con esta esperpéntica ley en las fauces, que nos va a ser muy difícil vencer. He aquí el texto extractado:

Cuando se habla de educación sexual dirigida a la infancia y a la adolescencia se entiende como una parcela más que, dentro del programa educativo, deben compartir padres y educadores. Sin embargo, no es así. La sexualidad hoy no pertenece al ámbito privado. En la actualidad, el sexo es un objetivo público y, por tanto, político. Es algo que se ha incorporado a nuestra cultura, propiciado por las feministas de género. Algo que está marcando nuestra vida política y social actual, camuflado bajo el disfraz de políticas de igualdad.

Se entiende la educación sexual como una materia que interrelaciona el amor y la sexualidad, que los padres deben impartir/compartir con los hijos de manera respetuosa y dosificada dependiendo del nivel de desarrollo físico y mental. Sin embargo, la mal llamada educación sexual que se imparte en los centros escolares no es “educación” entendida en un sentido edificante, sino una aviesa interpretación de la sexualidad que fomenta las relaciones tempranas, la promiscuidad, la homosexualidad[ii] el uso de anticonceptivos y el aborto. Se trata de implantar la nueva moral socialista y feminista, donde la familia y el matrimonio no tienen cabida por ser algo obsoleto inventado por el hombre para dominar a la mujer.

La ley Orgánica de Educación 2/2006, de 3 de mayo, promueve una concepción de la persona y de la ética basada en la abolición del sexo y la imposición de la ideología de género. Se entiende la moral, no como un tema de religión o de filosofía sino como una parcela que compete al Estado, es decir, la moral del feminismo socialista.  Y este dice en cuanto al fin de la educación que “no puede estar determinada por criterios pragmáticos sino que ha de formar ciudadanos. Por esta razón, el Estado debe asumir la responsabilidad de formar a los ciudadanos en la ciudadanía”. Así, según este principio, no corresponde a los progenitores la educación de los hijos sino al Estado, vulnerando el artículo 27.3 de la Constitución que arroga este derecho a los padres.

La nueva y tan polémica asignatura de Educación para la ciudadanía es un ideario político con un manto de manual cívico que no es tal. Las editoriales han elaborado sus propios textos y unos son más moderados que otros en la exposición de su materia ideológica. En cualquier caso, tras el antifaz abolicionista de determinados comportamientos sexistas, todos tienden a implantar esta nueva dictadura del sexo que, desde siempre, estuvo en la agenda de las feministas radicales y cuyo fin último es la eliminación de la polaridad sexual y, por consiguiente, de la familia.

Para entender las políticas sexuales que imperan hoy en el mundo hay que retrotraerse a las diversas conferencias de las Naciones Unidas que en síntesis promueven: 1) la promoción del libertinaje sexual entre niños, adolescentes y jóvenes; 2) el control demográfico mundial por medio de la planificación familiar y el aborto; 3) la tendencia a no respetar la soberanía de los países que no estén de acuerdo con las políticas del FNUAP, y 4) una actitud anticristiana y anticatólica[iii].

Una de las obsesiones de las feministas de género, plasmadas en los libros españoles de Educación para la ciudadanía es la sexualidad infantil. Si logran “pervertir” a los niños y adolescentes tienen la partida ganada. Por eso, las ideólogas/os de este movimiento siempre abogaron por la promiscuidad entre niños y niñas, incluso con la participación de adultos. Entre los padres de esta ideología se encuentran Margaret Sanger, Margaret Mead, Wilhelm Reich, Alfred Kinsey, Shulamit Firestone, Kate Millet, Simone de Beauvoir o Vigdis Finnbogadottir, todos sin excepción con graves problemas sexuales, mentales y de comportamiento.

Las feministas de género consideran que la sexualidad infantil debe empezar a dirigirse desde la cuna, donde existe la indiferencia sexual. Desde ahí proponen educar al niño para que desarrolle sus “capacidades afectivas” y se despierten las primeras inclinaciones sexuales[iv] para encauzarlos en lo que la ley llama “diversidad afectivo-sexual”, términos empleados en el preámbulo de la Ley de Educación[v].

Oír o leer los disparates de las feministas radicales resultaría de risa si no fuera por la rapidez con la que se están implantando, por ley. La feminista radical y presidenta de Islandia Vigdis Finnbogadottir en la conferencia organizada por el Consejo Europeo en febrero de 1995, a la que ya hemos aludido, decía que “las niñas deben ser orientadas hacia tareas no tradicionales y no se las debe exponer a la imagen de la mujer como esposa o madre, ni se las debe involucrar en actividades femeninas tradicionales”.

Cuando hablo con mujeres políticas de la derecha siempre les advierto del momento ideológico de cambio de moral que estamos viviendo, y del gran “caballo de Troya” que supone esta ideología totalitaria para contaminar a la sociedad con ideas destructivas para su recto funcionamiento.

 La perspectiva de género impregna toda nuestra vida. Es cierto que hay que combatir y erradicar la violencia contra la mujer. Pero también lo es que, con el pretexto de la violencia contra la mujer y los comportamientos sexistas, se están articulando continuamente medidas educativas, algunas, por cierto, bastante chuscas.
En algunos manuales, como La educación sexual de la primera infancia. Guía para madres, padres y profesorado de educación infantil y La educación sexual de niñas y niños de 6 a 12 años, editados por el Ministerio de Educación y el Instituto de la Mujer se expone la ideología de género y su concepción de la construcción de los roles en la sociedad patriarcal.  El primero fue elaborado por once mujeres, todas de izquierdas y feministas. En él se aconseja cómo despertar la sexualidad infantil, el conocimiento del propio sexo y las primeras sensaciones sexuales. En el segundo se exponen las “técnicas de obtención de placer sexual, tanto entre niños y niñas, como el “autoplacer”. “Es importante insistir en que pueden disfrutar en una relación sexual con otra persona sin coito, que no lo tienen que practicar si no lo quieren o no se sienten preparadas o preparados y que, sobre todo, cuando ya tienen 11 o 12 años, sepan cómo se usa un preservativo para que, más adelante, no se lleven sustos innecesarios”. En otra parte, sobre la obtención de ese placer que tanto les preocupa a estos ideólogos dice: “En general, con pocos años ya no hace falta insistir demasiado en que la masturbación es una práctica íntima, en parte porque ya lo han aprendido. Lo que sí es necesario explicarles es que no se trata de algo dañino o negativo”.

Las mujeres feministas que han elaborado el manual de sexualidad tampoco han tenido que devanarse los sesos demasiado pues se han limitado a copiar la literatura que la Federación de Paternidad Planificada estadounidense (PPFA) lleva imponiendo desde hace dos décadas.

Leyendo este texto de hace tantos años podemos comprender mejor cómo se estaba moldeando el futuro de la sociedad y el actual bombardeo en los medios de comunicación para fomentar el sexo sin control, a cualquier edad y con cualquiera, la ideología de género, totalmente anticientífica o la idea falsa de que los hombres son maltratadores por genética y que, por tanto, son un peligro.

La Ley Trans sí es un auténtico peligro social en todos los ámbitos. La ministra Montero no es más que una marioneta al servicio de los impulsores de la Agenda 2030, que incluye toda esta distopía sobre el sexo. Pero no cabe duda que ella se siente completamente realizada sirviendo al Mal. No podría hacer nada peor.

 [i] Amo Fernández, Magdalena del, Déjame nacer. El aborto no es un derecho, La Regla de Oro Ediciones, Madrid, 2009.

[ii] El Foro Español de la Familia exigió la retirada de un curso sobre sexualidad juvenil. En realidad se trataba de la reedición de una guía sobre homosexualidad elaborada por el colectivo de Gays y Lesbianas de Madrid. Se denuncia en el comunicado que en la guía se insta al adolescente a dudar sobre su orientación sexual y a que rehúse comentar dichas dudas con sus padres porque “la familia –dicen—es especialmente problemática”. Se denuncia asimismo que un colectivo minoritario se arrogue el derecho de educar a nuestros hijos mediante un folleto del que no habían sido informados previamente. El Foro Español de la Familia aglutina a más de 20 confederaciones familiares de España, 117 federaciones, y más de 5.000 asociaciones que representan a más de cuatro millones de familias. Aciprensa, Madrid, 7 octubre, 2002.

iii] Adolfo J. Castañeda, El foro de las Naciones Unidas en La Haya es un peligro para la humanidad.

[iv] Se propone la homosexualidad como opción válida. Los activistas homosexuales no han parado hasta que no se han integrado los temas de homosexualismo y bisexualismo en los curricula de los planes de estudios. Este colectivo está involucrado en idear, planificar e impartir los cursos de educación sexual sobre vida familiar y prevención del sida.

[v] Hoy, más que nunca, es necesario que los padres supervisen las materias sobre educación sexual que les imparten en los centros. Se está queriendo cambiar la moral de nuestros hijos con el fin de crear una sociedad sin valores, capaz de aceptar cualquier aberración como algo correcto.

 

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