La “Falsa Bandera” ondea en los escenarios bélicos
El goteo de acusaciones entre países sobre ataques con “Falsa Bandera” se está convirtiendo en chaparrón estos últimos meses. La piratería del siglo XVI donó al ideario bélico este concepto tan presente en los conflictos de hoy. Cada incidente armado multiplica las inculpaciones de “Falsa Bandera”, enturbiando las certezas sobre la autoría real, y proliferan en puntos calientes del planeta como Irán, Israel, Turquía, Venezuela, Rusia y distintos Estados europeos (Polonia, Estonia, Dinamarca…). Ese tipo de operaciones camuflan desde hace siglos el origen de una agresión para justificar la respuesta armada e históricamente se han utilizado para comenzar guerras.
El término “Falsa Bandera” (false flag, en inglés) se acuñó en el siglo XVI y procede de choques navales en los que barcos piratas o militares utilizaban banderas de naciones extranjeras para engañar a sus enemigos. Con ese ardid podían aproximarse al enemigo y atacar sin levantar sospechas.
En tiempos modernos, se mantiene la esencia: se pergeña un embuste mediante operaciones encubiertas diseñadas para apuntar falsamente hacia un responsable elegido, que puede ser un Estado, grupo político o ejército. Así se justifican represalias, se manipula a la opinión pública o se encubre la autoría real de los hechos. Estas prácticas suelen sumarse a estrategias de propaganda y manipulación, y facilitan una legitimación temporal de guerras, golpes de Estado o acciones militares a gran escala.
Lejos de desaparecer, el recurso de “Falsa Bandera” muestra gran vigor durante los albores del siglo XXI. Las técnicas han evolucionado hacia formas de guerra híbrida y digital, como los ciberataques. Hackers respaldados por Estados lanzan ataques informáticos mediante direcciones IP, malware o lenguajes de programación vinculados a terceras potencias, para desdibujar el rastro informático y desorientar a los investigadores. Esta modalidad de agresión se ha atribuido a Corea del Norte, Rusia o Irán, si bien permanecen dudas. La enorme cantidad de información y su velocidad de transmisión en nuestros días ha sofisticado los recursos para controlar la narrativa. El atacante busca que el acto provocado parezca responsabilidad de un tercero, al tiempo que se propaga velozmente la versión oficial, siempre más rápida que una investigación periodística y/o independiente. A veces es preciso aguardar décadas hasta conocer la verdad. Aquí se mencionan algunos casos históricos
Ataque al acorazado Maine (1898)
La prensa estadounidense, con los periódicos de William Randolph Hearst a la cabeza, señaló a España como culpable de la explosión del Maine en el puerto de La Habana. Ese detonante sirvió de pretexto para la Guerra Hispano-Estadounidense, si bien investigaciones posteriores apuntaron hacia una explosión accidental.
Incendio del Reichstag (1933)
Los nazis apuntaron inmediatamente hacia un comunista holandés como responsable del incendio que destruyó el Parlamento alemán. Hitler aprovechó la indignación social para aprobar el Decreto del Incendio del Reichstag, que suprimió libertades civiles y permitió la persecución de opositores.
Operación Himmler (1939)
La Alemania nazi organizó una serie de ataques falsos en la frontera con Polonia. Fue especialmente eficaz el asalto a una estación de radio en Gleiwitz ejecutado por soldados alemanes disfrazados de polacos. Estos hechos se atribuyeron a “agresiones polacas” y sirvieron de justificación propagandística para la invasión de Polonia que dio paso a la Segunda Guerra Mundial.
Operación Northwoods (1962, no realizado)
El Estado Mayor Conjunto de EEUU diseñó un plan secreto para atentar en territorio estadounidense y culpar de los ataques a Cuba. El clima de Guerra Fría justificaría una invasión, pero el presidente John F. Kennedy rechazó el plan y no llegó a ejecutarse.
Incidente del Golfo de Tonkín (1964)
Estados Unidos afirmó que barcos norvietnamitas habían atacado varias veces a destructores estadounidenses en aguas internacionales. Un enfrentamiento inicial sí tuvo lugar, pero el segundo ataque fue inexistente o se malinterpretó. El presidente Lyndon B. Johnson lo utilizó para sacar adelante en el Congreso la resolución de Tonkín, que abrió la puerta a la intervención masiva de EEUU en Vietnam.
Guerra de Chechenia (1999)
Cerca de 300 personas fallecieron en septiembre de 1999 por explosiones en edificios residenciales en Moscú y otras ciudades rusas. El Kremlin culpó a separatistas chechenos, lo que sirvió como pretexto para la segunda guerra de Chechenia, si bien varias fuentes apuntaron a la responsabilidad original de los servicios de inteligencia rusos. El episodio se considera un cuarto de siglo después un posible caso de “Falsa Bandera”, pero sigue sin probarse oficialmente.
Guerra en Georgia (2008)
Durante el conflicto en Osetia del Sur, tanto Rusia como Georgia se acusaron mutuamente del comienzo de las hostialidades mediante ataques trucados. La intervención rusa se fraguó merced al control de la narrativa, proceso que debilitó la posición internacional de Georgia.
Guerra en Siria (desde 2011)
El régimen de Bashar al-Ásad acusó a grupos rebeldes de fabricar o escenificar ataques químicos para culpar a su gobierno y forzar una intervención internacional. Sin embargo, ONG´s y la ONU afirmaron que muchos de esos ataques fueron perpetrados por fuerzas gubernamentales.
Ucrania y la invasión rusa (2014 y 2022)
Durante los días previos a la invasión de 2022, los servicios de inteligencia de EEUU y la propia OTAN advirtieron de que Moscú planeaba operaciones de “Falsa Bandera” en el Donbás, como atentados o ataques simulados contra civiles, con el fin de presentar a Ucrania como agresora y justificar la invasión.














