Estimado señor presidente, don Ignacio Garralda:
Me llamo Ángel García y soy uno de los 16,9 millones de clientes que paga las cuotas de la Mutua Madrileña religiosamente y desde hace años. Conmigo ustedes han hecho un buen negocio.
En estos años la Mutua y un servidor no nos hemos llevado mal, pero ahora debido a un siniestro que ocurrió en una casa que tengo en un pueblo, las cosas van de mal en peor, y como es muy difícil hablar con ustedes – nos obligan a hacerlo con máquinas y con un call center que deja mucho que desear -, he decidido enviarle esta carta para contarle lo que está pasando en su empresa. Permítame la licencia, pero sospecho que usted ni se entera. Usted está para las grandes cifras. Pero como usted mismo dice en su web: «Para cualquier tema relacionado con tu seguro, no lo dudes, ponte en contacto con nosotros. Estamos aquí para ayudarte».
Bien, ayúdeme. Le cuento. En diciembre del año pasado hubo una avería en el suelo de la planta de arriba de mi casa y el agua campaba a sus anchas por el techo y el suelo de la planta baja. En esa ocasión, ustedes actuaron con celeridad y pudimos arreglar la cañería, que es lo que nos dijeron sus peritos que había que hacer, uno de esos 200 peritos que presumen ustedes que tienen.
Esa noche dormimos tranquilos, pero por la mañana descubrimos que seguía manando agua de la pared. Volvimos a llamar a su Mutua, que esta vez envió un perito, sí, pero una semana o diez días después, y su perito nos dijo que el agua escapaba por la chimenea. Y eso es lo último que sabemos de ustedes.
Le recuerdo que aquello ocurrió en diciembre del 25 y que estamos en mayo del 26, sin que se hayan solucionado las averías. En este tiempo, ustedes no han dado apenas señales de vida y nosotros hemos debido pecar de pesados, les hemos llamado un día sí y otro también en estos seis meses. En una ocasión nos mantuvieron pegados al teléfono hasta 50 minutos, haciéndonos saltar de operadora en operadora, para luego colgarnos sin siquiera despedirse. En estos meses he debido de hablar con una veintena de sus operadoras. También he ido a quejarme de la situación a su central, en la Castellana. Yo vivo a 50 kilómetros de allí, así que imagine lo bien que me sentó el paseo. Allí, tras consultar lo sucedido, nos pidieron disculpas asegurándonos que ellos nos ayudarían a resolver el problema. No lo hicieron y tres o cuatro días después me vi obligado a usar un nuevo email que nos facilitaron para conectar con su buzón de reclamaciones. Unos días después, una de sus empleadas, por fin un ser humano y no una máquina hablaba conmigo, nos llamó cada día durante 7 u 8, confesándonos que una de las empresas que trabaja para ustedes y que fue al parecer quien envió al último perito a mi casa, no les había entregado el informe de la avería. Ustedes se lo habían pedido y estaban a la espera. Casi 6 meses de espera.
- “¿Y?” -, inquirí, cuando esta empleada nos contaba lo sucedido. Me dejó sin respuesta. Se despidió y también desapareció.
Entonces les comuniqué que estaba indignado, que no entendía cómo era posible que llevaran meses esperando un informe de una empresa subcontratada por la Mutua… Les pedí incluso que empezaran de cero, que enviaran un nuevo perito.
Señor Garralda, sé que es molesto que le digan esto, que tenga que verlo publicado en las redes, sé que usted cree que su empresa es otra cosa, que funciona como un reloj, que se trata con respeto a sus clientes…
Se lo recomiendo, pásese por la planta baja de su majestuoso edificio de Castellana 33 y empiece a entender lo que sucede en su Mutua. A mí no me queda otra que denunciarlo, en las redes, www.madridmarket.es , y en la Dirección General de Seguros, y marcharme a otra compañía que trate mejor a sus clientes.
- Así pues: “YO, ME VOY DE LA MUTUA”.
- Para comprobar la eficacia de la Mutua llamé también a Mutuactivos, su empresa de inversión en fondos. Quería comprobar si tratándose de dinero que podía invertir con ustedes las cosas tampoco funcionaban bien. Para mi sorpresa, funcionaban bien. Me estuvieron llamando varios días. No había máquinas por medio, ni emails que no sabes quien recibe.















