“Juan cogió la mano del doctor Pérez Olmedo y le dijo: Ayúdeme”, revela Vanesa Bachero, esposa de Juan Francisco Martí.

Los responsables de la UCI le dijeron que del 1 al 10 la gravedad de su marido era de 9,5 y tras dedicarle varios días al estudio de las posibilidades que había en el mercado, la farmacéutica Vanesa Bachero apostó por la ozonoterapia, sin saber que con su elección, además de probablemente salvar la vida de su marido – cada día sus constantes evolucionan a mejor -, se iba a enfrentar a la clase médica de su región: la de mediterráneo Castellón. La semana que viene, sin ir más lejos, la Junta del Hospital Universitario de la Plana ha convocado una concentración para apoyar a los profesionales de la UCI, que no quieren saber nada de la ozonoterapia basándose en que no forma parte de la guía de los tratamientos permitidos para la COVID 19.

La decidida apuesta de Vanesa Blachero por el derecho a la vida de su marido, Juan Francisco Martí, ha desatado una sorda guerra de comunicados y plantes, la mayoría en contra. A favor ha tenido a Médicos por la Verdad, entre otros grupos y asociaciones que no se conforman con las explicaciones que les dan y buscan la Verdad de lo que está pasando con esta plandemia.

En Castellón asistimos a la pugna entre la clase médica asentada en los hospitales, todos ellos dependientes de las multinacionales farmacéuticas, y la clase médica que defiende las terapias y productos que cuentan con la evidencia de que funcionan y que además son baratos, productos llamados huérfanos, como el ozono, o el CDS. Unos defienden sus privilegios y se aferran al continuismo, los otros piden a gritos que administre a la gente un producto como el ozono, que ha demostrado, dicen, su efectividad en numerosas enfermedades.

Y en el medio de este fregado, el farmacéutico Juan Antonio Martí, al que la COVID 19 le ha dado de lleno y que pelea por su vida ignorante de los intereses que ha provocado su estado y del ambiente que lo rodeaba en la propia UCI. “Malas caras, no hay feed back a la hora de pasarnos información sobre el estado de mi marido, nos hacen esperar mucho tiempo para entrar en UCI, hasta tres horas, por eso hubo un día que solo se le pudo poner una sesión…”, señala Bachero, que añade: “Pedían una aguja para algo que tenían que hacer con la sonda y les decían que ellos tenían orden del jefe de servicio de no darles nada de material”. Pero será mejor que veamos que más nos dice esta mujer coraje de lo que cuesta intentar salvar la vida de un familiar en un hospital de la costa española.

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2 Comentarios

  • Estoy a favor de medicina alternativa y todo aquellos q entre todos podamos ayudar a salvar vidas

  • ¿ A quienes les interesa este enfrentamiento?.

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