“Por qué la prudencia de Pedro Sánchez con Marruecos es un acierto estratégico en la crisis ceutí.
Entre tanta polarización y un clima tan crispado, se me hacía necesario compartir una reflexión fría y objetiva sobre la dimensión de esta crisis desde un punto estrictamente geopolítico.
He tratado de estructurarlo en cinco bloques independientes pero interrelacionados tal como suelo hacerlo en mis formaciones sobre negociación y liderazgo. Espero que para alguien crítico que busque profundizar en los por qué, logre entender un poco mejor los movimientos de un ejecutivo que navega en contra de viento y marea.
A la situación ya de por sí complicada, se ha sumado esta semana la filtración de un informe de inteligencia del Centro Nacional de Inmigración y Fronteras (CENIF). El documento, remitido a la Audiencia Nacional, describe con nitidez la implicación de elementos de la gendarmería marroquí en el asalto masivo a las fronteras de Ceuta que parecen no dejar lugar a la duda.
Ante este escenario, la entrevista de Pedro Sánchez en la cadena SER manteniendo una calculada negación de la implicación de Rabat no la ha entendido casi nadie.
Para el votante medio, sea del partido que sea, esta postura puede interpretarse como una muestra de debilidad, una cesión de soberanía o una falta de firmeza institucional.
Es innegable que esta estrategia genera un evidente desgaste electoral y erosiona la imagen pública del Ejecutivo y de Sánchez en el corto plazo.
Sin embargo, si abrimos el espectro y analizamos la situación técnicamente y desde la óptica de las relaciones internacionales, la teoría del realismo político y la defensa de los intereses superiores de la nación, el enfoque de Sánchez no solo es comprensible, sino estratégicamente correcto y sin otra alternativa mejor.
Los gritos y acusaciones de alta traición de la derecha del país en un intento de tumbar al Gobierno, son inaceptables en la alta política exterior y un lujo que un Estado de Derecho adulto no se puede permitir.
Abascal y Feijóo saben que está en juego la seguridad nacional, la estabilidad económica y la integridad territorial.
Permitidme por favor que trate de explicar lo que significa la Geopolítica del Silencio.
1. El prisma del Realismo Político.
Para comprender la actuación de Sánchez es preciso abandonar la ideología y ponernos las gafas del realismo político. Esta corriente teórica, que vertebra la diplomacia de las grandes potencias, sostiene que el sistema internacional es esencialmente anárquico y que los Estados actúan movidos exclusivamente por el interés nacional y la maximización de su seguridad.
Todos conocemos a Nicolás Maquiavelo, que en su libro El Príncipe ya advertía que el gobernante que se comporte con bondad e idealismo en un entorno donde la mayoría no es buena, abonará su propia ruina.
Para Maquiavelo, la virtud del Jefe de Estado no coincide con la moral cristiana o corriente, sino con la capacidad de tomar decisiones pragmáticas, a veces cuestionables, pero indispensables para mantener el orden y la supervivencia del Estado.
El silencio estratégico del Gobierno ante la provocación marroquí (porque es indudable que Marruecos es directamente culpable) es una demostración de esta premisa: se sacrifica la verdad directa para evitar un mal mayor.
Menos conocido es Hans Morgenthau, padre del realismo político moderno, donde tomó el testigo en su obra cumbre Politics Among Nations: “La política internacional, como toda política, es una lucha por el poder, pero debe ser guiada por el interés nacional definido en términos de poder y seguridad”.
Morgenthau creía que el gobernante debe ser prudente de forma rigurosa considerando esa actitud como la máxima virtud en la política exterior.
Luego Sánchez hace lo correcto.
2. La frontera es asimétrica.
A todos nos suena el concepto de relación bilateral, pero necesitamos comprender bien cómo funciona, y nadie mejor para explicarlo que los politólogos Robert Keohane y Joseph Nye en su indispensable libro Power and Interdependence (1977).
Los autores demostraron que en el mundo contemporáneo los Estados no solo se comunican a través de canales diplomáticos formales o fuerzas militares, sino que están profundamente conectados por múltiples lazos comerciales, sociales y de seguridad.
Pero lo que a mi más me interesa de su aportación es que Keohane y Nye entendieron que la interdependencia rara vez es simétrica, y que esa asimetría se convierte en una fuente de poder en sí misma.
Podéis aplicar esto en vuestras relaciones personales: Quien tiene menos que perder en una ruptura, tiene una ventaja coercitiva sobre la otra parte ¿Obvio, verdad?
En el caso de Ceuta la gestión de la frontera presenta una asimetría estructural evidente. España, como frontera sur de la Unión Europea y firmante del espacio Schengen, tiene la obligación legal y política de mantener el control de sus límites territoriales. Marruecos, por su parte, posee el control físico del territorio desde donde parten los flujos migratorios irregulares procedentes del África subsahariana.
Y nos vamos a otra politóloga, Kelly Greenhill, que en su libro Armas de Migración Masiva nos explica cómo diversos regímenes autoritarios o en vías de desarrollo instrumentalizan deliberadamente a las personas para arrancar concesiones políticas o económicas a democracias liberales más ricas.
Si el Gobierno de España decidiera responder con hostilidad verbal, sanciones diplomáticas o denuncias públicas internacionales ante el informe del CENIF, la respuesta de Rabat utilizaría la doctrina Greenhill: suspender unilateralmente la vigilancia en Castillejos, Nador o las costas saharianas.
Y ya sabemos lo que ello conlleva las dos veces que lo ha hecho. Un aumento descontrolado de entradas a nado o en patera saturaría en cuestión de días las infraestructuras logísticas y de seguridad españolas, provocando una crisis humanitaria y política interna de dimensiones mucho más imprevisibles aún.
Luego Sánchez hace lo correcto.
3. La Razón de Estado y sus lecciones históricas.
La razón de estado dicta que la supervivencia y estabilidad del país justifican el empleo de medidas contrarias a la moral y expectativas de la opinión pública.
Hay mil ejemplos. Richelieu alió a la Francia católica con las potencias protestantes durante la Guerra de los Treinta Años, una decisión que escandalizó a sus contemporáneos pero que debilitó el cerco de los Habsburgo y salvó la seguridad nacional francesa.
Si lo traemos al presente, un líder estadista como Pedro Sánchez está dispuesto a asumir el castigo en las urnas si las decisiones necesarias para proteger al país a largo plazo resultan impopulares en el corto. Así de fácil.
Más ejemplos históricos que nos tocan de cerca.
En 1739 el primer ministro británico Sir Robert Walpole se opuso a declarar la guerra a España tras el famoso apresamiento del navío Robert Jenkins. Sus rivales políticos exigían sangre y venganza acusando a Walpole de traidor, ¿Os suena? pero Walpole prefirió salvar las rutas comerciales británicas para no desestabilizar la economía del país.
Y como último ejemplo nos vamos a 1969 donde el canciller federal de Alemania Occidental inició una política de acercamiento hacia el bloque soviético y la RDA comunista.
Los sectores conservadores alemanes lo acusaron de arrodillarse ante el comunismo y de traicionar los valores democráticos del país. Sin embargo, esa estrategia realista de paciencia, contención y lazos comerciales silenciosos sentó las bases para que dos décadas después cayera el Muro de Berlín y se reunificara Alemania de forma pacífica.
El Gobierno de España se encuentra hoy en una situación idéntica. El choque con la judicatura y la aparente pasividad ante Marruecos alimentan el relato de la oposición y cabrea a su propio electorado. No obstante, se consigue sostener las seguridad de nuestras rutas comerciales con Marruecos, que recordemos que es nuestro principal socio comercial ya que es el país al que más exportamos más allá de la Unión Europea.
Luego Sánchez hace lo correcto.
4. La doctrina de la Zona Gris.
A la ultraderecha y sus gurús les encanta el libro del Arte de la Guerra, pero los economistas y negociadores conocemos los manuales modernos de estrategia y las acciones dadas en la frontera de Ceuta encajan perfectamente en la definición de conflictos en la Zona Gris.
Este concepto desarrollado por estrategas como George Kennan durante la Guerra Fría define Zona Gris como el lugar donde un Estado busca obtener ventajas geopolíticas sustanciales utilizando medios no militares (ciberataques, desinformación, presión económica, flujos migratorios forzados) manteniéndose siempre por debajo del umbral que justificaría una respuesta armada o una declaración formal de guerra.
Es la partida de ajedrez de Estados Unidos y la Unión Soviética en la crisis de los misiles de Cuba.
El objetivo principal del agresor en la zona gris es forzar la división interna del adversario, desgastar sus instituciones y, sobre todo, empujar a su Gobierno a una sobre-reacción.
Si el Estado reacciona con virulencia mediática, rompe lazos diplomáticos con Marruecos o moviliza tropas de manera agresiva en la frontera, el agresor en la zona gris gana la partida: consigue presentar ante la comunidad internacional al país agredido (España) como un actor histérico, inestable y culpable de la escalada de tensión.
Os pido una reflexión. ¿Por qué están apostando Abascal y Feijóo? ¿Y Sánchez? Al mantener la calma y procesar el incidente del CENIF estrictamente a través de cauces judiciales y policiales internos el Gobierno desactiva la trampa de la zona gris. El silencio estratégico debería privar al adversario del beneficio de vernos divididos, pero la infinita torpeza de la derecha española que jamás está a la altura, hace inútil el intento del ejecutivo.
Luego Sánchez hace lo correcto.
5. Los pilares no negociables.
Y esto es lo más importante y fundamental que podría haberme ahorrado todo este casi ensayo.
No podemos poner en riesgo:
A. La cooperación antiterrorista en el Sahel y el Magreb
El intercambio de información en tiempo real entre los servicios de inteligencia de España (CNI) y Marruecos (DGST) es lo único que nos separa de los atentados yihadistas en suelo europeo. Decenas de células de captación y operativos listos para atentar han sido desarticuladas en los últimos años gracias a operaciones conjuntas. En la balanza de la Razón de Estado, preservar este canal de información que salva vidas humanas pesa infinitamente más que cualquier disputa fronteriza.
B. El tejido económico e industrial
Miles de empresas españolas operan en Marruecos o dependen de sus cadenas de suministro en sectores clave como la automoción, el textil, la energía y la infraestructura. Para que lo entendamos es el país donde Inditex contrata a más proveedores y fábricas. Una escalada de tensiones similar a la que Marruecos mantuvo con Argelia paralizaría inversiones millonarias y destruiría empleo directo en España, afectando a la economía en un momento de volatilidad global.
C. El nuevo marco geopolítico del Sáhara Occidental
El giro de la postura española respecto al Sáhara Occidental en 2022 supuso la aceptación del plan de autonomía marroquí como la base más seria para resolver el conflicto. Este movimiento auspiciado y con la aprobación de la Unión Europea buscaba cerrar una crisis diplomática previa de casi un año.
Dinamitar ese acuerdo ahora por la publicación del informe policial significaría volver a la casilla de salida, reactivando una inestabilidad que España no se puede permitir en el actual contexto internacional, marcado por la guerra en Ucrania y la inestabilidad en Oriente Medio.
Luego Sánchez hace lo correcto.
Y vamos cerrando.
Como hoy me puse la gorra académica acabaré con otra cita más de otro británico, Lord Palmerston “las naciones no tienen aliados perpetuos ni enemigos permanentes; lo único permanente son nuestros intereses, y nuestro deber es defenderlos”.
La obligación constitucional del Gobierno de España no es satisfacer los impulsos emocionales de la opinión pública ni blindarse contra el desgaste electoral a base de proclamas nacionalistas vacías como sí está haciendo VOX y el PP cada cinco minutos: Ceuta se defiende.
Su obligación es evaluar los riesgos con frialdad matemática y elegir el camino que minimice los daños para el conjunto de la sociedad. La decisión de mantener los canales abiertos con Rabat y evitar la confrontación pública, a pesar de las contundentes conclusiones del CENIF y de la firme postura de la Audiencia Nacional en defensa de su independencia judicial, responde a una lógica de Estado madura y pragmática.
Me avergüenzo de la oposición de mi país.
Me avergüenzo de la utilización del pueblo de Ceuta.
Me avergüenzo de la manipulación a cambio de votos.
Y siento orgullo por la diplomacia de mi país, porque por encima de cualquier otra cuestión, sé que está actuando de una forma impecable para ajustarse a los manuales de la Real Politik y está a la altura de la situación.
Pedro Sánchez no ha entrado a ningún trapo de la derecha porque no quiere evidenciar la división del país, porque eso sí que nos volvería más vulnerables.
Eso es lo que está haciendo la derecha, ellos son los traidores y lo pagarán en las urnas.
Luego Sánchez… una vez más… hace lo correcto.”
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RESPUESTA AL ESCRITO “POR QUÉ LA PRUDENCIA DE PEDRO SÁNCHEZ CON MARRUECOS ES UN ACIERTO ESTRATÉGICO EN LA CRISIS CEUTÍ.”
ALEX LÓPEZ (UNIVERSITAT RAMON LLULL) DE BARCELONA.
La reflexión de Alex López plantea una hipótesis razonable —que la prudencia diplomática puede ser útil frente a Marruecos—, pero la desarrolla de forma demasiado concluyente y partidista. Mi valoración sería: la política de Sánchez puede ser estratégicamente comprensible, pero el escrito no demuestra que sea “100% correcta” ni que carezca de alternativas.
Alex López sostiene que Pedro Sánchez actúa correctamente porque:
• España mantiene una relación de dependencia asimétrica con Marruecos.
• Rabat puede utilizar la migración como instrumento de presión.
• La cooperación antiterrorista y económica exige mantener abiertos los canales diplomáticos.
• Una denuncia pública agravaría la crisis y permitiría a Marruecos presentar a España como responsable de la escalada.
• La defensa del interés nacional justificaría cierta ambigüedad pública.
Esta argumentación tiene una base realista: los Estados no siempre expresan públicamente todo lo que saben o piensan, y la gestión de una crisis fronteriza puede requerir discreción. Además, España y Marruecos mantienen una relación económica y política muy importante: España es el principal socio comercial de Marruecos y Marruecos es el tercer socio de España fuera de la Unión Europea, según la declaración conjunta de la Reunión de Alto Nivel de 2023.
Sin embargo, Alex López transforma una hipótesis estratégica discutible en una conclusión moral absoluta: “Sánchez hace lo correcto”. Ahí aparece su principal debilidad.
El texto presenta dos opciones extremas:
• denunciar públicamente a Marruecos;
• guardar silencio y mantener la cooperación.
Pero la política exterior dispone de muchas posiciones intermedias:
• protestas diplomáticas privadas;
• exigencia de explicaciones formales;
• investigación parlamentaria o judicial;
• coordinación con la Unión Europea;
• comunicación pública prudente, sin atribuir responsabilidades definitivas;
• refuerzo de la frontera sin romper la cooperación;
• establecimiento de mecanismos verificables para evitar nuevas crisis.
Por tanto, no denunciar públicamente no implica necesariamente callar por completo ni aceptar la versión marroquí. El Gobierno podría haber defendido la cooperación y, al mismo tiempo, afirmar que cualquier instrumentalización de la frontera sería inaceptable.
Alex López no prueba que la única alternativa a la moderación de Sánchez fuese una ruptura diplomática o una escalada militar. Esta falsa dicotomía hace que la conclusión parezca más inevitable de lo que realmente es.
Alex López afirma que Marruecos es “indudablemente culpable” y que existe una “contundente” implicación de elementos de la gendarmería marroquí. Sin embargo, la propia argumentación no aporta el informe, sus pruebas, la cadena de custodia, las conclusiones judiciales ni una fuente pública verificable.
Además, menciona un supuesto “Centro Nacional de Inmigración y Fronteras” —CENIF— sin explicar su naturaleza institucional, competencias, autoridad o reconocimiento oficial. Esto es particularmente problemático porque todo el razonamiento posterior depende de la credibilidad de ese documento.
La estructura lógica es circular:
1. Marruecos es culpable.
2. El Gobierno lo sabe.
3. El Gobierno calla para evitar males mayores.
4. Por tanto, el silencio demuestra prudencia.
Pero si la prueba no está acreditada, también podrían existir otras interpretaciones: información incompleta, atribución no concluyente, responsabilidad de actores locales no controlados plenamente por Rabat o una combinación de factores sociales, policiales y políticos.
Una crítica rigurosa debería distinguir entre:
• hechos confirmados;
• indicios;
• hipótesis de inteligencia;
• interpretaciones políticas;
• opiniones del autor.
El uso de Morgenthau, Maquiavelo, Keohane, Nye y Greenhill aporta apariencia académica, pero las referencias se emplean de forma selectiva.
El realismo político no significa que cualquier concesión al Estado más poderoso sea correcta. También exige evaluar:
• la distribución real de costes y beneficios;
• la credibilidad de las amenazas;
• la capacidad de respuesta del Estado;
• los efectos a largo plazo de la dependencia;
• el riesgo de que la moderación sea interpretada como debilidad.
Alex López considera principalmente los costes de enfrentarse a Marruecos, pero apenas analiza los costes de no hacerlo. Estos podrían incluir:
• normalización del uso de la migración como mecanismo de presión;
• debilitamiento de la autoridad del Estado español en Ceuta y Melilla;
• pérdida de confianza de la población fronteriza;
• desprotección política de las personas migrantes;
• incentivo para futuras crisis;
• dependencia creciente de la cooperación marroquí;
deterioro de la confianza entre el Gobierno, la judicatura y las fuerzas de seguridad. La prudencia puede reducir una crisis inmediata, pero también puede aumentar la vulnerabilidad futura. Desde una perspectiva realista, no basta con evitar la escalada actual: hay que impedir que el adversario aprenda que la presión funciona.
La referencia a Kelly Greenhill es pertinente en cuanto reconoce que los flujos migratorios pueden ser instrumentalizados políticamente. Pero el texto adopta casi automáticamente la idea de que Marruecos podría abrir o cerrar la frontera como si controlara de forma absoluta todos los movimientos migratorios.
La realidad suele ser más compleja. En una crisis fronteriza intervienen:
• decisiones de autoridades estatales;
• redes de tráfico;
• población local;
• jóvenes movilizados espontáneamente;
• expectativas económicas;
• conflictos diplomáticos;
• controles policiales;
• condiciones sociales en los países de origen.
Atribuir toda la dinámica a una estrategia centralizada de Rabat puede ser una simplificación. También existe un riesgo ético: cuando las personas migrantes son descritas exclusivamente como “armas” o instrumentos, desaparecen sus derechos, sus motivaciones y su condición de sujetos humanos.
La seguridad fronteriza es legítima, pero no debería presentarse únicamente como un problema de presión sobre España. También exige examinar las obligaciones de derechos humanos, la protección internacional y las condiciones de devolución.
El apartado sobre cooperación antiterrorista contiene una afirmación muy contundente: el intercambio entre los servicios de inteligencia españoles y marroquíes sería “lo único que nos separa” de los atentados yihadistas en Europa.
Esa formulación es retóricamente eficaz, pero analíticamente exagerada. La seguridad depende de múltiples factores:
• cooperación entre varios Estados;
• trabajo de inteligencia nacional;
• policía judicial;
• prevención de la radicalización;
• vigilancia financiera;
• cooperación europea;
• controles fronterizos;
• intervención de servicios de información de distintos países.
Presentar larelación con Marruecos como indispensable y prácticamente insustituible convierte la cooperación en una especie de argumento de inmunidad política. Pero una relación puede ser necesaria y, aun así, tener límites.
Precisamente porque la cooperación es importante, España debería procurar que no se base en una relación de dependencia sin mecanismos de control.
La pregunta clave no es si hay que cooperar con Marruecos. Probablemente sí. La pregunta es bajo qué condiciones, con qué garantías y qué consecuencias tendría una vulneración de los compromisos bilaterales.
Alex López sostiene que la razón de Estado puede justificar decisiones contrarias a la moral y a las expectativas de la ciudadanía. Esta idea tiene tradición histórica, pero requiere límites democráticos.
La seguridad nacional no puede convertirse en una autorización general para:
• ocultar información relevante;
• deslegitimar a los tribunales;
• evitar la rendición de cuentas;
• reducir el papel del Parlamento;
• tratar las críticas como traición;
• presentar toda discrepancia como irresponsabilidad.
El problema no es que el Gobierno utilice canales reservados. El problema aparece cuando la razón de Estado se utiliza para evitar cualquier explicación pública.
En una democracia constitucional, la política exterior debe combinar confidencialidad operativa con responsabilidad institucional. El Gobierno puede no revelar fuentes de inteligencia, pero sí explicar:
• qué hechos están confirmados;
• qué hechos se están investigando;
• qué objetivos diplomáticos persigue;
• qué líneas rojas existen;
• qué medidas se adoptarán si se repiten los incidentes.
Las analogías con Richelieu, Walpole y la Ostpolitik alemana son sugerentes, pero no son plenamente comparables.
Richelieu actuó en el contexto de una guerra continental y de una pugna por el equilibrio europeo. Walpole afrontó un conflicto colonial y comercial dentro de un sistema internacional muy distinto. La Ostpolitik de Willy Brandt se apoyó en una
estrategia gradual, institucionalizada y de largo plazo, no simplemente en el silencio ante una actuación controvertida.
Comparar esas experiencias con la gestión de una crisis fronteriza entre España y Marruecos puede producir una falsa sensación de grandeza histórica. Una analogía sería válida solo si se explicasen las semejanzas y diferencias:
•
naturaleza del conflicto;
•
actores implicados;
•
legitimidad de las demandas;
•
duración de la estrategia;
•
mecanismos de reciprocidad;
•
resultados verificables.
Alex López usa la historia como autoridad, pero no demuestra que el caso español tenga la misma estructura.
En el texto afirma que el giro español de 2022 hacia el plan de autonomía marroquí era un acuerdo “auspiciado y aprobado por la Unión Europea”. Esa formulación necesita precisión.
España modificó su posición en 2022 y consideró la propuesta marroquí como la base “más seria, realista y creíble” para resolver el conflicto. Pero eso no equivale necesariamente a que la Unión Europea hubiese aprobado políticamente ese cambio en los términos utilizados por el Gobierno español.
Además, la cuestión saharaui no es solo una pieza de la relación bilateral con Marruecos. También implica:
•
derecho internacional;
•
autodeterminación;
•
posición de Naciones Unidas;
•
relaciones con Argelia;
•
legitimidad del pueblo saharaui;
•
jurisprudencia europea sobre la aplicación de acuerdos al Sáhara Occidental.
El Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha sostenido que los acuerdos entre laUE y Marruecos no pueden aplicarse automáticamente al Sáhara Occidental sin tener en cuenta la posición jurídica diferenciada del territorio y de su población.
Por eso, defender la estabilidad con Marruecos no debería implicar presentar el asunto saharaui como un acuerdo cerrado o subordinado exclusivamente a los intereses españoles.
El autor anuncia una reflexión “fría y objetiva”, pero el lenguaje es abiertamente partidista:
• “la infinita torpeza de la derecha española”;
• “la ultraderecha y sus gurús”;
• “ellos son los traidores”;
• “me avergüenzo de la oposición”;
• “Sánchez hace lo correcto” repetido varias veces.
Estas expresiones debilitan la credibilidad del análisis. La crítica a Vox y al Partido Popular puede ser legítima, pero debería basarse en propuestas concretas, no en atribuirles automáticamente una intención de “tumbar al Gobierno” o de actuar contra la seguridad nacional.
También resulta problemático que el texto plantee una equivalencia moral entre criticar la estrategia del Gobierno y poner en peligro la seguridad del país. Una oposición puede exigir firmeza, transparencia o protección de la soberanía sin que eso implique necesariamente querer una guerra o una ruptura diplomática.
El resultado es que el artículo parece menos una evaluación de política exterior que una defensa política de Sánchez revestida de conceptos geopolíticos.
La posición que considero más equilibrada sería esta:
La prudencia de Sánchez puede ser defendible como una estrategia de contención y protección de intereses inmediatos, especialmente por la importancia de la cooperación fronteriza, económica y antiterrorista con Marruecos. Pero no puede considerarse automáticamente correcta, porque el silencio también tiene costes: puede debilitar la disuasión, reducir la transparencia democrática y transmitir que la presión migratoria produce concesiones.
El punto central que falta en el escrito es la reciprocidad. Una política inteligente hacia Marruecos no debería consistir simplemente en mantener abiertos los canales, sino en mantenerlos abiertos con condiciones:
• cooperación, pero no subordinación;
• discreción, pero no opacidad;
• diálogo, pero también capacidad de presión;
• defensa de la frontera, pero respeto a los derechos humanos;
• pragmatismo, pero sin convertir la razón de Estado en impunidad;
• relación bilateral, pero dentro de un marco europeo e internacional
En consecuencia, Alex López plantea que la política de Sánchez es comprensible, pero no que sea impecable. Su mayor error no está necesariamente en defender la prudencia, sino en presentar cualquier crítica a esa prudencia como traición y en confundir una opción política posible con la única opción responsable.
JLuis Carpintero