Aquelarre abortista en nombre del Nuevo Orden Mundial

Por Pascual Uceda Piqueras
Filólogo, especialista en Cervantes y  escritor

Si algún día tienen la oportunidad de leer la obra de la que Cervantes estaba más satisfecho, Los trabajos de Persiles y Sigismunda (1617), podrán disfrutar de pasajes como este: “Parece que el bien y el mal distan tan poco el uno del otro, que son como dos líneas concurrentes, que, aunque parten de apartados y diferentes principios, acaban en un punto”, (capítulo 12 del libro IV). Libro, este, que Cervantes no pudo ver nacer (se publicó póstumo), gozó, sin embargo, de una larga vida: sirviendo a generaciones de espíritus curiosos que buscaban entre sus páginas la razón de sus pesares y el motivo de su felicidad.
No podemos por más que sentirnos agradecidos por el “parto maravilloso” de Cervantes, pues, similar al alumbramiento de Atenea (la diosa de la sabiduría), así nació el Persiles de la cabeza de su autor: con voluntad de erradicar de un tajo la ignorancia de este mundo.
Y de partos queremos hablar. En concreto, de partos que pudieron ser y no lo fueron: de abortos. Pero no entraremos de lleno en el asunto, pues la cuestión ya ha sido ampliamente debatida con el resultado que todos conocemos. No es nuestra intención reabrir el debate, sino tratar el tema de manera tangencial y serenar los ánimos enarbolando la bandera de la reflexión.
La situación que se ha generado es la que pasamos a relatar: el grupo político que gobierna en coalición en la Comunidad de Castilla y León (PP y VOX), en el uso de sus atribuciones, ha propuesto que se adopte una medida previa antes de que la mujer haga uso del derecho que le asiste a serle practicado un aborto, lo cual implica la realización de una ecografía, a voluntad de la madre futurible o no, con la finalidad de que la mujer embarazada tome conciencia real de la magnitud de su decisión.
Conscientes de la trascendencia del tema que se está planteando, se nos permitirá terciar en este asunto desde una perspectiva que trascienda a la vulgaridad de los argumentos con los que suele despacharse el debate; porque es mucho lo que está en juego.
Y para ello regresaremos de nuevo a la cita del Príncipe de los ingenios, porque todo apunta a que la cuestión planteada tenga que ver con esa visión del “bien” y del “mal” que aparece consignada en el texto; en el sentido de que ambos conceptos, que son opuestos por naturaleza universal, tendrían en este mundo un torticero tratamiento, maquinalmente orquestado por unas élites en la sombra  interesadas en imponer su perversa voluntad.
La fatal decisión de la mujer en “estado de buena esperanza” se encuentra hoy completamente mediatizada por el concepto del “bien” que nuestra sociedad tiene instaurado como representante engañoso del “correcto proceder”. Nos hallamos, en este sentido, ante un caso de adoctrinamiento de las masas con fines perversos en extremo, donde la mujer, que recibe a diario mensajes en contra de la vida que porta en su vientre, deja de ser consciente de la trascendencia del acto execrable que va a cometer.
No sería lícito, en tal caso, culpar a la mujer por su decisión de abortar, sino a los responsables de influir en ese desviado comportamiento antinatural a través del sometimiento de su voluntad. Ahora bien, lo que sí puede hacerse es reeducar a la madre o –dicho en términos más propios de nuestros tiempos— desprogramarla de la siniestra máquina que troca, con poco escrúpulo para el género humano, el bien por el mal en función de unos satánicos intereses difíciles de asimilar en nuestro tiempo.
Y en esa línea, precisamente, vendría a aplicarse la propuesta del sector provida del gobierno de Castilla y León (VOX) que, ofreciendo la posibilidad a la madre de escuchar el latido del corazón de su hijo, frente al iracundo y desencajado ataque de la bancada “progresista”, podría actuar a modo de cortocircuito entre el torrente de ideas descabaladlas que embotan la conciencia de la madre en estado de hipersensibilidad y el verdadero instinto maternal que siempre alumbró a los de nuestra especie.
En honor a la verdad y enarbolando la bandera del sentido común, parece, a todas luces y sin entrar en mayores disquisiciones, una medida de lo más sensato. En tal caso, ¿por qué nuestros dirigentes se empeñan en lo contrario llegando a adoptar medidas que rozan el paroxismo? ¿Quizá porque no representan al pueblo (el rebaño) sino a los amos que controlan la producción (la granja) con mano firme, fomentando diferentes programas de reducción poblacional y otros de similar crueldad inmersos en la “sulfurosa” Agenda 2030?
Nos hallamos, una vez más, ante un ejemplo clamoroso de la desigual lucha que, intencionadamente eclipsada por una actualidad distópica plagada de conflictos de todo tipo, se libra a diario en la trastienda de nuestra realidad (conformada por nuestra conciencia individual y colectiva) entre el bien y el mal. Un plan de tintes baphométicos orquestado en los fogones de esta mundanal cocina.
Me viene a la memoria la noticia de antiguas  matanzas sistemáticas de infantes que contaron en el pasado –¿cómo hoy?— con la aquiescencia de la religión y el buenismo envenenado del Estado. ¿Recuerdan la bíblica matanza de los inocentes? ¿Y el sacrificio de infantes al dios Moloch de los cananeos? ¿Y aquel rey de la tribu de Judá, Manasés, célebre no solo por extralimitarse en el sacrificio de niños a mayor gloria de “El señor de las moscas” (Baal Zebub), sino por figurar –¡pásmense!— a la entrada de uno de los símbolos más arraigados del catolicismo en Occidente: la basílica de El Escorial?
Casi nada es lo que parece en este mundo cuajado a base de mentiras de toda índole y naturaleza. Empezando por los conceptos del bien y el mal y terminando por…

Quizá aún no sea tarde y la cordura nos haga regresar al camino recto que la sociedad no debió abandonar hace ya demasiados siglos.
Rece el creyente, abomine el ateo, “mójese” el agnóstico y, todos a una, apoyemos a ese grupo de esforzados humanos para que no cedan ante el acoso de las envestidas de las hordas globalistas: “El gobierno declara incompetente a Castilla y León en materia antiaborto y amenaza con llevarla al Constitucional”.
Repárese que se trata de un acto de humanidad y no de una coacción: el derecho que tiene una madre a escuchar el latido de un hijo en el interior de su vientre antes de ofrendarlo, completamente ajena a las verdaderas intenciones, en el altar de la más cruel ignorancia.

¿Quién dijo que fuera fácil vencer a los gigantes?

 

Nota:

Las opiniones no son necesariamente de MM y si de los autores

 

 

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