• 1 julio 2022

¿Nos gobiernan los políticos que elegimos o existe un poder invisible por encima de los Estados?

Magdalena del Amo

La respuesta es tajante: existe un Poder cuasi absoluto por encima de los Estados. Es un secreto a voces que se camufla en la nebulosa del rumor y la leyenda urbana. Grandes mandatarios de la historia han visto y quizá sufrido este poder oculto que gobierna el mundo y no han tenido inconveniente en reconocerlo públicamente. Así lo expresó en el siglo XIX el político y primer ministro británico Benjamin Disraeli: “El mundo está gobernado por personajes muy diferentes a los que creen los que no ven más allá de sus ojos”. En la misma línea se sitúa Winston Churchill al asegurar que “aquel que no vea que en la Tierra se está llevando a cabo una gran empresa, un importante plan, en cuya realización nos es permitido colaborar como siervos fieles, tiene que estar ciego”.

Estas élites se agrupan en círculos cerrados y think tanks de los que el gran público desconoce no solo sus maniobras, sino incluso su existencia. La Trilateral, el Club de Roma, el CFR o el Tavistok –por citar solo algunas de estas organizaciones semidesconocidas—, trabajan en la sombra y no suelen ser noticia en los medios de comunicación. Estos grupos multidisciplinares están constituidos por figuras relevantes de la economía y la política internacional, pero también cuentan en sus filas con psiquiatras, psicólogos, sociólogos, neurólogos, expertos en demoscopia y control mental, personas desconocidas para los ciudadanos, a las que nunca han votado y, sin embargo, todos, en su conjunto, forman parte del gran entramado que rige los destinos del mundo. Los servicios de inteligencia también juegan un importante papel. La dinámica es la misma a la largo de la historia, aunque en las últimas décadas se han visto favorecidos con los avances de la tecnología y las investigaciones en neurociencia y el conocimiento del cerebro en general. No hay que olvidar que lo que pretenden es tener al rebaño controlado a cualquier precio. Ellos han diseñado el comunismo, el socialismo, el fascismo, el sionismo, el capitalismo consumista y, más modernamente, el ecologismo y las ideologías de los últimos años, como la de género o la disparatada del cambio climático. En general, ideas tendentes a la polarización de la sociedad. Pero sus ideas no habrían podido implementarse de no contar con sus expertos en manipulación de masas, el control de los medios de comunicación y el poder financiero. A este respecto, Carrol Quigley, en su libro Tragedy and Hope, dice: “La red de conspiración que mueve los hilos del mundo está formada por banqueros y capitalistas internacionales; es decir, el mundo de las finanzas. Reúnen a su alrededor un ejército de científicos, tecnócratas, políticos y agentes marionetas para hacer desde las sombras su alta política”.

Estas sociedades, tras su pantalla de seriedad, esconden peligrosos parentescos con el mundo del hampa en sus diversas expresiones. Este es el lado menos conocido y también el más sórdido. No vamos a profundizar en ello, porque se aleja de la idea esencial que queremos transmitir.

Los medios de comunicación hablan de política y de políticos, pero no lo hacen sobre los dueños del guiñol. En cuestiones de enjundia, los políticos no hacen sino seguir consignas impuestas. Hay que reconocer que la mayoría lo hace sin demasiado sacrificio; han sido cuidadosamente elegidos para cumplir una misión encomendada de antemano. Recordemos, como ejemplo, la visita secreta de George Soros a Pedro Sánchez nada más llegar a la Moncloa o aquella reunión de Felipe González con miembros de la Trilateral, donde le cambiaron su discurso sobre el marxismo y la “no entrada” en la OTAN. ¡Qué tiempos de adolescencia política! También Rajoy se encontró con este poder oculto, que fue lo que le impidió sustanciar su programa de campaña. Pero los analistas no hablan de esto; son víctimas de la disonancia cognitiva que padece el resto de la sociedad. Debe ser desolador para un político de buena fe –la mayoría lo son—descubrir la gran mentira del mundo. Lo es para cualquiera. Por eso, cuando se descubre, ya nada vuelve a ser igual.

A las élites les da igual el comunismo que el fascismo. Solo les importan sus objetivos de dominio. Queda mucho que aprender hasta integrar la frase del viejo Rotschild: “… dadme el dominio del dinero y ya no importará quién mande. […] No importa a quién vote el pueblo, siempre nos votará a nosotros”. En efecto, el gobierno invisible no es ciencia ficción; es más real que los gobiernos electos. Leer esto causa desazón porque parece condenarnos irremediablemente a un futuro incierto. Pero no es así. Hay un antídoto, que es la información, la gran arma para esta lucha. Por eso no permiten que los ciudadanos tengan acceso al conocimiento. No quieren sociedades formadas y despiertas porque eso derrocaría sus planes. Por eso entretienen a los ciudadanos con mil distracciones y los tienen trabajando de sol a sol para pagar los productos que la sociedad de consumo fabrica y les “obliga” a comprar.

Es cierto que, en los últimos años, la prensa más abierta se atreve a hablar –aunque tímidamente— del Nuevo Orden Mundial, y se cita al Club Bilderberg cuando celebra sus reuniones anuales y a los políticos convocados; y también lo es que se está analizando de manera más adulta y haciendo lecturas más críticas sobre el Foro de Davos y sus pretensiones, su inefable Klaus Martin Schwab y la Agenda 2030. Sin embargo, aún les falta recorrido para llegar a la médula y atisbar el intrincado tejido de organizaciones interpuestas.

Los personajes de las élites del presente son los herederos de los ideólogos de este plan destructor que se está haciendo realidad. Vamos a activar la memoria e intentar dar unas pinceladas sobre este proyecto de dominio y control de la humanidad y algunos de sus protagonistas más insignes.

¿Cómo empiezan estos grupos y su propósito de dominar el mundo?

En la actualidad, se habla de Bill Gates, de George Soros o de Klaus M. Schwab y se continúa citando a los clásicos e incombustibles Kissinger, Rockefeller y Rotschild, que tanto daño han hecho y siguen haciendo a la humanidad. Desandar lo andado y llegar al origen de estos grupos ideologizados, que derivarían en lo que hoy constituyen la Agenda 2030, no es nada fácil, por la dificultad de sintetizar un corpus de información de miles de páginas, pero vamos a dar algunos datos.

Para encontrar las raíces de la gran telaraña que tiene a la sociedad aprisionada, tenemos que retrotraernos más de doscientos años atrás, en concreto, al 1776. En esta fecha, Adam Weishaupt fundó en Alemania una sociedad masónica denominada La liga de los hombres, que se convertiría en la cúpula de los Iluminados, cuya ideología y modus operandi iba a servir de base a las estructuras que vendrían después, todas de corte luciferino/satánico, es decir, “destructoras de la obra de Dios”, incluido el hombre. Así se establece en sus actas. Ese mismo año tiene lugar la independencia de Estados Unidos y la creación del Estado americano. Curiosamente, la mayoría de los firmantes de la Declaración eran masones declarados, entre ellos, Washington, Jefferson y Franklin.

La Primera Guerra Mundial sirvió para que los Iluminados arrasaran el imperio de los zares y hacer de Rusia una especie de fortaleza del comunismo ateo; lo mismo que la Revolución Francesa había erradicado la monarquía, de la mano del poder masónico.

En 1921 se crea el Consejo de relaciones exteriores (CFR, por sus siglas en inglés). Pero es después de la Segunda Guerra Mundial cuando se actualizan y aceleran los planes para el mundo futuro, siempre de manera críptica y ocultando al pueblo el verdadero fin del proyecto. A este se le proporcionará el pan y circo adecuados a los tiempos y se controlarán los poderes fácticos y las instituciones: ciencia, educación, religión, justicia, prensa, y cualquier ámbito relacionado con el ser humano y su evolución como ser mental y espiritual. Se crea la ONU, con su Carta de Derechos Humanos y sus organismos internacionales, de los cuales la OMS se convertiría en portavoz de las élites para controlar el mundo a través de la salud. Asimismo, se crea la Comisión Trilateral, El Club de Roma, el Instituto Tavistock, y el Club Bilderberg, entre otros, que tienen como matriz sociedades secretas –logias—, como la B’Nai B’Rit o Hijos de la Alianza, el Consejo de los 33, el Gran consejo de los 13 o El tribunal. Todos masones o de ideología cercana a la masonería.

A propósito de la Trilateral y del CFR, las declaraciones de un exmiembro de inteligencia en la reserva, en los años sesenta [nombre omitido], no deja lugar a dudas: “…un puñado de personas de la Trilateral y el CFR toman las decisiones. […] Es un poderoso club privado que domina todos los gobiernos del mundo. Quieras o no, hay que hacer lo que ellos dicen. Aparentemente, luchan contra el comunismo, pero al mismo tiempo lo financian”. Así es, en efecto. Los conceptos izquierdos y derechos utilizados en política son solo armas de control, con el fin de crear disensión, enfrentamiento y caos; que la humanidad continúe en el bucle de las guerras que ellos diseñan y programan. No hay guerra o revolución fortuita. Como bien expresó en su día Franklin Delano Roosevelt: “… en política, nada es casual. Si algo sucede, estad seguros de que se planeó así”.

Todos los grandes movimientos han sido cuidadosamente planificados: desde las guerras de la independencia de las colonias, la revolución francesa o la revolución rusa. Lenin se había dado cuenta de ello, a juzgar por sus palabras: “Detrás de la Revolución de octubre hay personajes mucho más influyentes que los pensadores y los ejecutores del marxismo”. No sabemos si el histórico bolchevique llegó a descubrir que Carlos Marx había escrito sus obras por encargo del banquero Nathan Rotschild.

Esto no quiere decir que todo les haya salido bien a lo largo del tiempo, ni que lo que tienen previsto para la humanidad del futuro vayan a poder concretarlo. Como hemos expresado, el ser humano es mucho más poderoso de lo que cree, y lleva en sí mismo una parte divina que no ha sido capaz de desarrollar. Quizá por estar demasiado dormidos o entretenido mirando hacia el exterior y no al interior, que es donde radica “la wifi” que nos conecta con la Divinidad. Por eso, siempre digo que hay que mantener viva la esperanza y poner en valor nuestro gran poder.

Estas organizaciones utilizan en su favor el lado más siniestro del ocultismo, la brujería y la magia, siendo la numerología y el simbolismo activos importantes en sus manifestaciones. (Como muestra, recomendamos el visionado de la ceremonia de apertura de los juegos olímpicos de Londres, la inauguración del túnel de San Gotardo y el funeral masónico de Madrid por las víctimas de la covid). Cuando se aprende a profundizar en la intrahistoria de los hechos, cambia la perspectiva y también el grado de compromiso.

Zbigniew Brzezinsky, presidente de la Trilateral y Consejero de Seguridad Nacional del gobierno de Jimmy Carter, sabía muy bien que el destino de la sociedad era el sometimiento a un gobierno mundial único. Hace casi medio siglo hablaba de la Era Tecnocrática y del control social de los ciudadanos a través de la tecnología, como si lo estuviese viendo en una bola de cristal. En realidad, lo estaban programando. La revista Encounter se hace eco de las palabras de Brzezinski de la mano del escritor Des Griffit: “La Era Tecnocrática está dando lugar a una sociedad cada vez más controlada. Esa sociedad será dominada por una élite formada por personas libres de valores tradicionales […] que no dudará en realizar sus objetivos mediante técnicas depuradas con las que influirá en el comportamiento del pueblo y controlará y vigilará con todo detalle a la sociedad […] llegará a ser posible ejercer una vigilancia casi permanente sobre cada uno de los ciudadanos del mundo”. ¡Estas palabras tienen cincuenta años! Y, sin embargo, está describiendo la situación actual, prueba de que el guion se está siguiendo rigurosamente. Lo programaron como hacía Bill Gates hace un tiempo hablándonos de virus, pandemias, chips y vacunas de puntos cuánticos.

Pero las élites han dado un paso más en cuanto a la utilización de la tecnología. Ahora no solo se trata de manipular a la humanidad, sino de cambiar su esencia humana introduciéndole tecnología en sus cuerpos para crear zombis transhumanos, dirigidos y estimulados por la inteligencia artificial, a través de códigos MAC, nanopartículas y chips regulados desde el exterior, con implantación de falsas memorias, borrado de historias vividas, cambios de ánimo a voluntad e incluso una fecha de caducidad. Para crear esta “nueva humanidad” es imprescindible la red 5G. Por eso no permiten que se publique la documentación científica alternativa sobre su nocividad para la salud y el futuro del planeta, dado que afectaría a la frecuencia Schumann. Recordemos las palabras del presidente de Chile, Sebastián Piñera, hace unos meses, en la presentación de la licitación de la 5G, acompañado del ministro de Transportes, Comunicaciones y Ciencia: “… es la posibilidad de que las máquinas puedan leer nuestro pensamiento, e incluso puedan insertar pensamientos, insertar sentimientos. Algunos dicen que la mejor forma de predecir el futuro es inventándolo. Bueno…eso es a lo que todos aspiramos. 5G es un tremendo salto adelante, es un salto cósmico, copernicano, porque realmente lo que va a significar la tecnología 5G es un cambio aún mayor en nuestras vidas que lo que han significado todas las tecnologías anteriores en esta materia: la posibilidad de que las máquinas puedan leer nuestros pensamientos e incluso puedan insertar pensamientosinsertar sentimientos. Y eso nos va a cambiar la vida y va a transformarse la 5G en el verdadero sistema nervioso de nuestra sociedad…”.

El primer ministro Boris Johnson se expresa en términos similares, regocijándose en la gran red que nos transformará en colmena, sin individualidad, con un alma grupal que ni siquiera obedecerá a instintos naturales, sino a caprichos diseñados en el exterior. Pero nadie habla de ello.

El banquero asociado a los Rotschild, J. Warburg, decía en el Senado de Estados Unidos, en 1950: “Nos guste o no, tendremos un gobierno mundial único. La cuestión es si se logrará mediante consentimiento o a la fuerza”.
No fue necesaria la fuerza física. La conquista se produjo a nivel mental. Salvador Freixedo repetía con cierta frecuencia: “Han conquistado nuestras mentes. La humanidad está posesa”. Y a propósito del delirio de las nuevas tecnologías, que irrumpieron de pronto y avasallando, decía que la sociedad no estaba lo suficientemente evolucionada para bregar con este tipo de artilugios. “Las “pantallitas” son juguetes envenenados”, decía.

La sociedad ha ido integrando las diferentes modas y tendencias, sin apenas oposición. Hay que decir que todo este entramado de corporaciones interconectadas han trabajado sobre la idea del “humanitarismo”, que ellos definen como una sociedad sin Dios, sin Cristo, sin religión y sin familia. Para ello, de la mano de filósofos y gente de la cultura han acuñado frases como “Dios ha muerto”, “la religión es el opio del pueblo” o “la ética no existe”, hasta degenerar en la agonía y muerte de Montesquieu. Total, una sociedad sin alma, desprovista de los valores que nos ennoblecen. A cambio, tenemos matrimonios rotos, familias desestructuradas que viven en la dinámica de parejas sucesivas, homosexualismo, lesbianismo y movimiento “queer”, leyes de género contranatura, cambio de sexo incluso a edades tempranas, eutanasia, eugenesia y aborto a petición. Esto también está contemplado en los Protocolos de los sabios de Sion, a los que no se les daba credibilidad en el siglo pasado, arguyendo que nadie podía tener una mente tan perversa para crear un tipo de sociedad así.

Esta es la sociedad del bienestar que nos han impuesto, por indolentes, por dormidos, por dejarnos llevar por corrientes modernistas. En definitiva, por falta de fe en Dios y en nosotros. El mayor de los problemas de estas corporaciones satánicas ha sido siempre la naturaleza divina de Jesús de Nazaret. Fue el gran escollo de los gnósticos de los primeros siglos, que sentaron las bases de la masonería. Por eso nos han conquistado los satánicos; por eso la sociedad va a la deriva: cada vez más infeliz, en la que la depresión, los ansiolíticos y el suicidio son la nota dominante. ¿Queríamos esto realmente?

No quiero terminar sin dar una pincela sobre el conflicto de Ucrania. Es cierto que dentro de la lucha por implementar el Nuevo Orden Mundial, Putin es una pieza que se resiste, pero Rusia sigue en el tablero, igual que antaño, en los tiempos de Lenin. Venimos diciendo desde hace tiempo que las élites no lo tienen todo controlado. Novelando la situación y dejando volar la imaginación como si de un guion se tratase, podríamos imaginar que a Europa le interesase “eso” que ni me atrevo decir. Posiblemente, se espera que al mandatario ruso se le vaya la mano en lo nuclear, o el dedo, para ser más concretos. Con ello, no solo quedaría mermada la popularidad de Putin, sino que los efectos radiactivos de la agresión bélica podrían enmascarar las muertes derivadas de las vacunas y también los efectos de la irradiación causada por la red 5G. No habría demasiado que explicar. No olvidemos que ese es nuestro gran problema. ¡Ojalá que esto sea solo un argumento de novela, y los hermanos rusos puedan arreglar su conflicto! Pero esto no quiere decir que tengamos que caer rendidos ante Putin. Su vida no es nada ejemplar. Es sabido que los jovencitos fichados por la KGB no son precisamente ángeles, sino personas con perfiles psicopáticos dispuestos a todo. ¡Ojo con la traducción de los vídeos “santificantes” de Putin! Los subtítulos nada tienen que ver con lo verbalizado.

Solo me queda decir que quienes mueven los hilos se están carcajeando con este juego macabro. Es un nuevo sacrificio a los entes maléficos a los a que sirven. Nuestro dolor es su alimento. Patrias y guerras han sido siempre sus mayores estrategias. Y aquí no puedo dejar de citar nuevamente a Salvador Freixedo, más vivo que nunca a través de su legado: más de media vida denunciando a las entidades oscuras, que reclaman sufrimiento, sacrificios y sangre. La gran batalla se libra en otros planos. Se trata de una guerra espiritual de la que la humanidad es su espejo, a la vez que rehén. Hasta que no caigamos en la cuenta de esto y no transformemos el odio en amor y la ambición en generosidad, no podremos liberarnos. Serán solo parches.

Psicóloga, periodista, escritora

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