Nos advertía Rene Guenon que el solsticio de verano, el San Juan Bautista cristiano, simbólicamente iniciaba un cambio paradójico, un declinar de lo existente. En el pórtico de la gloria de Compostela mirando hacia el Sur se observan los pilares de la bóveda que se asemeja a la trayectoria solar se pueden
apreciar los dos Juanes. San Juan Evangelista en el pilar más hacia el Este, en el que están representados también Pedro, Pablo que nos indica a donde debemos mirar y el propio Santiago. Y San Juan Bautista con el carnero solar, el antiguo símbolo solar de reminiscencias egipcias, representativo del Fuego envuelto en su piel de cordero, agnus. Ambos Juanes simbolizan los dos solsticios, las columnas que representan las puertas celestes donde el sol, trasunto del Logos, camina. Los dos Juanes resultan adaptaciones cristianas de Jano, el dios solar bifronte, señor del umbral o dios de la puerta que separa el recinto sagrado del profano. De las dos caras y de los comienzos. En su ascensión aparente desde el solsticio de invierno (San Juan Evangelista) hasta el de verano (San Juan Bautista) el sol atraviesa a lo largo de la eclíptica cruzando el ecuador celeste. San Juan Bautista, asimilación cristiana del solsticio de verano en el hemisferio Norte, al ser un máximo, su entorno es menor y la trayectoria solar a partir de ella es declinante. En palabras de San Juan como anunciante de Cristo: “Él (Cristo) conviene que crezca y yo que disminuya”.
Jung también hace referencias a este asunto: si uno honra a Dios, al Sol o al fuego, honra también su propia fuerza vital, la libido”. Que es símbolo de sus criaturas, plantas, animales y también de muchos héroes sagrados. Así, por ejemplo, don Quijote, héroe solar cuya ejemplar actividad desfacedora de entuertos declina después de la noche de San Juan, al ser vencido en una playa de Barcelona. Aunque hace heroica proclamación de fe un su Dama, el Alma, justo en el momento en que el sol está en lo más alto, y en el lugar más oriental de sus aventuras. Una declaración de la preponderancia del Espíritu frente a las contingencias de la Materia expresada en un Tiempo y en un Espacio sagrados.
También de Hércules, patrono mitológico de la ciudad de La Coruña, que lucha contra Gerión, el símbolo del espíritu maligno que queda enterrado bajo la Torre pues se opone a la Luz, manifiesta en su faro. En la ciudad se considera prólogo de los calores del verano, no muy largo habitualmente, una etapa de plenitud: También es tradición inveterada asar sardinas, una suculenta y delicada criatura solar cuyo esplendor nutritivo es parejo al auge del sol, y que en la antigua iconografía cristiana simboliza al propio Jesús. O encender hogueras en la playa, con ritos como saltarlas o quemar alguna prenda u objeto como víctima de sustitución o símbolo de lo malo que se quiere erradicar.
Pero hay otras preciosas costumbres populares relacionadas con la noche de San Juan como recoger plantas para hacer un ramito de amor y salud, remedo del lapis herbal de los alquimistas. Una de las plantas emblemáticas de la botánica paracélsica es la artemisa (artemisa vulgaris) o hierba de San Juan, que cogida ese día vuelve fértiles a los campos. Planta defensiva contra las malas influencias forma parte de muchos ritos mágicos solsticiales en toda Europa. También se hacen perfumes. De la Énula campana (Ínula helenium) dice el grimorio «Los secretos del pequeño Alberto«: «en la noche de San Juan, al dar las doce, cógese la hierba llamada énula campana, hágase secar y reducir a polvo, añadíendose una pequeña cantidad de ámbar gris. Métase todo en una bolsita verde y llévese encima del corazón durante nueve días. Pónganse luego estos polvos en contacto con la piel de la persona que se ama (sin que ella lo advierta), y se despertará en ella un amor irresistible hacia quien la ha preparado«.
Dentro de la gran tradición española cada pueblo tiene su hierba de San Juan preferida: corazoncillo, artemisa, helecho macho, genciana, grosella, algarrobo, no me olvides, menta sarracena, abrótano, yedra terrestre, milenrama….En Cedeira la famosa herba namoradeira, hierba de enamorar o armeria marítima.
En la comedia cervantina Pedro de Urdemalas, ahora disfrutamos de la tragedia Pedro de Urdepeores, se hace referencia otra tradición popular: las mozas casaderas se ponían a la ventana en la noche de San Juan con el cabello suelto y un pie descalzo dentro de un barreño lleno de agua, y están atentas a escuchar el primer nombre que dijesen en la calle, suponiendo que así debería llamarse el que fuera su marido.
Don Antonio Machado nos explicaba que:












