La Asambleas Mundial de la Salud se reunió a finales de mayo del año 2024 y por ella supimos qué iba a pasar con el Tratado de Pandemias y con el Reglamento Sanitario Internacional. Lo cuenta bien el economista, filósofo y escritor Emilio Carrillo, quien tiene, a mi juicio, una de las cabezas más equilibradas de la disidencia española a la hora de analizar lo sucedido y lo que puede que suceda en el futuro con nuestra salud, la física, mental y la espiritual. Según Carrillo, y esto lo dicen casi todos en la resistencia española, en el caso de una situación pandémica se van a trasladar todas las competencias de los gobiernos y países a la OMS, con lo que Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, pasa a ser algo así como el Papa de la salud en situaciones de pandemia, porque las pandemias han dejado de existir y solo se plantean situaciones que presenten la amenaza de convertirse en pandemia. “No hace falta que haya un virus dando vueltas – señala Carrillo -, sino que haya una amenaza de que haya un virus”. No hay más que ver lo sucedido con el hantavirus para darnos cuenta de lo que ha sucedido.
Ahora, en situaciones consideradas “pandémicas”, todas las competencias de todos los países las maneja el director de la OMS, quien además decide cuándo se da una situación «pandémica» o una emergencia de alcance internacional que pueda derivar en pandemia, climática, por ejemplo, o medio ambiental, o la del virus del mono, que ya el 23 de julio de 2022 había sido declarada por la OMS emergencia de salud pública de interés internacional (PHEIC), dándose por finalizada en mayo de 2023. Una situación que volvería a repetirse en el verano de 2024, cuando la enfermedad se propagaba rápidamente en varios países fuera de las regiones endémicas de África central y occidental.
Puede que vivamos los futuros diez años más desconcertantes de nuestra larga historia. Máxime si se crea un sistema de gobernanza mundial que permita hacer en otros campos lo que se ha logrado en el territorio de la salud. El objetivo es que para el año 2030 todos los países lleguen con idéntico ritmo y resultados. El Nuevo Orden Mundial está a la vuelta de la esquina. No hay quien lo pare.
Ni siquiera el turbio pasado del etíope Tedros Adhanom, recibido por Pedro Sánchez en la Moncloa para hacerse unas inmortales fotos. En Wikipedia se habla de algunos de sus éxitos y premios recibidos en materia de sanidad, y se recuerda que durante su mandato como ministro de Salud etíope “su gobierno llevó a cabo abusos contra la población civil violando los derechos humanos como por ejemplo desapariciones de cientos de personas, torturas en dependencias policiales y asesinatos extrajudiciales”. Hay quien asegura que fue el empresario Bill Gates quien apoyó al etíope para dirigir la OMS en 2017, pero en Wikipedia se lo adjudican a la Unión Africana y a su partido en Etiopía, el Frente de Liberación Popular de Tigray, FLTP. “Tedros Adhanom es un genocida, también, ha matado a la gente de su propio país. ¿Por qué lo meten entonces en la OMS?”, pregunta en voz alta en las redes Brigitte Burchartz, presidenta de la asociación cívica Units per la Vertitat.
La alemana KlaTV asegura que en 1991 Tedros Adhanom ya formaba parte del partido político etíope del TPLF, grupo que gobernaría su país hasta 2018. “En Amnistía Internacional y Human Rights Watch, del 2005 al 2016 documentan atrocidades inimaginables cometidas por el gobierno en el que participaba Adhanom”, entre otras, violaciones de niños y mujeres y ejecuciones públicas cometidas por las tropas gubernamentales. El etíope Adhanom Ghebreyesus fue ministro de Sanidad del 2005 al 2012, y hasta 2016 fue ministro de Exteriores. KlaTV denuncia también que durante su mandato, Adhanom Ghevreyesus intervino desafortunadamente en diversos episodios del cólera, pero apenas revela nada de cómo dio el salto a la dirección de la OMS. Kia TV informa que fue gracias al apoyo de Bill Clinton, Bill Gates y Klaus Schwap, éste cabeza del Foro Económico Mundial, pero no aporta dato alguno para aclararlo. El caso es que hasta la pandemia del año 2020 el cargo de director de la OMS era uno más, el de un funcionario internacional gris y sin brillo, aunque ya administraba un importante capital en la OMS.
Si es verdad todo lo que se dice de él, tiene razón la activista social alemana Brigitte Burchartz cuando se pregunta ¿qué hace Tedros Adhanom en la OMS? Debería estar en la cárcel. Y si es mentira, ¿cómo permite Adhanom que se difundan tales acusaciones sobre él? ¿Cómo es que no las desmiente? ¿Y los medios? ¿A ninguno le interesa el pasado y el presente de este hombre, ya una figura mundial? ¿No les preocupa que él y quienes le han puesto ahí, manejen nuestra salud? Así debe ser, porque como se ha visto estos últimos años pocos han tratado de averiguar quién es y a quién sirve Tedros Adhanom, ni cuál fue su grado de influencia y participación en el gobierno etíope con el TPLF. El director general de la OMS ha trabajado y trabaja a la sombra de la Big Pharma y de sus accionistas de referencia, pero dado el volumen de dinero que se ha movido durante la pandemia, y el que se prevé va a moverse con las siguientes, su figura, su cargo, irá cobrando importancia.
¿A los medios de manipulación de masas no les interesa hacer saber a su público que la sanidad de su país se va a manejar desde una empresa llamada OMS SA, Organización Mundial de la Salud Sociedad Anónima? Como es habitual, solo en las redes se han visto titulares al respecto. ¿Por qué será? Quizás si averiguamos cuánto dinero invierten las compañías farmacéuticas en publicidad en esos medios descubramos los motivos del silencio.
OK Diario comparó las medidas tomadas por el presidente Sánchez, que acogió dentro de lo que llamaría Plan de Acción por la Democracia o Ley Mordaza, con las de la Ley de Prensa de 1938 del dictador Francisco Franco, destacando que ambos apostaban por crear un registro de publicaciones, de accionistas y de periodistas, registro que sigue en el aire.
La Ley franquista, que estuvo presente hasta que entró en vigor la Ley de Prensa de Manuel Fraga Iribarne en 1966, juzgaba y calificaba la información a través de la Jefatura del Servicio Nacional de Prensa, y el Plan de Sánchez propone indemnizaciones. Ambos plantean habilitar espacios en los medios para que el gobierno de turno pueda publicar su versión de la información.
Las farmacéuticas, además de a los medios de manipulación, pagan a miles de respetables doctores y a numerosas organizaciones médicas en cada país.
Estamos en mayo, día 23 del año 2023. Visitamos el Parlamento Europeo. Tiene lugar la Tercera Cumbre Internacional sobre el COVID. En el estrado, un tipo calvo, con gafas y pajarita, el doctor David E. Martin, habla y no bien de la OMS. El médico no se corta un pelo y acusa a la organización de actuar como un cártel criminal desde su fundación en 1947. “No tuvimos una pandemia, fue un genocidio”, añade, sin que le tiemble la voz. “La OMS fue una entidad de crimen organizado creada para darse, primero, inmunidad absoluta y luego para ejecutar sus planes asegurándose de controlar quién vive, quién muere y quién tiene alguna oportunidad en la vida”. Martin tampoco se inmuta al acusar a la OMS de cometer delitos fiscales, extorsión y lavado de dinero y, después, de asesinato y terrorismo global. En realidad, prosigue el médico, “no había crisis sanitaria, lo que no había eran fondos”.
Este descarado doctor, que ha sido siempre perseguido por sus estrambóticas declaraciones, cuenta ahora en el Parlamento europeo que el 24 de marzo de 2016 se publica una carta que dice: “el virus similar al SARS del Instituto de Virología de Wuhan está listo para surgir en humanos”. Y esto se publica, según su documentación, 3 años antes de lo acontecido en Wuhan. ¿Algún medio de manipulación revisó su documentación? ¿No?. ¿Por qué?
El 18 de septiembre de 2019 la OMS advirtió, siguiendo el patrón de lo declarado por Martin, que iba a llevar a cabo una experiencia mundial, una pandemia de rápida propagación debido a un patógeno respiratorio letal. El doctor Martin añade que la OMS tiene la intención de matar para crear miedo, lo que lleva a la gente a aceptar algo que sin coacción no hubiera aceptado.
Para finalizar su alocución, David E. Martin añade que en el año 2022 se invirtieron en este proceso 100.000 millones de dólares para Pfizer y que Moderna recibió un pago de regalías de 400 millones como primer pago. Y que tales pagos parecían no tener fin. En fin, decir que David Martin pide como colofón no solo limitar el poder de la OMS, pide también destruirla.
A Martin se le acusa de desconocer la materia de la que habla, sobre todo cuando él mismo asegura que estamos ante un arma biológica. Él se defiende recordando que entre finales de los 90 y principios de 2000 fue enviado por su gobierno por todo el mundo para examinar la proliferación de armas biológicas y químicas. “Estoy familiarizado con lo que es un agente de guerra biológica·”















